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Mientras las bombas de napalm caían en Vietnam, medio millón de personas clamaba por paz en Woodstock, el festival roquero que durante tres días, en agosto de 1969, en una granja de Bethel en Nueva York, trató de aplacar la guerra con música.

Ingenuos o no, porque la violencia siguió hasta 1975, creían que el mundo podía cambiar. Germinó la contracultura hippie, la que no comía carne, naturalizaba el desnudo, pregonaba la paz y el amor como formas de vida, se apropiaba del arte y de la ecología.

Hasta ahora, nadie ha podido organizar un evento musical de esa talla espiritual, en aquella época manchado por algunos excesos, como el consumo de drogas. Pero queda como registro un documental, Woodstock: tres días de paz y música, que ganó un Óscar.

Durante el festival hubo sexo y estupefacientes, destacando el consumo de LSD y marihuana, con las melodías roqueras de fondo. La cita, para la que al principio se cobraba $us 18 para entrar, terminó siendo gratuita por el descontrol y los intentos de cavar zanjas de los ‘paracaidistas’, que hacían todos los esfuerzos de entrar sin pagar.

Ocurrieron tres muertes, por sobredosis, apéndice y accidente con una máquina vial.

Se intentó retomar el festival en cinco ocasiones.

En el décimo aniversario, en el Madison Square Garden de Nueva York; uno espontáneo en 1989 en Bethel; el del 25 aniversario (1994), bajo el lema Dos días más de paz, amor y música, que acabó con cuatro muertos por ahogamiento; el de 1999, que terminó en caos.

El último intento, con el eslogan Woodstock sigue vivo, el desafío de celebrar las bodas de oro fracasó por la falta de confianza de los inversores, los cambios de emplazamientos y la huida de sus principales estrellas. Michael Lang, el creador y principal responsable, no ha logrado ver la hazaña repetida. “Pensó que por el romanticismo de ser el creador del Woodstock original y de ser un hombre que conocía toda la música estadounidense y el negocio, podía montar otro Woodstock solamente con chasquear los dedos, pero se encontró con una profesionalización y autoridades que no se iban a embarcar en esa locura”, opinó el crítico musical español Fernando Navarro.

The Who, Richie Havens, Jimi Hendrix, John Benson Sebastian, Tim Hardin, Santana (cuando no había sacado ni un solo disco), Mountain, etc. actuaron en 32 actos, algunos con una veintena de temas, pero hubo los que rechazaron la invitación para sumarse al show, entre ellos Los Beatles, Led Zepellin, The Doors, The Byrds, Bob Dylan y varios otros.

La huella

No fue el primer macrofestival porque antes hubo otros, pero según Fernando Navarro, canalizaba todo lo que era la primavera del amor y las frustraciones de la década de los 60. Según él, Woodstock tenía una naturaleza reivindicativa, “se trataba de una movilización para protestar contra la Guerra de Vietnam.

Fue una época de convulsa a nivel de cruzadas sociales en occidente, para los derechos civiles en la población negra, las mujeres, los indígenas y las minorías en Estados Unidos, pero también los derechos de los adolescentes y jóvenes, por un reconocimiento dentro del marco cultural. Por todo eso se batalló en los años 60, desde cero. Por eso ahora tenemos muchas más conquistas de derechos sociales.

Hay que recordar que esa década también es la de Mayo del 68, del existencialismo, etc. Eso hizo que Woodstock fuera especial e irrepetible”, dijo. Sin embargo, considera que las nuevas generaciones pueden tener su propio Woodstock, “a lo mejor con menos resonancia mediática, pero eso no resta importancia a nivel de experiencia vital para los mismos adolescentes”, agregó.

Bolivia

Los tres lluviosos días, con concurrencia de melenas, amuletos, faldas de colores, símbolos de la paz y bandera con arcoiris no sonaron ni tronaron en Bolivia. Al menos no de forma simultánea.

El efecto Woodstock en el país fue bastante tardío. Es más, ni siquiera existía una cultura roquera intensa cuando se desarrolló el festival en agosto de 1969, en la granja de 240 hectáreas en Nueva York.

El radialista Jorge Gil recuerda esa época. Él condujo el segundo programa roquero en la frecuencia cruceña, se llamaba Rock Subterráneo y se emitía por la radio Willy Bendeck en 1972. Antes que él, en el año 71, la radio Oriental tenía Crema Batida, el primer programa de ese género.

La peor parte se la llevó la iniciativa pionera. “Causó revuelo en la sociedad cruceña de entonces, las ‘beatas’ lanzaban insultos; pese a la oposición de la Iglesia, que pidió la suspensión del programa, y siendo los propietarios fieles católicos, Crema Batida siguió en el aire por un buen tiempo”, recuerda Hugo Salvatierra en su libro La rebeldía de la radio en Santa Cruz.

“A mí no tanto, pero recibimos amenazas. Teníamos problemas con las viejitas que tenían el concepto de que los roqueros eran ‘drogos’”, dice Gil, quien además recuerda que lo que llegó más rápido como herencia de Woodstock fue la moda hippie, mas no la filosofía.

“Nadie le dio importancia, ni nos enteramos, solo era un festival de rock y en Santa Cruz el rock no tenía fuerza, los roqueros éramos muy escasos.

La Paz siempre fue una ciudad más desarrollada en cuanto a ese género, aquí siempre se apegaron más a los ritmos románticos y tropicales, a lo beat (rock comercial), que era la música de Los Iracundos, de los Gatos, a lo que nos llegaba de España, principalmente de Brasil a través de Roberto Carlos y de otros intérpretes, eso era lo que sonaba y se bailaba en La Pascana”, rememora.

Gil dice que existían esfuerzos roqueros en 1969, pero eran poco conocidos. “Estaban los Black Shark en Santa Cruz, de los hermanos Viveros; Clímax, Donkeys y Black Birds, de La Paz”.

El radialista recuerda que se supo con más conciencia sobre lo que era Woodstock cuando a Santa Cruz llegó la película en 1972. “Acá hubo dos posiciones, la institucional, que vio la decadencia de los desnudos en público y de las drogas, decían ‘eso es ser hippie, no lo vamos a permitir’. Pero también estaba la minoría, que valoraba la filosofía que acompañaba a Woodstock, de paz, música y amor”.

Para él, la filosofía hippie no iba a ‘agarrar’ mucho porque era una utopía, “ir al campo, no contaminar nada, comer todo vegetal, etc., eso no funcionó nunca ni iba a funcionar, pero dentro de esa ingenuidad había una cosa muy interesante, la gente quería paz, amor y libertad, que no había. La década de los 60 fue una época de matanza, John Kennedy, Luther King; y en Bolivia hubo la guerrilla, fue una época muy convulsionada y eso alimentó esa filosofía hippie”, valora Gil.

Fotos Principales

1. Jimi Hendrix. El momento cúspide fue cuando interpretó el himno de EEUU 2. Masivo público. La juventud de la época llegó en avalancha al festival 3. La música no se agotaba. Hubo 32 presentaciones, una de ellas fue la de John Benson Sebastian.

 

Woodstock manifestó un profundo rechazo por la guerra de Vietnam
9. Libertad era una de las consignas de Woodstock

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