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En las redes sociales se acumulan contactos que suelen ser personas que no hemos visto en nuestra vida, o que apenas conocemos. Y la pregunta es: ¿las nuevas formas de comunicación sirven para sentirnos acompañados o son una fuente de aislamiento? ¿Nos comunicamos o nos incomunicamos?
Han cambiado las formas de relacionarse y cabe la sospecha de que “ninguna de las conexiones tecnológicas es lo suficientemente profunda como para romper nuestra soledad”, como afirmó el famoso filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman.

¿Retroceso en la proximidad personal?
Los pesimistas dicen que hemos perdido el arte de las relaciones sociales y de hacer amistad. Los grupos de amigos, de la ‘frater’, de la comparsa o de las comunidades de vecinos “no te aceptan porque sí”, mientras que ser miembro de un grupo en Facebook es facilísimo. Se puede tener más de 500 contactos sin moverse de casa, se le da un clic y ya.

Como diría Bauman, se puede  añadir amigos y se puede borrarlos, porque estamos a un botón de controlar a las personas con las que nos relacionamos. Para el sociólogo, “la gente se siente un poco mejor con las redes sociales porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero las habilidades sociales solo se las desarrolla cuando se está en la calle, o en el centro de trabajo, y uno se encuentra con gente con la que tiene que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo”.

Así lo advierte igualmente el sociólogo Renzo Abruzzese, que afirma que la proximidad social es un acto afectivo que solo se cristaliza a través de códigos reales. “Cuando estos códigos son virtuales, todo intento de proximidad es ilusorio, fantasioso, irreal”.

Ventajas de las relaciones virtuales
La sicóloga Paula Benedict reconoce los aspectos positivos de las relaciones virtuales que se hacen con fines de organización y coordinación de trabajo, de familia o de amistad. “En ese aspecto son una herramienta valiosa”, destaca, pero también hace notar que ha visto en su consulta los aspectos negativos de las relaciones virtuales, que se pueden prestar para alentar los celos, el chisme, el acoso o la manipulación.

No es lo mismo

Ustedes dirán que tienen amigos en las redes sociales que sí conocen, que los ven regularmente y con quienes intercambian puntos de vista de diferentes asuntos que les interesa. Pero aquí Bauman hace notar algo importante: “El diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo ‘zonas de confort’”. 

En otras palabras, interactuamos solo con aquellos que se parecen a nosotros, que piensan como nosotros y que dicen lo que nos gusta. Y si se salen de ese marco, los eliminamos.
Benedict acota que hay personas que adoran convertir su vida en una especie de espectáculo virtual y se trastornan con el hambre de aprobación al estar pendientes de los ‘likes’ o de los comentarios sobre sus pequeñas hazañas cotidianas. “En esa medida pueden descuidar las verdaderas relaciones de afecto y proximidad con las personas significativas de su vida”, y recomienda que es mejor lograr un equilibrio en el que lo real ocupe un ochenta por ciento de las experiencias directas y destinar un porcentaje menor a la virtualidad.

Juventud y habilidades sociales

¿La generación actual tiene más o menos habilidades sociales? Para Abruzzese, las habilidades sociales de los jóvenes se han multiplicado de una forma exponencial. “Su contacto con personalidades tan diversas, buenas y malas, la cantidad de información que les llega y de la que participan los obliga a desarrollar un conjunto de habilidades muy superior a cualquier generación anterior, pero esas
habilidades son diferentes, se estructuran de forma virtual y tecnológica”.

Por su parte, Benedict hace una  diferencia entre habilidades sociales y habilidades virtuales. “Las primeras se aprenden en casa, en el colegio y con las personas del entorno, la experiencia con las personas activa las capacidades de diálogo, de escucha y de empatía, así como la pericia para expresarse oralmente en una conversación donde nos vemos demandados de responder de forma instantánea e inteligente para poder cultivar las relaciones interpersonales”.

Y advierte que el exceso en el uso de la virtualidad implica una reducción de las competencias lingüísticas en la medida en que se sustituye con imágenes, emoticones y abreviaturas. “Ello impacta en las habilidades sociales ya que el peligro es ir perdiendo paulatinamente la riqueza lingüística y el deseo de comunicar en persona los deseos, preocupaciones, ideas, etc”.

Conexiones y soledad
Abruzzese considera que la tecnología puede actuar como un mecanismo que facilita la proximidad de las personas, pero en la mayoría de los casos colapsa frente a la imposibilidad de concretarse. “Me es muy difícil trasladarme hasta otro continente a efectos de conocer en carne y hueso a un amigo virtual”. 
Entonces, hay un espejismo que nos puede engañar, pues, en palabras de Benedict, interactuar por redes sociales puede ayudar a mejorar un estado de soledad, pero si no se concretan relaciones reales y no se trabaja para tener encuentros con personas, el estado de soledad va a permanecer. 

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