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Lejos del lujoso aire acondicionado y del impecable césped de los estadios del Mundial de Catar 2022, dos de los cuales albergarán los partidos del Mundial de Clubes 2020 (4-11 febrero), se halla el Doha Sports Stadium, durante mucho tiempo epicentro del fútbol en el pequeño país del Golfo.

El modesto recinto, el primero en el Golfo en contar con césped de hierba natural, está ubicado en el corazón de la ciudad vieja, rodeado por edificios de baja altura con más consistencia que diseño, de bares poco glamurosos y de una estación de autobuses.

Pero su imagen exterior no hace imaginar la historia que encierran sus muros. Desde su inauguración en 1962 Pelé o el boxeador Mohammad Ali han pasado por el estadio.

"Este estadio significa mucho para mí. Crecí en este estadio. Mis inicios fueron en este estadio", afirmó el antiguo futbolista de la selección de Catar y del Al-Sadd, ya retirado, Hassan Mattar.

Cuatro enhiestas torres de focos se levantan en cada una de las esquinas de la cancha, en medio de un barrio modesto lejano de los hoteles de rascacielos y de los bloques de oficinas agrupados en el lado opuesto de West Bay.

Un buzón 'vintage' amarillo habla de la historia de este distrito, a tiro de piedra de la costa y no lejos tampoco del barrio Al Bidda, sede del poder de la dinastía gobernante Al-Thani.

El estadio no dispone apenas de gradas cubiertas.

'Gran diferencia' 

Ello contrasta con el estadio Al-Bayt, para 60.000 espectadores, que albergará partidos del Mundial de 2022, y que cuenta con un hotel con habitaciones con vistas al terreno de juego.

"Éste era el principal estadio de Catar, y aquel tiempo los aficionados copaban las gradas", recuerda Mattar sobre los 4.000 espectadores que puede recibir el Old Doha Stadium. "Lo recuerdo con cariño. Este estadio era el único con hierba natural plantada en todos los países del Golfo".

Mattar afirma que ver a jugadores como Pelé, en una gira con el Santos en 1973, le inspiró a él y a otros muchos cataríes, lo que contribuyó al idilio que mantiene el pequeño país con el fútbol.

El mantenimiento del césped resulta un desafío arduo en un país en el que las temperaturas en verano superan habitualmente los 50º C.

En el Khalifa Stadium, 15 kilómetros al oeste, abierto en 1976 y que albergará partidos en la cita de 2022, los jardineros 'retocarán' el césped con pintura verde para paliar los estragos de los cálidos veranos.

"Cambiar de este estadio a los nuevos estadios, sí, hay una gran diferencia", afirmó Mattar.

En la actualidad el Doha Sports Stadium se utiliza para el entrenamiento de árbitros de Catar y para albergar partidos de juveniles o de exhibición.

Su atractivo 'vintage' y su valor histórico han sido eclipsados por los siete nuevos recintos construidos en Catar en los últimos años.

'Nuestra historia'

Las críticas por las condiciones de los trabajadores en las obras y el coste para el medioambiente que supone el aire acondicionado en cada uno de los estadios con techo retráctil que albergarán partidos en el Mundial de 2022 ensombrecen esos fastuosos recintos.

Pero no es la única crítica. A Catar se le achaca su limitada historia en el fútbol y las débiles prestaciones de su selección.

Unas fotografías descoloridas pero exhibidas con orgullo en el pabellón del Doha Sports Stadium reflejan una tradición modesta anterior al brillo de las ambiciones sustentadas por los petrodólares de Catar.

"Solíamos subirnos a las vallas del estadio", recuerda el periodista local Sultan Jassem.

"Cuando éramos niños no teníamos dinero. Cuando grandes estrellas como Pelé, (Cassius) Clay y (Michel) Platini era un sueño", añade, mostrando un foto de Ali cuando paró en Doha en medio de su gira por Medio Oriente antes de su pelea con Joe Frazier.

"Es nuestra historia", asevera.

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