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Un golpe duro, de nocaut, inesperado, sorpresivo, recibió Wilstermann en la recta final del partido, que no solo le hizo perder el duelo, también lo dejó tambaleando para lo que resta de la fase de grupos de la Copa Libertadores.

Atlético Paranaense jugó todas sus cartas en la recta final, cuando el aviador empezaba a quedarse sin aire, sin fuerzas, pero, sobre todo, sin ideas. Realizó los cinco cambios que ahora permite el Reglamento y recuperó vitalidad.

Ahí apareció Walter, el hombre con más pinta de boxeador que de futbolista, pero con una notable habilidad y facilidad para moverse en el área y encontrar el lugar preciso para hacer valer su capacidad, tal cual un estilista en el cuadrilátero.

Sin querer, en esa recta final, se armó un duelo de peso pesados en la zona defensiva aviadora, entre el verdugo brasileño y Zenteno, el capitán cochabambino. La disputa fue corta, pero intensa. El primero optó por la inteligencia y la habilidad, el segundo, se inclinó por la fuerza, en el afán de triunfar.

El duelo terminó ganándolo Walter, que le escapó a la intimidante presencia de Zenteno realizando un movimiento de distracción; abandonó el área chica y apareció cerca al semicírculo, en el área mayor, libre, para recibir la pelota del compañero que había generado un ataque profundo, y liquidar el pleito.

Una jugaba bien pensada y definida de la mejor manera. El corpulento atacante de cabeza rapada, contundente y letal, sacó un derechazo bien dirigido que mandó a la lona a Wilstermann.

Ahí acabó esta historia. No hubo tiempo para más.