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La unión hace la fuerza, se repetía antes para destacar la importancia de la suma de esfuerzos para aumentar las posibilidades en la lucha por cualquier objetivo, en cualquier ámbito. Esto también era aplicable al deporte y al fútbol, por supuesto.

Hoy, se vuelve a hablar del tema en el fútbol pero con otro tipo de definiciones que explican lo mismo, de la importancia del conjunto, de la sumatoria de las partes en beneficio del todo, del juego colectivo como factor clave en la búsqueda del éxito.

La “culpa” de esto la tienen el Manchester City y Chelsea, que en base a un dinámico juego de posesión y velocidad, control y triangulaciones, y grandes individualidades sometidas a lo colectivo, llegaron a la final de la Champions League.

El estilo Guardiola, aquel que marcó época en un Barcelona de leyenda, recupera vigencia, vuelve a sorprender y a provocar admiración, después de un tiempo en el que se puso en duda su eficacia.

Pep Guardiola, que cuenta con el plantel más caro de las grandes ligas, superior a los 1.000 millones de euros (1.036 millones según el sitio Safe Bettin Sites) en valor de transferencias, pone al servicio del equipo a todos su talentos para desarrollar una idea que subordina lo individual a lo colectivo.

Lo fue moldeando a su gusto y con paciencia, hasta llegar a este momento decisivo en el que se jugaba la validez de su pro puesta, ya que con lo hecho en la Premier League no alcanzaba, estaba obligado a llegar a esta instancia en la Champions.

Dejó en el camino a un equipo que tiene a grandes estrellas, Kylian Mbappé y Neymar. Los anuló por completo respetando su estilo e imponiendo su juego.

Chelsea, siendo muy distinto, también explota talentos individuales a favor del juego asociado. El alemán Thomas Tuchel reorganizó en poco tiempo al equipo inglés de capitales rusos.

Llegó a la final acabando con el mito de la importancia de la historia del Real Madrid en situaciones decisivas, y lo hizo en base a ese juego agresivo, colectivo, que aniquiló al laureado adversario que se apoyaba en sus pergaminos y los restos de algunas individualidades, como el goleador francés Benzema.

Chelsea hizo ver lento y obsoleto al Madrid, asfixiando en la salida y atacando a una velocidad admirable, tanto en el partido de ida como en el de vuelta.

Los Blues son el vértigo y la presión; los Citizens, el juego asociado por sobre todas las cosas.

A todo el talento se le suma un estado atlético envidiable, conceptos tácticos y versatilidad, que sacan a relucir de acuerdo a cómo se desarrolla el juego, si se necesita achicar espacios, se achica; si es momento de presionar, se presiona; si es necesario replegarse, se repliegan; si la ocasión permite el contragolpe, se recurre a la contra letal.

Es la suma de recursos al servicio del equipo.

¿En casa cómo andamos? No estaría mal que en el fútbol boliviano se empiece a jugar de distinta manera, a triangular más, a jugar a uno o dos toques, a trasladar menos la pelota, a gambetear donde es necesario, a ser más prolijos, y más precisos en las jugadas de pelota detenida, mirar menos y moverse más, ocupar espacios.

De esto se trata. De recurrir a sus fundamentos, después, cada quien tomará el camino que más le guste en cuanto a estilo.

Inglaterra, el inventor del fútbol se reinventa, sus equipos cambian, y de esa manera vuelve a dominar el fútbol europeo.

Si ellos lo hacen, por qué no el fútbol boliviano, que cada vez choca con la realidad de un fútbol distinto cuando hay que competir en la Copa Libertadores o la Copa Sudamericana. Los resultados están a la vista.

Habrá que dejar atrás el estilo barrial y subirse al tren del fútbol de esta nueva era, que exige ser cada vez más profesional, dentro y fuera de la cancha.

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