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P/Chino Tapia

El abuelo, el padre, los hijos, los nietos y el bisnieto, nunca falta un arquero Galarza en el fútbol. A Bolivia llegó la tercera generación. Primero llegó Arturo, éste lo trajo a Luis Esteban, después apareció Rolando, luego Sergio y su hermano Luis, y ahora Lucas, nieto de Arturo e hijo de Rolando.

El apellido comenzó a popularizarse con Arturo, que vino a Bolívar en 1969. Apenas 4 meses después vino Lucho para formar parte del The Strongest que se armaba después de la tragedia de Viloco, el accidente aéreo en el que falleció casi todo el plantel. Tenía solo 18 años. Empezaba una hermosa historia, llena de éxitos y momentos afortunados, a tal punto, que a principios de los años 70 se sacó el “Gordo” de la Lotería Nacional.

Debe ser un caso único en el mundo del fútbol: que todos los miembros de una familia que se dedicaron a este deporte de manera profesional fueron o son arqueros. Pero además con la característica de haber sido destacados donde quiera que hayan atajado.

No son de estatura sobresaliente, sí de hablar mucho en la cancha, ser líderes en sus equipos, de dirigirse a sus compañeros (y a los árbitros...), de dejar la piel a la hora de enfrentar mano a mano a un rival, suicidas, y dueños de sus áreas. Normalmente son capitanes de equipo donde jueguen. Esos rasgos caracterizan a quienes se puede llamar, sin temor a equivocarnos, “una familia de arqueros”.

Además longevos en el puesto. Luis Galarza se convirtió el 17 de abril de 1995, en el arquero más veterano en más de seis décadas de Copa Libertadores de América. Ese día atajó para Wilstermann con 44 años y 81 días, enfrentando a Sporting Cristal.

Un año después se retiró en Blooming.

_ ¿Cómo les nació esa afición al arco?

“Los Galarza teníamos una particularidad: todos éramos gorditos, y como antes la regla era que si eras gordo te tenías que ir al arco… entonces por regla desde el barrio y luego por condiciones innatas nos quedábamos en el arco. Bueno, si revisamos la historia creo que los resultados no fueron malos al fin y al cabo”, comenta entre risas.

Luis Esteban y Arturo se naturalizaron bolivianos e integraron la selección nacional en las eliminatorias para el Mundial de Argentina 1978, en el repechaje contra Hungría. Después Lucho sería arquero en otras eliminatorias y copas América. Arturo también defendió el arco de la selección paraguaya.

Arturo falleció hace años, y Lucho es el encargado de contar la historia. Memoria no le falta, además la ejercita todos los días con sus amigos del barrio El Trompillo, cuando a la sombra de un añoso y frondoso árbol de Cupesí, disfruta de la charla, los picolés, las gelatinas y los refrescos.

_ ¿No les faltó un Mundial en su carrera?

“Yo tenía que integrar la selección boliviana que jugó las Eliminatorias del ´93, pero renuncié. En mi lugar fue Darío Rojas. Como todos sabemos, esa selección terminó clasificando al Mundial de Estados Unidos, esa era mi gran oportunidad de haber ido a un Mundial, pero había renunciado, sabes qué, me quería morir después que sucedió todo. Para cerrar mi carrera, quería ir a un Mundial, me faltó un Mundial”, lamenta Lucho con sinceridad.

Los más populares en Bolivia fueron Luis Esteban y Arturo en la década de los 70, y Sergio el “ Mono”, en los 2000, quien también tuvo una buena época defendiendo el pórtico del cuadro nacional en eliminatorias y Copa América. Sergio, que atajó en casi todos los equipos grandes de Bolivia, dejó en la imagen de los hinchas una jugada imborrable, cuando le atajó un mano a mano a Lionel Messi en estadio Hernando Siles.

Lucho dice que, justamente eso, el mano a mano era una especialidad de los Galarza.

“Para la eliminatoria del Mundial de Italia 1990, los arqueros éramos Carlos Trucco y yo. Un día Jorge Habbeger, que era el entrenador, da a conocer la formación sin arquero. Nos miramos sorprendidos. Y nos dice, Galarza achica bien y Trucco sale mejor en los centros, como de local vamos a tener varios mano a mano, ataja Galarza, y de visitante, Trucco, porque nos van a llenar de centros. Hoy ataja Galarza. Y tenía razón, me jugaba la vida en cada salida, por eso me fracturé la clavícula y me lastimé la cara”.

_ ¿Dónde empieza esta dinastía de arqueros?

“Viene del abuelo Ernesto, que no era alto, era chiquito pero volador, y que llegó a defender el arco de la selección paraguaya; después, mi papá, Eduardo; el tío Eduardo, hermano de papá; Arturo, mi hermano mayor; Rolando, el hijo de Arturo; además dos hermanos de madre: Ramón, que jugó en Ecuador; nuestros primos Justo, Daniel y Miguel; mis hijos, Sergio Daniel y Luis Eduardo, y ahora Lucas, que tiene 20 años, es hijo de Rolando, que acaba de ser contratado por Wilstermann. Todos arqueros”.

La excepción a la regla fue Hipólito, uno de los hermanos por parte de madre, que se desempeñó como volante en General Genes y Olimpia.

La única forma de explicar esta realidad de una familia de arqueros es que esto se lleva en la sangre, pues por más que algunos (como él) intentaron ser jugadores de campo y no pasaron las pruebas. Lo suyo estaba debajo de los tres palos.

_ ¿Y quién fue el mejor?

“A manera de anécdota, en una gran reunión navideña estábamos todos en Asunción (Paraguay), papá estaba en la cabecera de la mesa y Ramón estaba a su lado, pasadas las horas empezó la discusión de que yo era mejor que vos, no yo era mejor…y así pasaron muchos minutos en esa discusión hasta que Ramón le puso un alto cuando nos recordó que él fue el único que asistió a un Mundial (el de Suecia ´58) y con eso nos calló a todos”, cuenta Lucho, un personaje lleno de historias.

Hay un hecho que, curiosamente, se repite ahora y que Lucho la contó en una entrevista a un diario de Ecuador hace un par de décadas. A principios de los años 70, su hermano Arturo, que atajaba en Bolívar, le comentó a Freddy Valda, entrenador de The Strongest que armaba su equipo tras lo de Viloco: “Tengo un hermano menor que ataja en Asunción, es muy bueno”.

“Dígale que se venga”, le respondió Valda. Lucho tenía 18 años. Cuando llegó a La Paz, los dirigentes dudaron porque era muy joven. Ni siquiera había debutado en Sportivo San Lorenzo.

Valda se dirigió a Rafael Mendoza, presidente del club atigrado, “si usted no lo compra, lo compro yo con mi plata”. Mendoza pagó los 1.500 dólares que costaba el pase, y The Strongest tuvo arquero para casi veinte años.

Hace unas semanas, Lucho les comentó a los dirigentes de The Strongest, que buscaban arquero. “El nieto de mi hermano Arturo, hijo de Rolando, ataja muy bien, si quieren le hablo”. Nadie le dio importancia.

Los que al parecer lo escucharon fueron los dirigentes de Wilstermann, que de inmediato realizaron gestiones porque necesitaban un arquero más en su plantel.

Y Lucas Galarza, de 20 años, el nieto de Arturo, hijo de Rolando, sobrino nieto de Lucho y primo del “Mono”, llegó a Bolivia para jugar en el equipo cochabambino, como lo hicieron su tío y sus primos.

De paso, continuará esta historia de los Galarza en el fútbol, que parece de nunca acabar.

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