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La pasión por el fútbol se hereda. La frase pega bien a la experiencia que vive Carlos Blanco, presidente del club Destroyers, quien desde principio de año asumió el reto de conducir al representativo cuchuqui. Nació en cuna destroyana. Su padre, Lorgio Blanco, marcó un hito en el club en los años ochenta. Su hermano mayor, Robert, le antecedió en la presidencia del cuadro que se fundó en el barrio Máquina Vieja. No hay dudas, sangre aurinegra corre por las venas de la familia Blanco.

Diez habló con el actual mandamás de Destroyers, un dirigente de 47 años y que maneja cuatro empresas. Dice que jamás pensó en llegar a ser presidente del club de sus amores y aclara que, aunque le está costando muchos desvelos, por las responsabilidades que asume, vale la pena hacer este esfuerzo.

En seis meses de gestión, ¿cómo está ahora Destroyers?

Mi primera mirada desde que asumí ha sido ver las necesidades que hay en el club y por eso opté por ver primero cómo está nuestra sede deportiva. En este sentido, considero que los destroyanos somos muy bendecidos por tener una hermosa casa, aunque hemos visto que para el proyecto que quiero emprender existe la necesidad de hacer canchas.

Cosas de la vida, pero usted está preocupado en mejorar una infraestructura que su papá (Lorgio Blanco) compró cuando presidió el club...

Es cierto. Todo mundo dice que papá compró esa sede cuando vendió jugadores, pero la verdad es que la adquirió con sus propios recursos económicos. Él pudo hacer hasta su quinta, pero no fue así. Cuando compró la ficha del famoso Trío de Oro (Erwin Sánchez, Marco Etcheverry y Mauricio Ramos llegaron al club cuchuqui en 1988) también fue con su dinero, tal como ahora lo estoy haciendo con el bus que estrenará el equipo.

¿Es un aporte personal?

Claro. No hay más de dónde. Lastimosamente en Destroyers no hay cómo recaudar fondos en estos momentos. No generamos. Por eso, cuando acepté el reto de ser presidente sabía a lo que me metía, pero lo hice con la fe de sacar adelante el club.

¿Cuánto le costó el bus?

El bus es una inversión, que se convierte en un activo para Destroyers. Me costó 150 mil dólares y lo compramos de Toyosa, empresa que me bajó 20 mil dólares porque entendieron que el fin no era comercial. Es un buen vehículo porque, además, es una marca garantizada y por eso considero que nos durará bastantes años.

Volviendo al tema de la sede, ¿cuál es la dimensión de esta infraestructura?

Son 21 mil metros cuadrados y se trata de un terreno por el que han querido darme hasta 1,8 millones de dólares.

¿Fue tentador?

Por esa cifra hasta yo me animaría a comprarla porque es barata.

¿Y qué les respondió a los que querían comprarla?

Que no y que saquen números porque esa cantidad implica que cada metro cuadrado cuesta ni 100 dólares.

Dada esa oferta y el interés que puede haber de otra gente que quiere comprarla, ¿hay de seo de venderla?

Yo tengo dos opciones. Estuve buscando terrenos en toda la zona norte de la ciudad y cuesta encontrar algo barato. Piden una barbaridad y mi proyecto exige tener un terreno como mínimo de cinco hectáreas. Esto porque quiero edificar dos ambientes habitacionales; una para el plantel profesional y otro para los talentos jóvenes de la cantera, que saldrán de los seguimientos que hagamos en los barrios y en poblaciones del interior del departamento.

En otras palabras, continuará con el proyecto denominado ‘Hecho en Casa’...

Sin duda. Fue un buen proyecto el que hizo el expresidente de nuestro club, Pedro Rivero Jordán, aunque entiendo que no es fácil porque hay que tocar muchas puertas para poder sostenerlo en el tiempo. De todas formas, lo positivo es que en Destroyers hay buen elemento juvenil y buenos equipos en todas las categorías. Me genera gastos, pero veo que hay jóvenes con mucho talento y que con apoyo pueden llegar rápido a primera división.

Entonces, no es un gasto sino una inversión...

Por supuesto y de ahí es que no comparto la propuesta de sumar dos nuevos extranjeros en la reglamentación del campeonato profesional. Por eso mi club no se va a descuidar en la formación de nuevos jugadores porque es algo clave.

¿Esa será la dirección que tomará el club?

Uno tiene que definir sobre cuál debe ser el enfoque para salir adelante en el fútbol boliviano. La verdad es que un club como Destroyers, que no tiene la hinchada como la de Oriente Petrolero y Blooming, respectivamente, está nadando permanentemente en aguas turbulentas. Por eso tenemos que ser sinceros. Si la gente no despierta en Destroyers, seguro que seguiremos en aguas turbulentas y eso marea mucho, se los digo con toda franquesa.

¿Cuesta arrancar?

No sé por qué los anteriores presidentes del club no han gritado cuando asumieron. Por ejemplo, en estos momentos pueden decir que la compra del bus no era una prioridad, pero puedo responder que sí lo era, porque a las necesidades hay que atacarlas de a poco y se lo necesitaba para el plantel. Entiendo que el futbolista profesional debe recibir un buen trato. No puede ser que en esta época estemos mandando a nuestros futbolistas en taxi o en micros en el que no caben todos. Esto me llevó a tomar esa decisión.

¿Qué otra iniciativa o proyecto tiene en mente?

Tengo un proyecto a ejecutar de acuerdo a la dimensión del terreno de la sede. Queremos construir una cancha nueva porque la que tenemos ahora ya no está apta para entrenar. Incluso ya tengo lista a la empresa que lo hará. Necesita seis meses de trabajo. Por eso, la idea es esperar que se juegue el torneo Clausura para iniciar a fin de año, el trabajo teniendo una cancha nueva. En ese momento será importante el uso del bus porque entrenarán mientras tanto en canchas buenas y nuevas con pasto similar al del Tahuichi.

¿El resto de la infraestructura se mantiene?

Haremos otra cancha paralela. No será grande, pero según la respuesta que recibí del cuerpo técnico será un importante aporte. Se trata de un campo de juego de 75 metros de largo por 50 metros de ancho. También la vamos a ‘hermosear’ la sede (sonríe). Vamos crear un mejor ambiente con la construcción de una gran cabaña; acomodaremos el área de la piscina y el busto donde está mi padre le cambiaremos de lugar para construir un área de estacionamiento con pavimento flexible. Otro aporte será pavimentar el ingreso, que consta de 398 metros. Eso con recursos de mi empresa. La idea es poner pavimento flexible y como es de color negro lo vamos a combinar con el amarillo, que son los colores del club.

En lo deportivo también hemos visto una buena señal. Ha reforzado el equipo profesional con más de una docena de nuevas incorporaciones. ¿A qué apuntan en el Clausura?

Pensamos en grande y por eso es que necesitamos bastante de los hinchas de Destroyers. Tienen que despertar. Los mayores deben llevar a sus hijos y también a los nietos. Sé que en Santa Cruz hay muchos empresarios hinchas del club y que pueden incluso decirles a sus mismos trabajadores que vayan al estadio para alentar al equipo. Destroyers es un equipo del pueblo, de Santa Cruz y es una institución que siempre aportó a la región y a toda Bolivia. Es un club lindo, que se respeta y se admira. Ahora, en cuanto al equipo, cabe señalar que hemos armado un plantel con los refuerzos que el entrenador pidió. Costó mucho porque debimos negociar bastante con representantes de jugadores para incorporar jugadores de primer nivel, que ganarán bastante. Un caso es el nueve que fichamos (el brasileño Willian Llira). Ojalá que rinda. Dicen que la rompe en la cancha. Tiene que ser así porque es el más caro del plantel.

¿Qué le dejó el mal torneo Apertura de parte del equipo?

Caímos muy feo. Ya no hay más chance si queremos seguir en la División Profesional. Por eso se ha invertido más en armar el equipo. Eso quiero que la gente lo entienda. Estamos haciendo lo que humanamente se puede para terminar bien el año.

¿Creció la planilla?

Se me fue a las nubes. A eso se suma lo que debimos pagar a los que dejaron el club. Hubo jugadores a los que se les debió pagar hasta cuatro veces su sueldo para rescindir. Por eso no tenemos juicio alguno. Incluso hasta pagamos a la renta por ciertas facturas. Cuesta mucho, pero Destroyers lo vale.

La consulta inevitable, ¿cómo es su relación con su hermano, Robert, que ahora preside la División Profesional ya la vez vicepresidente de la Federación Boliviana de Fútbol?

Es buena, pero aunque no lo crean tenemos también roce. Lo que jamás se perderá es el respeto y el amor entre hermanos. Eso nos enseñaron nuestros padres. Él sabe que jamás mezclaremos las cosas. Yo voy a defender siempre a Destroyers. De todas maneras, mucha gente cree que ahora se beneficia el club porque él está en la Federación Boliviana de Fútbol. No es así. Este tema lo converso con mi hermano menor, que es vicepresidente del club, y llegamos a la conclusión de que no hay beneficio alguno. Hemos sabido que la Federación dio a los clubes más de 100 mil dólares, pero en Destroyers no hemos visto que hayan dado más recursos que a los otros. Otro tema han sido los arbitrajes, un asunto complicado para nosotros porque considero que en el pasado campeonato nos han perjudicado bastante los arbitrajes. Por eso considero que con cuatro partidos que hubiésemos ganado, seguro que otro sería el panorama. De ahí es que ahora estoy lleno de positivismo para encarar el Clausura.

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