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Cuartos de final, semifinales y final en apenas once días: tanto la Europa League, a partir del lunes, como la Liga de Campeones, desde el miércoles, inician en la nueva semana sus rondas de desenlace con el formato inédito de una 'Final 8', a la espera de cómo es percibido por los equipos y los aficionados.

La pandemia del nuevo coronavirus obligó a improvisar esta forma de terminar las competiciones europeas, detenidas en seco en marzo por la enfermedad.

El formato tradicional de eliminatorias a ida y vuelta, con el apoyo del público respectivo, con una final en terreno neutral es a lo que los hinchas están acostumbrados.

Sin el empuje de sus aficionados, posiblemente el Liverpool no habría logrado remontar (4-0 tras haber perdido 3-0) ante el Barcelona en las semifinales de la pasada campaña. Y no habría podido por lo tanto ser luego campeón del torneo.

La historia de la Champions y de los torneos europeos está llena de remontadas emocionantes que han pasado a la historia.

Las 'Finales 8' se disputan con partidos en terreno neutral, sin público y a eliminación directa. Como si fueran las rondas finales de una Eurocopa o un Mundial.

En el caso de la Europa League, será en cuatro ciudades del oeste de Alemania (Duisburgo, Düsseldorf, Gelsenkirchen y Colonia) mientras que para la Champions se optó por Lisboa.

La fórmula, aunque será juzgada por cómo resulte, tiene de entrada encendidos defensores: será "apasionante y llena de emociones", vaticina Nasser Al Khelaifi, presidente del París Saint-Germain y patrón del grupo beIN Sports, uno de los principales difusores de la competición.

Una opinión similar comparte Zinedine Zidane, tres veces vencedor de la prueba en el banquillo del Real Madrid (2016 a 2018).

"Creo que no está mal jugar los cuartos de final, las semifinales y la final en un solo partido (...) Creo que es bueno, sí. Serán 15 días en los que todo se decidirá", afirmó el técnico francés.

¿Diferentes estrategias?

El Real Madrid no estará en esa 'Final 8' después de haber sido eliminado por el Manchester City el viernes, al caer 2-1 en la vuelta de octavos de final, en un partido jugado en Inglaterra.

"El estado de forma del día será clave", estima por su parte Hansi Flick, entrenador del Bayern Múnich, que se clasificó el sábado para la 'Final 8' de la Champions en Lisboa, donde jugará en cuartos ante el FC Barcelona.

Flick tiene la ventaja de conocer ya cómo funcionan las fases finales de los grandes torneos de selecciones, como adjunto de Joachim Löw en el Mundial de Brasil-2014, que Alemania conquistó.

Pero para la mayor parte de clubes, este formato es una novedad.

A nivel estratégico, tener partidos con un margen más reducido de error, ¿incitará a más prudencia defensiva o; sin embargo, a una mayor audacia ofensiva?

"Los clubes grandes no van a renegar de su estilo porque sea un único partido", estimó en declaraciones a la AFP, Jacques Santini, exseleccionador de Francia.

¿Trofeos con menos valor?

Otro aspecto desestabilizador: no habrá público en la grada para dar un ambiente digno de una gran ocasión. Por la crisis sanitaria, los partidos se jugarán a puerta cerrada, una situación que se ha hecho familiar en el fútbol europeo desde que a mediados de mayo se fueran reanudando las ligas nacionales.

Las finales, la de la Europa League el 21 de agosto en Colonia y la de la Champions League el 23 de agosto en Lisboa, podrían no verse terminadas con la vuelta de honor del campeón o con las habituales duchas de champán.

Este escenario inédito, ¿podría hacer que tengamos campeones sorpresa, en un momento donde nada parece previsible? Lo que para muchos podría ser signo de la magia del fútbol, para otros podría serlo de que esta edición está especialmente devaluada.

"El campeón será reconocido, aunque sea un torneo extraño. Pero el campeón saboreará su título", señala el montenegrino Pedja Mijatovic, campeón de Europa con el Real Madrid en 1998.