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Al propalar con frecuencia una mentira lo que se pretende es hacer creer que lo que se repite es cierto. Eso viene ocurriendo con la falacia de que el difunto presidente federativo César Salinas sufrió un ‘boicot regionalista’. Y que otro tanto puede estar ocurriendo con el actual titular federativo Fernando Costa. Tal mentira cae por su propio peso.

Podemos comenzar por recordar lo ocurrido en 2018, tomando como referencia al periódico Página Siete (de La Paz, por si acaso) que publicó lo siguiente: “Después de 33 meses del periodo más inestable en la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), el 10 de abril de este año asumió la presidencia de esta entidad César Salinas, expresidente de The Strongest, quien llegó a la titularidad con el apoyo del club Destroyers, que se desmarcó de los otros clubes de Santa Cruz”.

Destroyers se desmarcó, se lee en esa nota de prensa, en alusión a que Salinas tenía en contra el voto de los restantes clubes cruceños… pero tampoco lo apoyaban la Asociación de Fútbol de La Paz, Bolívar, San José, ni Wilstermann. Entonces, de regionalismo, ¡las pelotas! Era una pugna entre dirigentes paceños, por gobernar el fútbol boliviano.

Pasemos al año siguiente, cuando surgen críticas a la gestión de César Salinas. Aparece la teoría conspirativa, de que a Salinas supuestamente se lo rechazó “por ser un dirigente de occidente”.

Pero si en 2019 su principal detractor fue… Marcelo Claure, ¡presidente de Bolívar! El mandamás de la academia paceña publicó en su cuenta de Twitter que consideraba a Salinas “un incapaz” y le pidió renunciar al cargo. 

“Salinas hizo que Bolivia sea el peor equipo nacional en Sudamérica. Somos el hazmerreír del fútbol en América Latina. Designó a su esposa como presidenta de su club. Esto es un conflicto de interés grave. Lo más triste es que los dirigentes no hacen nada para sacar a este incapaz de nuestro fútbol”, publicó el portal Oxígeno. Luego Claure elevó el tono, al sostener: “A este tipo hay que sacarlo del poder. Me imagino que es el Presidente con la aprobación más baja en la historia de nuestro país que a través de la corrupción y compra de votos se autoeligió”.

En 2020 las críticas dieron paso a un bloque opositor, pero el motivo no fue el regionalismo, sino una diferencia de criterios (léase de intereses económicos) por los montos de la venta de derechos de tv por transmitir la competencia futbolera. Ese bloque contrario a la gestión federativa lo encabezaron Bolívar (La Paz) y Wilstermann (Cochabamba), secundados por clubes de Santa Cruz que marchaban ya rezagados tanto en lo deportivo como en lo institucional. Incluso clubes de la misma ciudad (Santa Cruz y Cochabamba) estaban en uno y otro bando.

Entonces, no caigamos en el juego de quienes pretenden desconocer el democrático derecho a disentir. Las mieles del poder conllevan también el menester de salir a responder las críticas, pero no a censurarlas con calumnias. Y en ello, una parte del periodismo que repite las acusaciones sin fundamento debe ser más responsable porque manipular la opinión pública no se redime luego con un “espero estar equivocado”, ni con pedir disculpas en las redes sociales.

Que el regionalismo existe, no lo vamos a negar. Permanece en declaraciones y acciones en nuestro país, y no solo en el fútbol. Pero queda demostrado que, puntualmente, cuando se lo pretende relacionar con reproches a las recientes directivas de la FBF, se trata de un falso debate para desacreditar a los opositores (entre los que hay collas, cambas, de los valles y chaco) y para levantar una cortina de humo que esconda los temas que de verdad deben importar: gestión deportiva, manejo de los recursos económicos, capacitación de recursos humanos, representación internacional y justicia deportiva, por ejemplo.

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