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Nació en Formosa, Argentina hace 64 años, pero hace 40 que vive en el país. Juan Carlos Sánchez Frías es un ícono del fútbol boliviano. Sus 261 goles en 399 partidos lo erigen como el segundo mejor goleador de la historia del fútbol profesional boliviano, por detrás de Víctor Hugo ‘Tucho’ Antelo, que marcó en su carrera 350.

Su vida deportiva estuvo ligada a los goles y a los récords, pues es el máximo artillero en la historia de Blooming con 144 anotaciones en 188 encuentros y estando en la academia cruceña se convirtió en el jugador que más goles ha marcado en un partido de Copa Libertadores. El 7 de abril de 1985, su gran año, hizo seis goles en el triunfo de los celestes sobre Deportivo Italia de Venezuela por 8-0. Una marca, que por ahora nadie ha superado, motivo por el que la Conmebol lo invitó para homejearlo el 2015, pero no pudo viajar a Paraguay porque su documento estaba vencido.

Y sus logros no se quedan ahí, ya que es recordado también como el delantero de los goles históricos porque ya naturalizado boliviano fue el autor del gol del primer empate que consiguió la selección boliviana ante Brasil (1-1) en el Morumbí de San Pablo por las eliminatorias al Mundial México 1986 y, además, ese mismo año, jugando para Blooming, hizo el gol de la paridad, en el Maracaná, ante Flamengo (1-1) por la Copa Libertadores.

El ‘Narigón’, como le dicen sus amigos, radica en Montero con su familia. Desde 2013 todos los días tiene que tomar pastillas para la presión; no descuida su salud y desde marzo evita salir de su casa para no contagiarse del Covid-19.

“El médico me dijo que evite enojarme y por eso dejé de trabajar”, dice el exgoleador, que desde que dejó de jugar, en 1992, trabajó en las divisiones menores de Guabirá, el club que lo trajo de Argentina en 1980.

Ahora que se acerca el partido que la selección enfrentará a Brasil (9 de octubre), en San Pablo, por la primera fecha de las eliminatorias al Mundial Catar 2022, DIEZ conversó con Sánchez sobre este duelo importante. Contó lo que vivió cuando le tocó enfrentar a la canarinha, de su gol, de sus compañeros de la Verde, del rival y de la reacción de los ‘torcedores’ antes y después de ese encuentro, que se disputó el 30 de junio de 1985.

_La historia de su carrera dice que Guabirá lo trajo al fútbol boliviano en 1980 y que gracias a sus goles en Blooming llegó a la selección, ¿de cuál de los dos equipos es hincha?

De Blooming, aunque aquí en Montero algunos hinchas de Guabirá me miran feo cada vez que lo digo públicamente. No lo puedo esconder porque en Blooming jugué siete años y soy su goleador histórico. Apoyo a Guabirá cuando juega con otro rival que no sea la academia. De todas maneras, soy un montereño más y me quedé a vivir acá porque tengo a mi familia y la gente me tiene mucho cariño.

_Su último club como jugador fue San José en 1992, ¿por qué no se retiró en Guabirá o Blooming?

Lo iba a hacer en Guabirá, pero la dirigencia de ese momento me quiso pagar apenas 500 bolivianos al mes, siendo que venía de San José de Oruro donde me pagaban 1.500 dólares. Además, solo quisieron pagar 4.000 dólares al dueño de mi pase por el préstamo y eso anticipó mi retiro a los 36 años. Pude jugar tranquilamente cuatro años más.

_Siendo así, pudo tener la oportunidad de jugar las eliminatorias de 1993 e incluso el Mundial de 1994 con Azkargorta.

Por supuesto, pero igual soy feliz de lo que hice en los seis partidos que jugué con la selección. El gol que marqué ante Brasil y el empate que logramos en las eliminatorias de 1985 es el recuerdo más lindo que me pasó en la vida.

_Ya que habla de ese histórico empate, ¿se acuerda quienes jugaban en la selección brasileña?

Mamita, era un equipazo y daban miedo. Estaban Careca, Zico, Sócrates, Eder, Renato Gaucho, Casagrande, Junior y Cafú estaba empezando.

_¿Se acuerda de la alineación de Bolivia?

Luis Galarza era el arquero. El profesor Raúl Pino (el DT) lo puso a Wilson Ávila de dos (lateral); después en defensa estaban Rolando Coímbra, Noro, Erwin Espinoza y por izquierda no me acuerdo si estaba Marciano Saldías o Roberto Pérez. En el medio campo jugaron Edgar Castillo, Milton Melgar y‘Chichi’ Romero; en la delantera estuvimos Roly Paniagua, Silvio Rojas y yo.

_Me dio los nombres de 12 jugadores; sobra uno.

Coimbra o Noro fueron los titulares, pero nuestro sistema fue una línea de cuatro en defensa, tres en el medio y tres delanteros. Así nos hacía jugar el profesor Pino.

_¿Cómo vivieron las previas de ese crucial encuentro?

Recuerdo que un día antes del partido salimos un rato del hotel donde nos hospedamos y como estábamos con el buzo de la selección la gente nos reconocía y aprovechaba para decirnos que nos iban a golear por más de seis goles. Se burlaban y se reían. Estoy hablando de una cuadra a la redonda porque no podíamos ir más lejos por el temor a perdernos en esa gran ciudad (se ríe).

_¿Ese clima los puso nerviosos o sintieron temor?

Nada. Teníamos una fe bárbara, porque éramos un buen equipo y en el país todos éramos figuras. Fue importante el hecho de que la base de esa selección eran jugadores de Blooming, Oriente Petrolero y Bolívar. Todos tenían buen nivel y en esa época había una buena camada de grandes jugadores con experiencia, con coraje y nada de complejos. Además, todos nos buscábamos en la cancha y nos gustaba jugar bien al fútbol. No éramos de chocar y golpear.

_¿Qué sensaciones le dejó el partido, fue complicado?

Para empezar, cuando ingresamos al estadio sentimos que explotaba, con tanta gente... Se escuchaba batucada por todos lados. Tengo una anécdota con Melgar. Cuando ingresamos, un grupo de mulatas esperaban a la selección brasileña con sus tradicionales bailes. En ese momento, cumpa venga me dice Milton (Melgar) a lo que le respondí que se vayan sin mí a los camarines porque quería disfrutar de semejante cuadro lindo (se ríe).

_¿Estaba tranquilo pese a la presión de la gente y de la jerarquía del rival?

Muy tranquilo. Ni en la final que Blooming le ganó a Bolívar en 1984 estuve intranquilo. Nunca me puse nervioso en situaciones decisivas de los partidos porque desde jovencito jugué ante grandes equipos. Me pasó en Argentina cuando tuve que enfrentar a River y Boca.

_¿Y qué puede decir de su gol o solo lo recuerda cuando la prensa lo pasa cada vez que toca enfrentar a Brasil?

Lo veo cada vez que la prensa me llama y me lo muestra en la televisión. Esa vez Brasil nos hizo el gol apenas empezó el partido con un cabezazo de Careca (6’). Lo bueno de la selección fue que nadie se puso mal o mostró resignación.

_Seguramente los brasileños y en el país se pensó que se venía la goleada en contra

Claro, y se notó también en los rostros de los jugadores brasileños. Tras el gol en contra hablamos con Milton (Melgar) y Chichi (Romero). Les dije que demostremos nuestra calidad, que toquemos la pelota, que podíamos amargarles el día a los brasileños, que eran pura pinta y puro nombres. Así fue que empezamos a jugar bien y en el primer tiempo generamos algunas situaciones de gol. Volvimos con más ganas para encarar el segundo tiempo. Le atacamos, le jugamos de igual a igual y eso originó que consigamos dos remates al palo; uno de Ávila y otro de Silvio (Rojas).

_¿Cómo se generó su gol, que fue el del empate?

Nació de una falta que los brasileños hicieron cerca del banderín del corner. En ese momento me le acerqué a Romero para decirle que me tire el centro al primer palo, no al segundo porque ellos tenían centrales muy grandotes y no había cómo ganarles en la pelota aérea. Le dije: apuntale Chichi al primer palo, que yo voy a salir de atrás y con el impulso voy a tratar de ganarle al arquero. Andá tranquilo, que le pego mejor que vos, me contestó en tono de broma. Así nos hablábamos en la cancha. Y eso hizo. Me anticipé a los centrales y al arquero; solo tuve que cabecearla nomás.

_¿Silencio sepulcral en las graderías o escucharon el festejo de los bolivianos en el estadio?

No había ni un hincha boliviano en el estadio. Eran 90.000 brasileños en las graderías. Recuerdo que incluso festejé el gol cerca de la banca de suplentes de ellos levantando los brazos. Todos mis compañeros se me tiraron encima. Lo bonito después del partido, cuando salimos del estadio, fue ver cuatro cuadras de hinchas brasileños que gritaban Bolivia, Bolivia, Bolivia. Fue una linda reacción y eso dio a entender que les gustó cómo jugamos el partido.

_Esa selección fue la que perdió en el Tahuichi justamente ante Brasil por 0-2, ¿por qué acá no se pudo sacar un buen resultado?

En ese partido me anularon un gol por un supuesto off side (fuera de juego) y después me entré solo y opté por pasársela a Silvio (Rojas), que amagó varias veces al arquero que terminó sacándosela al corner. Pudimos ganar y si lo hubiésemos conseguido, seguro que pudimos tener chance de clasificar al Mundial de 1986.

_¿Brasil fue eficaz?

Nos ganaron con dos contragolpes y en uno de los goles Casagrande aprovechó su tamaño para ganarle en un centro a Jhonny Herrera, que era muy chiquito. De todas formas, tuvimos varias situaciones claras para anotar. No jugamos mal, ellos fueron efectivos.

_Hablemos de nuestra selección actual ¿podrá sorprendernos el 9 de octubre como ocurrió en 1985?

Es una incógnita con todo lo que está pasando en la Federación Boliviana de Fútbol. Veo un grupo que está a la deriva y que no saben a quiénes de los dirigentes tienen que dirigirse. A esto se suma el técnico que anda extorsionando muchachos. Es vergonzoso lo que está pasando con este seleccionado. Ojalá que las diferencias de la dirigencia se acaben y los jugadores sepan de una vez por todas a quien van a responder.

_¿Qué hubiera hecho usted si estando en la selección su club le dice que deje la concentración?

El que te paga es el club. La Federación no mantiene al jugador en toda una temporada. Además, hay que estar en el lugar del jugador que no cobra y el club que no tiene ingresos desde hace seis meses. Habría que pensarlo bien.