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La partida de Edgar Peña, el dirigente más lucido que ha tenido nuestro fútbol, abre nuevamente las heridas de un fútbol sangrante en el presente. El dolor que provoca su partida es casi similar a la pena que nos da ver un fútbol boliviano sumergido en el peor de los escenarios, sin rumbo, con dirigentes que está muy lejos de dar la talla y el nivel que en vida dejó Peña.

¿Y qué fue lo que hizo él para que las opiniones sean coincidentes en torno a su legado? Muy simple: en base a sus firmes convicciones de trabajo y a sus ideas de renovación, impuso a sus gestiones tanto en la ACF como en la FBF, para engrandecer a estas dos señeras instituciones.

Había que estar al lado suyo cuando en algún congreso de la FBF, su palabra era escuchada con atención y su presencia imponía una personalidad que lo hacía respetable pero querido al mismo tiempo. Predicaba con el ejemplo. Correcto y sin manchas de corrupción, marcaron sus 8 años al mando de la Federación.

Tuve la suerte de estar junto a él en varios Mundiales y ser testigo del aprecio y admiración que le tenían los dirigentes de diversas artes del mundo. 

Primero con Havelange y luego con Blatter, fue designado miembro del Tribunal de Apelaciones de FIFA durante los Mundiales desde 1990 hasta Brasil 2014, algo que no es poca cosa, sino que resulta un reconocimiento a su capacidad e idoneidad.

Conversar con Edgar Peña daba gusto. Este periodista no quería que cada encuentro con él no terminara y si eso ocurría, daba la sensación que quedaba mucho por platicar y conocer.

Una de sus apuestas mas fuertes y a sabiendas que se iba a cargar las críticas de la dirigencia y medios de La Paz, fue el haber tomado la decisión de jugar las Clasificatorias del Mundial de México 86 en Santa Cruz. “Es hora que sepamos cuál es nuestro verdadero nivel”, sentenció para justificar esa decisión. Y en el Tahuichi, la Verde jugó ante Paraguay (1-1) y ante Brasil (0-2). El objetivo se cumplió, no hicimos mal papel, porque en los de vuelta ante los brasileños empatamos 1-1 en el Morumbí y en Asunción caímos ante Paraguay 0-2.

Compró la estructura en donde luego Guido Loayza completaría lo que hoy es el edificio de la FBF. En su gestión mandó construir la actual casa de la ACF. En resumen, un hacedor de las ideas que tenía y con los escasos recursos que tenía, pero que gestionó siempre.

Me quedó pendiente una ultima charla porque no lo pude convencer en los últimos 10 años para un encuentro mano a mano en mi programa.”Disculpame, ya no soy nadie”, llegó a decirme como excusa. ¿Nadie él? Cómo lo necesitamos hoy para que siga dando lineamientos a esta extraviada dirigencia.
Se lleva mis mejores recuerdos, respetos y admiración.


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