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Varios futbolistas bolivianos que se destacaron en lo que antes era la Liga del Fútbol Profesional Boliviano -actualmente llamada División Profesional- decidieron emigrar y ahora viven en diferentes países. Para ganarse la vida, la mayoría se dedica a rubros ajenos al balompié, pero cuentan que sus horas libres estaban y en algunos casos aún están dedicadas para reunirse con la pelota.

Marcos Fransisquine es un beniano que se crio en Montero, donde comenzó su carrera destacándose en las selecciones juveniles entre 1985 y 1986, eso le permitió saltar al profesionalismo en Guabirá, el año 1987, y de ahí pasó por equipos como San José, The Strongest, Destroyers, Independiente Petrolero de Sucre y cerró su carrera profesional el año 2000 en Real Santa Cruz.

También recuerda con mucha nostalgia que entre 1991 y 2000 fue convocado a la selección nacional absoluta para partidos amistosos y giras de preparación. Se desempeñaba como defensor.

Después de colgar las ‘chuteras’ montó un negocio propio en Santa Cruz, pero de pronto surgió una propuesta de trabajo con tres años de contrato para irse a Valencia, España, donde decidió quedarse y ahí radica hace 15 años.

“Me vine a España con contrato de trabajo seguro, era por tres años, pero estuve un año y siete meses en la instalación de gas domiciliario, luego me fui a una empresa de mantenimiento de fincas (edificios), en la que trabajé más de 10 años. Luego, con un pago de casi 20.000 euros que me dieron por mis aportes, decidí montar mi propio negocio que consiste en lo mismo, en hacer mantenimiento”, cuenta Fransisquine.

Tiene 54 años (21-11-1966), en Valencia vive con su esposa María Ugartechi y reconoce que le va bien en el trabajo, pues realiza labores de fontanería, calefacción, restauración, permeabilizaciones, chimeneas, trabajos verticales en general. “Gracias a Dios siempre estuve trabajando, nunca me faltó una fuente de trabajo”, agrega.

Los ratos libres, como no podía ser de otra manera, los dedica al fútbol. “He jugado en campeonatos de inmigrantes y en otros torneos federados, pero desde que comenzó la pandemia de coronavirus se paró todo, luego estuvimos volviendo a reunirnos con los amigos para jugar los jueves por la noche, pero hace unas semanas volvieron a prohibir todo”, se lamenta Fransisquine.

Muy cerca de Valencia, a 11 kilómetros, está Godella, municipio en el que radica Luis Enrique Padilla, otrora veloz delantero de equipos como The Strongtes, Oriente, Bolívar, Guabirá, San José, Wilstermann y Real Santa Cruz. Su carrera en el fútbol profesional fue entre 1981 y 1992, en ese tiempo también fue convocado en varias oportunidades a la selección nacional.

Conocido como ‘Luqui’ o ‘Chiquiño’, por su baja estatura, su primera incursión en Europa fue en 1999. Arribó a Ciudad Real, Provincia de Malaga. “Llegué como un inmigrante más, un aventurero, que tuvo que trabajar en cosechas de uva, aceituna y papa. Tres años después volví a Bolivia”, cuenta Padilla.

Luego de idas y venidas, finalmente en 2003 retornó a España y esta vez a Godella, donde vive con su esposa Jackeline Zubieta, sus hijos Mary Silvia (34 años) y Luis Enrique Jr. (12); y sus nietos Luis Alonso (15), Lucas (13) y Luciana (9).

Hasta hace un mes aproximadamente, trabajó por muchos años en una empresa grande dedicada al rubro de la construcción, donde hizo de ayudante de albañil, almacenero, manejo de grúa, transporte de carga, señalización en rutas, entre otras cosas.

Ahora cobra una renta de sus aportaciones que hizo para su jubilación, pero le dedica algunas horas al trabajo de masajista en la escuela de fútbol, de Godella. “Aprendí el oficio de masajista, así que los martes y jueves voy a la escuela de fútbol a los entrenamientos y los sábados, a los partidos. Gracias a eso mi hijo y mis nietos están becados en la escuela, donde se destacan por sus buenas condiciones”, cuenta orgulloso.

Lo más duro que tuvo que pasar fue hace cuatro años cuando la mala curación de una fractura de tobillo, que sufrió cuando jugaba en Bolivia, con el tiempo le generó una artrosis en la rodilla y quedó casi sin poder caminar.

“Cuando estaba acostado o sentado me venían punzadas. No podía ir solo ni al baño, me tenía que ayudar alguien y tardaba mucho tiempo en dar unos pasos. Comencé un tratamiento con medicamentos y con fisioterapia y hace casi un año que volví a caminar y el pasado fin de semana pude correr después de muchos años, fue una gran alegría, imagínate si con caminar ya era feliz”, se confiesa Padilla.

Hasta antes de sufrir ese problema, jugaba en la categoría veteranos, pero tuvo que dejar la actividad hasta la fecha. Reconoce que el haber jugado fútbol de forma profesional le ayuda bastante en España, sobre todo para conseguir trabajo. Hace nueve años que no viene a Bolivia, pero tiene pensado visitar nuestro país a medidos de 2021.

En Estados Unidos

Un cruceño que hizo su debut en el fútbol profesional en 1985 defendiendo los colores de Destroyers es Mario Pinedo, que posteriormente jugó en Oriente Petrolero, Blooming y Real Santa Cruz, equipo en el que cerró su carrera en 1999. Ni bien dejó el fútbol profesional se fue a vivir a EEUU, donde radica hace dos décadas.

Al poco tiempo que debutó en la Liga, comenzó a ser convocado a la selección nacional llegando a formar parte de la delegación que asistió al Mundial de EEUU 1994, cuando Bolivia se enfrentó a Alemania -defensor del título-, Corea y España, aunque el mediocampista no tuvo minutos en ninguno de esos encuentros. Fue su última convocatoria.

“Apenas dejé de jugar me vine a la ciudad de Indiana porque ya tenía asegurado trabajar en una escuela de fútbol, gracias a las gestiones que hizo el sobrino de una amiga. En esa escuela estuve como dos años y luego me fui a Virginia a la escuela de Marco Etcheverry, donde también estuve unos años”, cuenta Pinedo.

Después de estar vinculado a las escuelas de fútbol vino un cambio radical en su vida, pues ingresó a trabajar a una empresa constructora y de ahí pasó a realizar remodelación de casas, oficio en el que se desempeña actualmente.

“Llegue a un país bastante desarrollado, donde las oportunidades se dan para las personas que quieren trabajar. Todo el tiempo que he estado aquí me he sentido muy bien, aunque dentro de unos cuatro años pienso volver a Santa Cruz, porque siento mucha nostalgia”, confiesa Pinedo.

Nacido en la capital cruceña un 9 abril de 1964, Mario Pinedo vive solo en Virginia y aclara por qué le apodaban ‘Pastor’. “Nunca fui pastor, pero me decían así, porque profesé la fe cristiana y lo hice público. No recuerdo ni quién fue el que me puso ese apodo”, afirma.

Su pasión es el fútbol y siempre que tenía tiempo jugaba campeonatos y partidos con los amigos, pero desde hace dos años colgó definitivamente las ‘chuteras’. “Disputaba campeonatos en una liga boliviana de veteranos, pero ahora ya no, definitivamente”, finalizó.

Entre otros exfutbolistas bolivianos que ahora viven en el exterior está José Luis Medrano, que brilló en Oriente Petrolero y fue campeón con el equipo refinero en 1990, además jugó en otros clubes como Real Santa Cruz, Guabirá, San José, Atlético Pompeya y llegó a la selección nacional.

‘Ñeco’ radica en EEUU, desde 2002 cuando viajó a ese país para disputar un torneo por invitación en Dallas y ya no regresó. “Me acuerdo que ese torneo era para las llamadas leyendas, Brasil salió campeón porque vinieron sus mundialistas y Bolivia quedó en segundo puesto ya que también tenía a varios mundialistas del 94”, cuenta.

Una vez que finalizó ese campeonato internacional en el país del norte comenzó a trabajar en una empresa dedicada a la carpintería en aluminio, antes lo hacía en exteriores y ahora pasa más tiempo en el taller, donde ensamblan puertas, ventanas, separadores, espejos, entre otras cosas.

“A un principio paraba más afuera realizando los diversos trabajos, pero ahora es más tranquilo porque estoy dentro del taller trabajando con el aluminio y el vidrio”, relata ‘Ñeco’.

Actualmente tiene 52 años (16-05-1968) y en sus ratos libres juega fútbol en la Liga Boliviana, categoría sénior, y hasta hace poco jugaba también en la Liga Centroamericana. Por un tiempo fue también entrenador en una escuela de fútbol.

Otros boliviano

El más famoso de los exjugadores que viven en EEUU es Jaime Moreno, quien jugó en Blooming y en la selección nacional, llegando a disputar el Mundial 1994. Fue estrella en la MLS jugando para el DC United, club en el que trabajó como entrenador una vez que se retiró en 2010. Luego pasó a ser entrenador en una escuela particular hasta el año pasado.

En julio de este año sufrió un serio accidente en un ojo cuando jugaba golf, en Virginia, y se dio a conocer que estaba a punto de perder la vista. Esa noticia conmocionó al ambiente del fútbol en nuestro país y en EEUU.

También radica desde hace varios años en ese mismo país Juan Carlos Santistevan, apodado el ‘Loco’, que jugó en Guabirá, Oriente, entre otros equipos y defendió la Verde del combinado nacional. Actualmente trabaja como promotor en la venta de vehículos.

Juan Carlos Ruíz, que paseo su fútbol en Bolívar, The Strongest e incluso en la selección engrosa la fila de los bolivianos en EEUU, donde se hizo entrenador. Sus más cercanos lo apodan también ‘Loco’.

En Canadá se encuentra Julio César Amarilla. El diminuto y hábil mediocampista que se formó en la academia Tahuichi Aguilera también defendió los colores del equipo azucarero de Montero, The Strongest, Blooming y la selección. Ahora realiza trabajos de mantenimiento de vehículos y llegó a montar su propio negocio.

Por otra parte, Marco Senzano, que jugó en Bolívar y llegó a ser campeón con la academia celeste, desde hace varios años que vive en España. En ese mismo país se encuentra el ex Guabirá y ex Blooming Rolando Rea, que jugaba de lateral izquierdo y también fue llamado a la selección; además de José Luis ‘Cuchuqui’ Valverde, un volante de garra y de mucha entrega, que defendió los colores de Oriente Petrolero, en la década de los 80.

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