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Vannia Miranda Pinaya (39) hizo historia el sábado 15 de febrero al convertirse en la primera mujer en dirigir a más de 5.000 músicos en el tradicional Festival de Bandas Folclóricas de Oruro. 

En un género en el que siempre han predominado los hombres, la música orureña abrió una ventana para que en el futuro otras mujeres tengan un papel protagónico en este tipo de agrupaciones. Vannia, que es madre de una joven de 16 años y ha vivido toda su vida en Oruro, es una artista polifacética y siempre dispuesta a asumir nuevos retos. Extra conversó con ella para conocer qué cosas la motivan y la animan a romper esquemas.




Folclore. Con las integrantes del grupo Bolivia. Con ellas estuvo en el Festival de Viña del Mar.

 _¿Cómo vivió la experiencia de dirigir a 5.000 músicos en el Festival de Bandas folclóricas?
Fue un cúmulo de sensaciones. En un principio fue de alegría y sorpresa, pero no me imaginaba que lo que iba a venir iba a ser de mucha importancia y responsabilidad. 

En el interín de todos los ensayos hasta el último día ha sido el descubrir y afinar muchos detalles que fui aprendiendo y que hoy valoro porque fueron importantes para llegar al día de la presentación. Una vez está encaminada la obra uno solo tiene que disfrutar.

_¿Cómo fue su niñez y su acercamiento a la música?
He tenido una niñez diferente. En el sentido de que mis papás son separados. Soy hija única y viví con mi mamá, que tenía que trabajar todo el día. 

Por las mañanas iba al colegio y por las tardes o me quedaba solita o tenía que hacer algo en la casa. Mi madre vio que tenía dotes musicales y sabiamente me inscribió en el Instituto Superior de Música María Luisa Luzio, donde todos los días pasaba clases de piano. 

A los nueve años ya participaba en concursos de piano en Oruro, en el ‘Mario Estenssoro’ que se hacía en Santa Cruz y en ‘Abril en Tarija’, donde obtuve el primer lugar a los 14 años. El piano ha sido importante en mi vida. Incluso en Totora, donde se realiza el Festival Nacional de Piano “Hernán Rivera Unzueta”, tengo en la galería de maestros una piedra grabada con mi nombre.

En la Universidad también formé parte del Coro Polifónico de la Universidad Técnica de Oruro. Pese a que siempre fui una apasionada por la música, estudié una carrera técnica porque me decían que de la música no se podía vivir, que nunca tendría éxito, pero fui contra la corriente y decidí seguir en la música.

_¿En qué momento se dio cuenta de que la música era para usted más importante que cualquier otra actividad?
Creo que desde que inicié mis estudios en el instituto Luzio para mí fue importante, porque te exigían estudiar 9 años. A los 20 años ya era profesional en música. Obviamente me di cuenta que pesaba más en mi vida, cuando preferí ir a un concierto en La Paz que asistir a mi colación de grado.

_¿Quiénes fueron esenciales en su formación musical?
Tuve la suerte de contar con una maestra como Patricia Aguirre Cuevas que me ayudó a templar el carácter musical. 

Ella fue una de las mejores pianistas de Oruro y de Bolivia y con ella viajaba a los certámenes nacionales de piano más importantes. Ella era una persona que parecía fría, pero era muy cariñosa al enseñarme. 

También fue fundamental para mi formación el maestro Víctor Modesto Chambi Guzmán, director del Coro Polifónico Universitario, con quien aprendí el canto lírico y que ha sido vital en esa primera etapa para entender lo que se llama, la música estudiada. Ya en la parte folclórica aprendí mucho de la directora del grupo Bolivia, María Teresa Vela, que es una de las primeras mujeres que pulsó los aerófonos en el país.

_¿Cuáles fueron los consejos que más recuerda de ellos?
Patricia Aguirre Cuevas me decía: “Puedes interpretar una música cuando estés enojada, triste o feliz, pero te tiene que salir igualita siempre. Tu puedes estar en cualquier estado emocional, pero al público le tienes que dar lo que se merece”.

De Víctor Chambi aprendí que existe también una responsabilidad con la música que se ejecuta y de María Teresa lo de buscar la excelencia en cada una de las cosas que uno haga.




En la banda. Vannia toca la flauta traversa en la banda de Carnaval San José de Oruro

_¿Cómo es que pasa de la música clásica al folclore?

El pianista es como el tenista que juega solo. Se cree autosuficiente y que lo sabe todo. Si te va bien, para ti son las glorias y si te va mal, para ti son las desgracias o las críticas. 

Yo tenía ese carácter, pero un día me dijeron que me presente para Ñusta del Festival Lauro de la Canción Boliviana, donde curiosamente dos de los jurados eran del grupo Llajtaymanta (Ramiro Flores y Orlando Andia), que ahora son grandes amigos míos.

Fui y me aplazaron, porque cantaba cueca de manera lírica, algo que, para el folclore, no se necesita. Para mí fue un golpe duro. Me di cuenta que mi formación clásica era un poco cerrada, porque tenía pura teoría y para interpretar cueca tenía que tener ese ñeque que tiene la música boliviana.

Entonces me puse a investigar e ingresé a dos grupos folclóricos y posteriormente fui integrante del grupo femenino Bolivia con el que fuimos en 2008 al Festival de Viña del Mar. Me costó muchos años hasta poder interpretar una cueca y que me digan que la cantaba bien.

En esa parte me ayudaron los Llajtaymanta. Actualmente con uno de ellos tenemos un programa que se llama de Mi tierra tv Internacional donde difundimos música boliviana.

_¿Cómo surgió lo de convertirse en música de banda folclórica?
Fue en 2008 que decidí entrar a las filas de la banda Continental 100 X100 y luego pasé a la banda San José. 

Fue mi afán de escarbar otros rumbos. Te ayuda a pisar tierra y aprender, porque los músicos de banda no me conocían, no sabían quién era, pese a que ya había estado en Viña del Mar. Así que fue como empezar de nuevo. Incluso me hacían bromas con comentarios entre ellos como el de “A ver cállense creo que toca…” (risas). 

Entonces tuve que cautivarlos con mi musicalidad, porque en la mayoría de las bandas las chicas se dedican a tocar platillos, que es lo más fácil, pero en mi caso toco la flauta traversa y en los bronces se necesita más de musicalidad. Entre los músicos de banda soy una más de ellos.

No necesito estar sobresaliendo como en el día del festival. Esas luces lindas que te da la vida para brillar para mí han sido muy importantes.




Momento. Ensayando en la dirección de las bandas de Carnaval.

_¿Cómo cree que se logra un mayor empoderamiento femenino?
Creo que una mujer empoderada no tiene que ser siempre o famosa o exitosa. Una mujer empoderada también puede estar en su casa cuidando a sus hijos siendo mamá. El estar arriba de un escenario no te dice si estás o no empoderada lo que te dice es que las personas te respetan como tal y tú también los respetas a ellos. Cada uno se hace respetar en su oficio haciendo algo que sea útil en el lugar en el que te desenvuelves.

_¿Qué le cuesta más a la mujer boliviana para surgir?
Hacer las cosas con seguridad y también tener consciencia del poder de las palabras. Es difícil, pero creo que uno lo consigue con un equilibrio emocional, aprendiendo a lidiar con las dificultades.

En mi caso, por ejemplo, el que te acepten como uno más de la banda. No ser enemiga de otras mujeres por el solo hecho de ser del mismo sexo y no hacer caso a las críticas maliciosas.

_¿Cuáles son sus próximos retos?
Realizar un concierto de piano que tengo pendiente para satisfacer a mi mamá y sacar el tercer disco con la Sociedad Coral Infantil de Oruro que ayudé a fundar y con la que trato de transmitir mis conocimientos a los niños. También me gustaría ser Ministra de Culturas (risas) para darle el valor que se merece al artista boliviano.

Coral Infantil. Una de sus pasiones es enseñar a los niños

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