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El autobús inmenso de la empresa Quirquincho, de vidrios oscuros, impenetrable a la vista de curiosos, abandonó el predio de Always Ready con la selección nacional a bordo. No se veía a nadie. Solo una mano apareció por una ventanita cercana al conductor, haciendo el gesto positivo.

Los jugadores y el cuerpo técnico siguieron aferrados a su decisión de estar lejos del mundanal ruido y también de la gente, más allá de protocolos de salud. Incluidos los periodistas, obviamente.

El 'Quirquincho', convertido en fortaleza móvil, dejaba Huarina, el pintoresco lugar a orillas del lago Titicaca, que los acogió a lo largo de la semana.

La actitud distante y ermitaña adoptada por la delegación durante su estadía, quizá haya influido en que nadie se acerque a despedirlos. Solo unos camarógrafos y unas cuantas ovejas con sus pastoras, indiferentes a lo que sucedía a la vera del camino, fueron testigos de su partida rumbo a La Paz, donde esperarán el encuentro del jueves ante Venezuela, por la séptima fecha de las eliminatorias.

El 'equipo de todos', convertido en un grupo aislado, pide a cambio el apoyo de los bolivianos para revertir este mal comienzo en las clasificatorias, que lo tiene en la cornisa, al borde de una eliminación prematura. Están obligados a ganar para seguir con vida en esta larga travesía a Catar 2022.

La imposibilidad de ver los entrenamientos impide tener certezas sobre lo que pretende César Farías en el campo de juego, más allá de la lógica ambición de ganar.

El arquero seguiría siendo Carlos Lampe, quien solo apareció en sus redes para desmentir a quienes dijeron que cada jugador pide 40 mil dólares por ir a la Copa América.

En la zaga, Farías les daría cabida a Diego Bejarano, Jairo Quinteros, Luis Haquín y Enrique Flores. Los cuatro estuvieron en su momento en Bolívar y se conocen. Eso beneficiaría el funcionamiento de la zaga.

En el ataque, el entrenador venezolano elegiría a Marcelo Martins, Rodrigo Ramallo y Heny Vaca; con el capitán de punta y dos apoyos.

El medio campo es una incógnita, aunque Edwin Saavedra tendría un lugar seguro.

Así espera Bolivia a Venezuela. Huraña, aislada, mostrando poco y ocultando mucho. Ojalá esa sea la fórmula del éxito, que tanta falta le hace.

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