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Por: Adhemar Manjón

Estamos pasando por un tiempo bastante complicado, todo el mundo se ha visto afectado con un virus que llegó para trastocar todas nuestras creencias, y en situaciones así lo importante es saber controlar nuestros pensamientos, cuidar nuestro cuerpo. Reflexionar y meditar. 

El yoga es una disciplina milenaria que tiene como uno de sus tantos objetivos mantenernos sanos a través de la alineación del cuerpo y la mente, y el enaltecimiento de nuestro espíritu.

La palabra española “yoga” proviene del sánscrito yoga, que a su vez procede del verbo sánscrito yuj-: colocar el yugo [a dos bueyes, para unirlos], concentrar la mente, absorberse en meditación, recordar, unir, conectar, otorgar, etc. El verbo yuj- es un término de la misma raíz indoeuropea de los términos castellanos “yugo” y “conyugal”.





Un espacio para el alma. Gabriela Fuenzalida menciona
que lo más importante a la hora de iniciar el yoga es tener la
disciplina requerida para no abandora las clases


En el siglo XXI el yoga se convirtió en una disciplina tan popular que la Organización de las Naciones Unidas dispuso en 2014 que el 21 de Junio de cada año se celebre el Día Internacional del Yoga; además, el año pasado, cuando se inició la pandemia y los encierros y el distanciamiento social eran la única receta para combatir el Covid-19, recomendó la práctica del yoga para combatir el malestar físico y mental que provoca esta situación.

En Santa Cruz desde hace años hay personas que lo practican, lo enseñan y que han descubierto a través de su práctica la paz y la armonía que necesitaban. Es el caso de Silenia Bernal, que después de ser una profesional de experiencia en el marketing y la publicidad (llegó a gerenciar una empresa de cosméticos), hace siete años descubrió los beneficios del yoga, del que apenas había escuchado hablar hasta entonces, y su curiosidad por esta “ciencia”, como ella la define, fue tanta que viajó a Hawai para aprenderla mejor y después a la India, donde se tituló de profesora. Ahora se siente feliz de poder enseñarla a personas de Bolivia y del mundo a través de sus clases virtuales.





“En la India el yoga tiene un estilo más espiritual. Ellos recalcan mucho de que el yoga no es tanto físico, sino que es mental. Utilizamos nuestro cuerpo para poder llegar a los estados mentales más altos, utilizamos nuestro cuerpo y nuestra respiración para llegar a controlar nuestro pensamiento y nuestras emociones”, explica Bernal, que ahora está alejada de las oficinas y se dedica plenamente al yoga.

Ampliar la visión

Sussane Hansen empezó con el yoga hace 24 años, primero con el hatha yoga (tipo de yoga con posturas corporales que aportan a los músculos firmeza y elasticidad), luego con el kundalini yoga (práctica que busca activar siete centros energéticos repartidos por la espina dorsal). Hansen dio clases durante siete años.

“Inicié con el yoga al mismo tiempo de que empecé a estudiar e implementar el Ayurveda (ciencia india de longevidad) en mi vida. Fue un cambio muy importante que me permitió ampliar la visión de mi cuerpo y experimentarlo como un medio fundamental de expresión de mi ser (en vez de un objeto sometido a estándares externos de belleza)”, comenta Hansen, que agrega que estos 24 años de práctica le han enseñado a sentir, escuchar y respetar cada vez más las señales de su cuerpo.

“Y comprender a mi cuerpo como medio de comunicación que me indica cómo estoy, que a la vez apunta a conflictos internos que necesito procesar. Además de físico, el yoga es un medio maravilloso de toma de conciencia como persona a nivel mental, emocional y de sensibilización espiritual”, recalca Hansen.

La disciplina hace al maestro

Gabriela Fuenzalida empezó hace 18 años con el yoga, ella ingresó a este mundo a través de clases de meditación. “Empecé a hacer retiros de meditación, a veces eran 10 días de retiro en los que nos pasábamos horas meditando. Y como pasábamos tantas horas en una posición, existía la necesidad de mover los músculos, y nos dijeron que la única forma de hacerlo sin interferir eso eran posiciones de yoga”, indica Fuenzalida.

Desde entonces Fuenzalida atravesó por un camino de aprendizaje con diferentes maestros, entre los que menciona a Victor Hugo Mostajo y a Raúl Antezana, y cuando por fin estuvo lista para enseñar también lo disfrutó.

“Como ser humano yo tengo un hambre de evolución espiritual y siento que el yoga ha sido una de las partes superimportantes de mi vida, el yoga me hizo cambiar 180 grados y estoy buscando la mejor versión que mi alma tiene para mí”, menciona Fuenzalida.

Antes de la pandemia las clases de yoga virtuales no estaban en los planes, pero Fuenzalida lo vio como un reto para su carrera de instructora, y si bien hay algunas diferencias, sobre todo en enseñar o revisar correctamente las posturas de sus alumnos, está satisfecha con los resultados. 

“Pero pienso que el contacto humano es primordial”, agrega Fuenzalida y espera que las clases presenciales se intensifiquen pronto. “Una de las cosas que tuve que aprender con las clases fue perder el miedo a la cámara”, bromea la instructora.

“Se me abrió un mundo de posibilidades con el yoga virtual, puedo llegar a más gente, y también me permitió estar más con mi hija en mi casa”, indica Fuenzalida, que también cuenta que si bien hubo mucho más personas que se acercaron por primera vez al yoga durante la pandemia, una mayoría de ellas la abandonó al primer o segundo mes, porque lo que más cuesta es disciplinarse en la práctica. “Como estaban en sus casas había más posibilidades de desconectarse, de olvidarse que tenían clases”.

“Me encanta dar clases presenciales. Di clases por zoom, pero no me gustó tanto. Será por la costumbre. Siento que no me permitía ver realmente los movimientos de las personas y también sentí que disminuía la participación de las personas”, explica Hansen. En su caso, ella ofreció clases de yoga hasta diciembre del año pasado, pero piensa retomar este trabajo pronto.



En cambio Silenia Bernal había empezado a dar clases virtuales tres meses antes de que empezara la pandemia. Actualmente tiene alrededor de 50 alumnos online, cinco de ellos, fuera de Bolivia. Volvió de a poco a dar clases presenciales, que las ofrece a cinco alumnos. En total Bernal da 30 clases a la semana.

Sussane Hansen cree que cada vez hay más personas en Santa Cruz que buscan el yoga para encontrar paz en medio de la turbulencia y la incertidumbre, lo cual se ha reforzado con la pandemia. “Antes creo que era más reducido a un pequeño grupo de personas, y ahora se ha masificado mucho más en el medio”, explica Hansen, para quién el yoga es una práctica tan habitual como cepillarse los dientes.

Beneficios

“El yoga beneficia a todos los grupos de la sociedad. Practicar yoga en el embarazo es particularmente maravilloso. Yo practiqué Hatha yoga en mi primer embarazo y en el segundo practiqué Kundalini Yoga, y me ayudaba a conectarme con el amor y estar en mí”, comenta Hansen.

De la misma manera recuerda Fuenzalida, ella practicó yoga hasta días antes de dar a luz. Ella menciona que cada cuerpo es diferente, y que todos deberían darse la oportunidad de probar sus beneficios. Y es así como se pueden vencer las incomodidades surgidas en este último tiempo, con disciplina y con un poco de horas a la semana dedicadas a fortalecer la mente y el cuerpo.

Yoga para todos

La ONU lo aconsejó al inicio de la pandemia
Como consecuencia de las medidas de distanciamiento social adoptadas por los países para luchar contra la pandemia de Covid-19, muchos estudios de yoga y espacios comunitarios han tenido que cerrar sus puertas, por lo que los aficionados al yoga han tenido que recurrir a la práctica casera y a cursos de yoga en línea. El yoga es una herramienta muy útil para lidiar con el estrés de la incertidumbre y el aislamiento, así como para mantener el bienestar físico.

Las Naciones Unidas ofrecen recursos de yoga a su personal y a todo el que esté interesado en la sección de Bienestar del portal de Coronavirus. La Organización Mundial de la Salud recomienda el yoga como un medio para mejorar la salud en su Plan de Acción Mundial sobre Actividad Física 2018-2030: más personas activas para un mundo más sano.

Hábito. Para Sussane Hansen la práctica del yoga es tan habitual como cepillarse los dientes. Pronto volverá a dar clases de nuevo


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