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Silvana Vincenti

Viajar con lo mínimo para descubrir lo máximo. Es la frase de bienvenida al portal (wathejourney.com) de Wálter Astrada, un fotoperiodista argentino que vive como quiere.

Ganó casi una veintena de premios, uno de los más importantes, el World Press Photo Awards (por tres años, en 2007, 2009 y 2010).

Por su trabajo ha estado en los lugares de los que muchos quisieran huir, fotografiando conflictos, incluso siendo corresponsal de guerra (Bayeux-Calvados Award for War Correspondents en 2009), aunque el título no le cae muy bien porque le suena pedante.

Durante los últimos 19 años vivió y trabajó en muchos países como fotógrafo para agencias de noticias, cubriendo conflictos o realizando reportajes documentales a largo plazo sobre temas sociales.

Por dos años y un mes fue empleado de redacciones, estuvo en La Nación, en su país, y en La Razón, en Bolivia. Después pasó a agencias como Associated Press y AFP.

Ahora está en España, pero estuvo en Santa Cruz de la Sierra, dictando un taller para la Universidad Evangélica Boliviana. Su compañera de dos ruedas, una Royal Enfield, se encuentra en La Paz, esperándolo para seguir nuevo rumbo, por ahora no tan claro.

En un mes Wálter regresará a Bolivia, el país que antes lo acogió, cuando tenía 24 años y hacía sus pininos mochileros. Aquella vez entró por Guayaramerín y se quedó cinco meses. El registro de sus estadías está en su sitio web.

Hoy es un alma libre. Desde hace cinco años viaja en moto con lo mínimo de equipaje: 40 kilos de enseres lo acompañaron por los casi 40 países que ha visitado mientras está en ‘modo mochilero’. Junto con su experiencia como fotógrafo de prensa, en total recorrió aproximadamente siete decenas de naciones.

Dejó de usar su cámara para trabajos en prensa, actualmente lo seduce la cotidianidad de la vida, que vende menos que la noticia, pero lo hace más feliz. Sostiene esta aventura dictando talleres en los lugares que visita, aprovechando que se ganó un nombre en el oficio de fotorreportajes, vendiendo sus imágenes y recibiendo aportes a través de su sitio web.

“Ahora quiero continuar viendo el mundo, pero en un sentido más literal. Decidí cargar en una moto las mínimas cosas necesarias y partir con la idea de dar la vuelta al mundo. Tener la posibilidad de detenerme o seguir, guiado por mi curiosidad, sin horarios y sin tiempo establecido, que la meta del viaje sea el viaje en sí mismo, más que un lugar al que llegar. Dándome tiempo para comprender lo que observo en primera persona”, dice.





India. Mujeres víctimas de la trata y tráfico. 

Los medios y la ética

Wálter tiene una percepción muy peculiar e innegociable del periodismo, de la ética y los medios de comunicación.

Ama su independencia por encima de todo. “Yo hice lo contrario que la mayoría de los fotógrafos, que trabajan de free lance y luego tratan de quedarse en puestos fijos. Empecé de fijo y descubrí que la única forma de ser independiente era siendo realmente independiente. La independencia tiene un costo y ese costo es que ingresas mucho menos dinero. No hay dinero que pague la tranquilidad ni la posibilidad de elegir los proyectos. Para mí la independencia es parte de la ética porque puedo criticar a quien sea. No cambiaría nada de lo hecho hasta hoy”, asegura.

Sobre los medios de información, Astrada cree que el problema es que si una persona trabaja para alguien, siempre trabajará para la ideología que está detrás de esa empresa y su dueño.

“En muchas notas quizás no te dirán lo que debes hacer, pero en otras habrá casi una autocensura porque sabes para quién trabajas. El tema grave que veo es que a veces los fotógrafos y los periodistas se hacen los tontos en cuanto a para quién trabajan, su discurso es uno, pero su trabajo y su medio de comunicación dicen otra cosa. Se quejan de un presidente o de quien sea al que su propio medio apoya, y ahí hay falta de coherencia. Y en determinados momentos entra eso de ‘tendría que renunciar’. En la medida de lo posible, hay que tratar de ser lo más coherente posible”, reflexiona.

En cuanto a la ética, relata algunas omisiones que ve en el oficio de prensa, una de ellas es la de fotografiar a la gente vulnerable sin el mismo respeto que a los grandes empresarios. Asimismo, considera que siempre que se trabaje en un medio aparecerá el conflicto de intereses, “llegará un momento en el que te dirán algo así como ‘usted puede opinar lo que quiera, siempre y cuando opine lo que yo le dejo opinar’. Para mí periodismo es que si yo tengo un medio de comunicación y me encuentran haciendo un negocio turbio, eso aparezca en mi propio diario. Eso sería completamente ético, pero no sucede nunca”.

Esa ética es uno de los fuertes ejes que imparte en sus talleres. “Creo que muchas veces no se enseñan cosas como el criterio propio o cómo hacer un proyecto que sea justo, en el sentido de cómo saber sacar y ver la información”, arguye.




Congo. Sin violencia visual es capaz de mostrar duras escenas.



Silenciosa sensibilidad

Astrada ha visto caer colegas a su lado, ha estado en medio de las balas, pero siempre salió ileso. A pesar de lo que le tocó ver de todo, dice que duerme bien, y eso no significa que su sensibilidad no hubiera sido tocada.

“No es que las cosas no me afectan, creo que hice lo mejor que podía en ese momento y ya está. Soy muy sensible, es imposible hacer las otras fotos si no lo soy. Nunca me verás llorando frente a una chica que ha sido violada, pero no sabes si lloro por dentro y tampoco lo verás. Tu trabajo es ver la foto que te muestro y ya, no ir más allá, no te importa si yo he llorado o he gritado, eso queda para mí. No es que crea que eso me hace débil, sino por respeto al dolor del otro, a mí no me ha pasado nada, y si me pongo a llorar en cierta forma estoy poniendo en un nivel inferior el sufrimiento de la otra persona”, opina.

Astrada cree que en las situaciones más complicadas lo que puede hacer es tener la mejor foto posible, “la única forma de lograr eso es siendo sensible. Que fotografíes cosas duras no significa que seas duro. Fotografiar de determinada forma muestra que realmente te afecta lo que ves, caso contrario solo serían fotos técnicas. Si lloras por afuera te mojas las mejillas, si lloras por dentro te mojas el corazón, que se conecta con el cerebro y el ojo hace que veas algo que transmite lo que estás sintiendo. Pero si lloras por afuera, nunca vas a mojar el corazón”, comparte su forma de ver lo que hace.



Conflicto. La imagen tomada en Madagascar le valió un premio World Press
Photo Awards, de los más importantes del mundo en fotoperiodismo

Los derechos humanos

“¿Por qué no?”, responde con una pregunta cuando se le consulta por qué buena parte de su trabajo está dedicado a los derechos humanos.

Al Astrada que ha visto tantas cosas en su periplo como fotoperiodista y como mochilero -buenas y malas- le gusta que todos los seres humanos sean bien tratados. “En mi caso, creo que debo fotografiar las cosas que no me gustaba ver, parece un contrasentido, pero no lo es; si las visibilizas, tal vez en algún momento cambien y entonces voy a dejar de verlas. Es complicado porque tampoco dejarán de existir porque las fotografío, claro que lo sé, pero al menos quedará un registro de que todo eso existió. Es como cuando vemos fotos de los campos de concentración nazis y decimos ‘¿cómo pasó eso?’. Si ahora mismo está pasando en Europa con los migrantes, aunque sin las cámaras de gas. No hemos aprendido nada”, cuestiona.

Ha sido corresponsal de guerra, pero evita ese título, “en cierta forma muchas veces se utiliza para darse status. Soy fotoperiodista, aunque actualmente sería más un fotógrafo, pero debo reconocer que igual que antes voy contando lo que veo y lo documento. Ser corresponsal de guerra es un poco pedante, eso de ‘estuve en una guerra’, como si se tratara de una raza periodística superior a otra”, argumenta.

Sabe que en su momento los premios le dieron palestra, pero prefiere llamarles reconocimientos a su labor, el otro término -premio- le suena a ‘lotería’. Lo entrevistaron muchas veces, sobre todo medios de España, donde residía, y de Argentina, donde nació. “Entonces evitaba hablar del premio, prefería abordar el tema de la foto. El premio da altavoz a un tema que no se había visto”, dice.

Las balas y los golpes de los conflictos no le tocaron un cabello, aunque las imágenes le hubieran golpeado la retina.

Lo único que ha lastimado su cuerpo ha sido la aventura en la moto. En su historial viajero cuenta tres accidentes, el más grave en Bolivia, donde se golpeó con una piedra por esquivar uno de los tantos perros que pululan por las rutas del país.

Sus conocimientos en mecánica de aviación, oficio que ejerció por tres años, le dan autoridad en el tema, sobre todo le ayudan a ahorrar dinero cuando tiene problemas con su Royal Enfield. Puede desarmar el motor y ayudar en el armado, así consigue rebajas y evita que se la ‘charlen’.

“Viajo porque el mundo es muy grande y vale la pena verlo”, dice convencido, no le importa que se mezclen las luces y las sombras. Aunque ahora prefiere enfocar su lente y ojos en las luces.



Indonesia.  Buena parte de su trabajo, disponible en su portal, está en blanco y negro.

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