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Hace treinta y cinco años, la vida de Noel Kempff Mercado (1924-1986) fue sesgada por la metralla asesina del narcotráfico junto a sus acompañantes en la meseta de Caparuch, durante un viaje exploratorio. Apenas tenía 62 años. 

Como diría Oscar Barbery Justiniano, nos abandonaba aquel eterno enamorado de la selva, el filósofo de la fauna y de la flora, el embellecedor de las mañanas cruceñas, el que pintó nuestras calles de luces y acuarelas, el que alfombró de gramadales nuestras avenidas donde todavía bailan graciosas las palmeras y los tajibos en flor, que nos recuerdan la efigie de este gran hombre.

En jardines y alamedas, en el Jardín Botánico (1965) o en el zoológico de Santa Cruz de la Sierra (1979), que son obras de su creación, nos dejó su silueta aguda y escudriñadora de nuestra naturaleza feraz. Fue el soldado llanero y silencioso que nos enseñó a proteger y defender a nuestras aves y flora. Fue el que mostró a propios y extraños las cosas bellas que nos identifican como gente de estas vastas llanuras.

El derrumbamiento de su cuerpo inmolado en las serranías de Caparuch (actual parque Noel Kempff Mercado, provincia Velasco) paralizó en la distancia las grúas y topadoras que abren caminos, y que, a nombre de la civilización, iban y vienen depredando bosques y destruyendo aquellas riquezas naturales elaboradas durante millones de años, que constituyen nuestro patrimonio vital y son pieza innata de la identidad cruceña.

Ante tan infausta noticia la reacción del pueblo no se hizo esperar. Todavía recordamos emocionados la Marcha Cívica del silencio, agigantada por miles de personas, que llegó hasta el atrio de la Catedral, así como la Declaración de Santa Cruz, firmada por miles de ciudadanos. Ellas fueron reacciones elocuentes de repudio y de desprecio contra aquella lacra que carcomía las entrañas de una sociedad, ensimismada en el dinero fácil y el derroche consumista. 

Fue un “estate quieto” para que los políticos y muchas instituciones se sacudan de ese estiércol generado por una ‘nueva clase’. Don Noel primero, y después el diputado Edmundo Salazar Terceros, fueron víctimas de esa bazofia de la modernidad, que hoy de nuevo muchos aplauden, mientras que otros, aprovechando de un poder político corrupto y fulero, la encubren.

Así como este pueblo tiene próceres que lucharon por la independencia de la patria y existen mártires por nuestro justo desarrollo o la autonomía, todos ellos asesinados por el atropello del centralismo obcecado y racista, de igual forma Noel es un paradigma viviente que mantendrá siempre enhiesto a Santa Cruz, como una comunidad tolerante, no cobarde, pero a su vez digno y orgulloso de su genuina historia.

Al recordar un año más de aquel holocausto este 5 de septiembre, hagamos de este día, un instante de reflexión para preguntarnos lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser. Acompañemos con acciones firmes (y no simplemente con mensajes por WhatsApp) para apoyar a los indígenas del Oriente y a todas aquellas víctimas inocentes de la droga que deambulan por las calles. 

Igualmente, asumamos el firme compromiso de preservar nuestros recursos ambientales. Seamos firmes frente a la depredación inmisericorde de huestes extrañas que arrebatan la tierra de nuestros pueblos nativos originarios. Todo aquello, será el mejor homenaje póstumo a don Noel Kempff Mercado, un mártir cruceño de talla universal.

Opinión

Un trauma nacional
Andrés Soliz Rada
Huanchaca más que un crimen es un trauma nacional, el que solo puede ser curado con la catarsis de la verdad.

Más que un caso de narcotráfico es la respuesta de la sociedad civil a los fabricantes y traficantes de droga.

Huanchaca sacude la conciencia de país porque exhibe el antagonismo entre el científico, venerado y admirado, junto al parlamentario incorruptible, con la lacra de sus asesinos. Desde Huanchaca, gracias a Dios, tener fortuna, a cualquier precio, ya no es signo de respetabilidad.

A partir de Huanchaca, la gente honesta entiende, con mucha más fuerza que antes, la necesidad de señalar, con dedo acusador, a los narcomillonarios que pretendían comprar respetabilidad con dineros mal habidos.

Huanchaca es una encrucijada, ante la que se abren dos caminos: la convivencia con la impunidad y el crimen o la urgencia de impulsar una revolución moral, a fin de construir mejor destino para nuestros hijos.

Huanchaca es símbolo del sometimiento de Bolivia al poder externo, en cuyo territorio no es posible mover ni un helicóptero sin pedir permiso a un general norteamericano, a quien, como ocurrió horas después del triple asesinato, no se podía interrumpir porque estaba jugando golf en Panamá.

El crimen de Noel Kempff Mercado y sus acompañantes está asociado a la DEA así como a la embajada de la cual depende, en cuyo caso estos organismos foráneos mienten sobre la supuesta inexistencia de una batería para un avión Araba, sobre el desconocimiento de las coordenadas de la serranía de Caparuch, sobre la existencia de supuestos arbustos en la pista del lugar y hasta sobre el régimen de lluvias en época seca.

Pero Huanchaca es también la esperanza en un pueblo para vivir, a partir de ahora, con soberanía y dignidad.

Huanchaca es, asimismo, ejemplo, vergonzoso de una corrupción institucional que no se origina en este gobierno ni en el anterior. Se trata de una corrupción acumulada durante décadas, la que se expandió hasta ganar impunidad y espacios de poder cada vez mayores.

(Fragmento de un artículo publicado en 1992).

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