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Marruecos está de moda. La candidatura africana para organizar la próxima Copa Mundial de la FIFA en el año 2026 gana adeptos ante la otra finalista, la propuesta conjunta de EEUU-Canadá-México, a escasas fechas de la elección de la sede mundialista, que será el 13 de junio.

Ilusión, modernidad y seguridad son los tres ejes en torno a los que gira el proyecto marroquí que ha unido a todo un país en torno a un sueño, aunando esfuerzos, y se está volcando a todos los niveles para ser una opción imbatible.

Una ilusión, la del pueblo marroquí, que se ha convertido en la mejor baza ante la frialdad y distanciamiento que están mostrando los tres grandes que compiten por ser la sede del Mundial 2026: EEUU, Canadá y México en su candidatura a tres bandas, lugares en los que la opción de acoger a la mayor cita del deporte Rey pasa de puntillas y con absoluta indiferencia en comparación al fervor único que ha despertado en Marruecos. Mientras la opción americana plantea barreras, en Marruecos tienden puentes.

Y es que, y a pesar de ser la quinta vez en la que el país africano opta a organizar un Mundial de fútbol, las ganas son mayores que nunca. Una candidatura que apuesta por la modernidad de una nación en pleno proceso de transformación y cambio, una puerta entre África y Europa y, sobre todo, un país que siente, vive y vibra con el fútbol, sin duda su deporte Rey de Marruecos, y en el que conviven hasta tres religiones -judía, cristiana y musulmana- sin ningún tipo de conflicto.

Una ubicación perfecta

 Conformando uno de los estados más longevos de toda África, Marruecos cuenta con una población integradora de 34,9 millones de personas, que se reparten en un área 710.850 km². Los idiomas oficiales son el árabe y el amazigh, pero estando allí una persona puede defenderse perfectamente también en español y en francés, debido a la fuerte influencia que, históricamente, ambas naciones europeas ejercieron sobre este territorio en la época colonial, y en inglés.

Su ubicación geográfica, como cruce de caminos entre África, Europa y Oriente, convierte a Marruecos en el epicentro de aficionados, y permitirá que este acontecimiento sea accesible para todos, sin importar el presupuesto. El encanto de las ciudades como Marrakech o Casablanca, brindan, además, una oportunidad única a los socios comerciales, a los medios de comunicación y de difusión, al estar en un huso horario que garantiza el éxito desde el punto de vista económico.

Su clima mediterráneo, paisajes excepcionales y un patrimonio cultural de una diversidad sin igual, ofrecerían a los países participantes y al conjunto de los aficionados unas condiciones de juego, de preparación y de celebración inigualables.

Precisamente, la cercanía con Europa y, concretamente, con España, permite a Marruecos presumir de ser una de las mayores puertas de África al viejo Continente, y viceversa. Esto hace que su población se haya enriquecido de un intercambio cultural permanente y duradero, convirtiendo al país en un auténtico maremágnum de formas de entender la convivencia que lo inundan todo y permiten, en última instancia, el progreso a través del enriquecimiento cultural.

La forma de Gobierno del país es la monarquía parlamentaria, al estilo de numerosas naciones de occidente, en Europa. Monarquía que, en la actualidad, goza de total garantía y transparencia democrática y social. El Rey, Mohamed VI, ejerce como Jefe del Estado, y es el encargado de designar al Jefe de Gobierno, quien es elegido a través de elecciones legislativas. Hablamos, pues, de un país totalmente consolidado e integrado en el primer mundo, y que, sin duda, ejerce un liderazgo y una enorme y positiva influencia sobre los países de su entorno y toda África.Una nueva Constitución, aprobada en 2011, ha colocado a Marruecos como referente democrático no sólo en el continente africano, sino también en el resto del mundo.

El fútbol, elemento clave de músculo social y económico

Marruecos es algo más que un lugar del norte de África con uno de los desiertos más famosos del mundo. El Sáhara llama a miles de turistas a visitarlo año tras año, pero su imponente figura y extensión enmascara un país lleno de naturaleza, arquitectura milenaria, ciudades llenas de vida y de comercio, y una economía en constante mejoría y evolución.

Seis de las 12 ciudades marroquíes más grandes superan el millón de habitantes, siendo Casablanca la mayor, con una población de 3.359.818 habitantes. Rabat, Marrakech, Tánger o Agadir, y muchas otras ciudades más, completan lo que serán preciosas sedes del futuro Mundial 2026.

La economía ha crecido el doble respecto a la última candidatura, así como el turismo y las infraestructuras. Carreteras, aeropuertos y hoteles son ya parte activa y habitual del músculo financiero del país, que, además, puede presumir de tener en vigor más de 50 acuerdos comerciales a nivel internacional, sin duda, impulsados y favorecidos por su inmejorable ubicación en el Continente Africano, siendo un punto de paso y/o retorno con Europa, y con una potente industria portuaria y pesquera.

Pero, y, además, está el fútbol. El deporte del balón se ha integrado ya como un elemento más de ese músculo económico y financiero. Prueba de ello fue el enorme éxito que cosechó la organización del reciente Campeonato Africano de Naciones (CHAN) 2018, que batió todos los récords históricos de asistencia a este torneo en el Continente, con la venta de más de 500.000 entradas para los distintos partidos del certamen.

Marruecos tiene mucha y buena historia como selección potente en el fútbol africano. Fue el primer combinado del continente en clasificarse para una Copa Mundial de la FIFA en 1970, y también fue el primero en superar una primera fase y acceder a las eliminatorias finales de un Mundial, en 1986.

Fruto de esta pasión no sólo social, sino también económica por el fútbol, la propuesta marroquí para el Mundial 2026 incluye nada menos que 14 estadios de última generación, pensados para mantener un rendimiento económico que trascienda el propio campeonato, otorgando al país más infraestructuras para mejorar su economía después de la cita mundialista. La financiación de estas construcciones está ya totalmente estudiada y aprobada, y se enmarca dentro de un contexto de total garantía de transparencia y sostenibilidad.

Integrado en la potente oferta del país número uno en turismo de África

Las distintas sedes y estadios de la candidatura de Marruecos a la Copa Mundial de la FIFA 2026 pretenden pasar a ser, por supuesto, un elemento que refuerce aún más la ya de por sí potente oferta turística del país, el principal destino de África, preferido por miles de viajeros y turistas cada año (representa el 11,4% del PIB marroquí).

Las claves que propician este fenómeno son, una vez más, su ubicación geográfica y su buena conexión aeroportuaria. La mejoría en las ofertas de alojamiento acerca mucho más unos recursos turísticos cuya belleza y atracción están fuera de toda duda: medinas, zocos, gastronomía, arquitectura y cultura musulmanas, y paisajes conforman una oferta sin igual, pero sobre todo muy sorprendente para el turista medio occidental.

Pero Marruecos 2026 no es sólo un ‘canto a lo antiguo’ y a su propia historia. Conjuntamente con su oferta tradicional de ocio y con sus nuevos estadios, el país se prepara para aprovechar la cita mundialista reformando y/o construyendo emplazamientos arquitectónicos de última generación, y en lugares emblemáticos: el nuevo Centro de Convenciones y Exposiciones (MCEC) en Marrakech, el centro de exposiciones de Casablanca (OFEC), y la MITA, plataforma logística ya existente en dicha ciudad.

En definitiva, una propuesta realista, con trayectoria, consolidada, abierta y, sobre todo, ilusionante. Apadrinada no sólo por un comité organizador, ni tan siquiera un Gobierno, sino por nada menos que un 97% de la población del país, que está entusiasmada con que se celebre una Copa Mundial de la FIFA en su casa. Y un canto a la integración de las culturas y los pueblos, en un marco inmejorable para ello, que acercará un poco más África al resto del Mundo occidental. Y todo ello, con el fútbol, el deporte Rey, como elemento vehicular.

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