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Por: Adhemar Manjón

María José Salazar Oroza tenía 2 años cuando mataron a su padre, el diputado Edmundo Salazar Terceros, el 9 de noviembre de 1986; tenía 9 años cuando su madre, María Elena Oroza, falleció en un confuso accidente de tránsito el 4 de abril de 1994; y tenía 16 años cuando en un acto de conmemoración de la muerte de su progenitor, declaró a la prensa que quienes lo asesinaron eran unos infelices.

Actualmente Salazar Oroza es diputada nacional por la agrupación Comunidad Ciudadana. Tiene dos hermanos quienes, al igual que ella, recuerdan muy poco sobre Edmundo, pero sí tiene en su mente a María Elena, la lucha incansable que llevó adelante para dar con quienes acabaron con Salazar Terceros, quien, como presidente de la comisión de la Cámara de Diputados que investigaba el caso Huanchaca, estaba a punto de dar revelaciones importantes sobre el mismo. Tenía 33 años. Fue abatido a quemarropa dentro de su vehículo al llegar a su domicilio. Apenas dos meses después del triple crimen ocurrido en la meseta de Huanchaca.

La diputada cruceña recuerda haber visto llorar varias noches a su madre, que sufría constantes ataques de ansiedad. Recuerda también cuando una importante autoridad cruceña anunció la captura de los supuestos asesinos de su padre, declarando que lo que motivó el hecho fue un ‘ajuste de cuentas’ personal, en un intento por quitar relación entre la muerte del parlamentario y el narcotráfico. Una versión que después cayó por sí sola. Nunca más encontraron sospechosos materiales del crimen. Pero siempre estuvo flotando el nombre del principal sospechoso intelectual: Fernando Barthelemy. “Era algo que se sabía vox populi de que tanto ADN como MNR encubrieron el caso Huanchaca, no solo en esa época, sino mucho años después”, dice Salazar Oroza. “Barthelemy hizo que se dilate el operativo de rescate en Huanchaca”, acota la diputada.

Salazar Oroza menciona que entre los archivos de su padre encontró un comunicado de mayo de 1985, firmado por ‘La oficialidad joven de la Patria’, y dirigido a los ‘camaradas de las Fuerzas Armadas’, en el que se involucra a gente en altos mandos del MNR. La parlamentaria también sabe lo que se dice sobre el informe del caso Huanchaca: que fue negociado entre Barthelemy con otras altas esferas de poder político.

Un nuevo golpe a la familia

La muerte de María Elena Oroza en 1994 fue un hecho que nuevamente conmocionó a la sociedad boliviana. “Mi mamá iba a viajar esos días a La Paz a presentar varios documentos con información sobre el caso de mi padre. Cuando la atropellan ella tenía en su poder un folder amarillo. Nunca se supo qué había en ese folder, porque desapareció en el accidente”, indica Salazar Oroza.

En el accidente, la viuda de Salazar caminaba por una acera cuando un minibús y un vehículo particular chocaron, provocando que uno de los motorizados se desvíe e impacte contra el cuerpo de la mujer, a pesar de que la acera llevaba protectores viales. Tenía 37 años. Una entrevista que concedió para el diario El Día, publicada el 5 de abril de 1995, finaliza de la siguiente manera: “[Maria Elena] nos comentó que en La Paz la cosa está que arde y varios diputados le pidieron que se cuidara, ya que, existe mucha gente interesada en que Huanchaca se sepulte para siempre y mucho más el esclarecimiento de [quienes asesinaron] a Edmundo Salazar”.

La parlamentaria cruceña dice que hasta hace unos años el caso del asesinato de su padre estaba sepultado para ella, pero hace un tiempo empezó a escarbar en los papeles de sus padres y quisiera averiguar más. Le gustaría conocer a fondo todo ese oscuro entramado que se armó después de los asesinatos en aquel parque nacional, no tanto para reabrir el caso, porque ella sabe lo difícil que es luchar contra el sistema político y judicial boliviano, pero sí para encontrar la verdad.

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