Escucha esta nota aquí

Bolivia ha quedado reducida a eso. A esfuerzos individuales que ayuden a suplir la carencia de argumentos colectivos que muestra en estas clasificatorias y que se deben a diferentes razones, sobre todo a que no existe un equipo en todo el sentido de la palabra.

El amor propio, el empeño y el esfuerzo de Marcelo Martins no fueron suficientes esta vez para que la selección boliviana lograra quedarse con tres puntos que le eran necesarios para mantenerse en carrera en la disputa por un lugar en la próxima Copa del Mundo.

El capitán boliviano fue un ejemplo de entrega en la adversidad frente a un seleccionado ecuatoriano que con argumentos sólidos y jugadores de mayor jerarquía terminó por llevarse unidades de La Paz por sexta vez, de manera consecutiva.

A Bolivia tampoco le alcanzó con 'los de Bolívar y unos cuantos más', porque una selección es otra cosa, es un equipo bien entrenado y con ideas claras, y no un conjunto de voluntades que están destinados a fracasar cuando se enfrentan a un adversario que es armado como se construye una verdadera selección, con una base que se puede retocar si se considera necesario.

César Farías armó tres equipos totalmente diferentes en las tres presentaciones, uno contra Brasil, ante Argentina y el de este jueves. Cambió entre siete y ocho jugadores entre partido y partido. Así es imposible aspirar a algo. Por eso, el corazón de Martins no fue suficiente.