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La selección boliviana está nuevamente en casa, tras su deslucida actuación en la Copa América de Brasil. Regresó con mucho en la casilla del “debe” y nada en la del “haber”.

Su pobre propuesta futbolística no le alcanzó para nada, ni siquiera para sumar algún punto, tampoco para una actuación decorosa que le diera un mayor impulso en las clasificatorias de la Copa del Mundo de Catar 2022.

Tuvo una de las peores participaciones en la historia del campeonato sudamericano del que una vez fue campeón y subcampeón, en 1963 y 1997, y en el que hoy ocupa el último lugar, lejos del resto.

Bolivia llegó a la Copa entusiasmada por el triunfo de local ante Venezuela y los empates de visita ante Paraguay y Chile. Pero todo lo estropeó con una actitud temerosa que sobrepasó el límite con los guaraníes, a la que le sumó una preocupante desidia frente a la Argentina.

El saludable segundo tiempo ante Chile acabó siendo un espejismo porque con Uruguay volvió a mostrar la pobreza de su propuesta.

La triste despedida acentuó la preocupación con miras al futuro.

Incluso César Farías terminó abatido y duda de lo que viene. “Nos vamos sin puntos y eso es doloroso, frustrante, cala en lo más hondo y nos conmueve y entendemos las circunstancias de que se nos exija ganar, es una ley natural del deporte”, señaló el entrenador tras la derrota ante Argentina.

El venezolano confía en hacer valer la condición de local en la altura para salir adelante en la eliminatoria.

“Se está construyendo una selección, esperamos que las cosas positivas puedan salir más adelante, a lo mejor en dos meses cuando venga la eliminatoria podremos disfrutar de esos resultados que no se nos dieron”, concluyó Farías.



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