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El partido se paró faltando seis minutos para que se cumpla el tiempo reglamentario. Jugadores, hinchas y directivos de Bolívar observaron en silencio cómo los ‘barra’ de Oriente Petrolero, apostados en la curva del sector oeste lanzaban petardos al campo de juego. Cuando el arquero Saidt Mustafá cayó y se agarró la cabeza se pensó lo peor. Un petardo había estallado cerca de él. Después los mismos barrabravas se encargaron de arruinar el espectáculo.

El partido estaba 2-1 a favor de los celestes. Fue entonces cuando el veedor del encuentro, Enrique Conde, habló con el árbitro (José Jordán) y entre ambos tomaron la decisión de darlo por terminado.

A partir de ese momento comenzaron los festejos de Bolívar, de todo el plantel que espontáneamente corrió hacia la curva este, donde estaba la mayoría de los seguidores de la academia paceña, para festejar el triunfo y sobre todo el título número 23 de la era profesional (desde 1977).

Esperaron al líder

Minutos después, el argentino César Vigevani, que siguió el desarrollo del encuentro en el palco del sector de preferencia, se unió al grupo, y desde luego a la algarabía. El joven DT había dejado las graderías para internarse por los camarines y luego salir por el túnel que lleva a la cancha.

El abrazo con cada uno de sus jugadores y todos los miembros del cuerpo técnico fue interminable. La alegría se desató en ese sector en el que invadía el color celeste y que fue bien custodiado por la policía, tomando en cuenta que un buen número de hinchas de Oriente, en ese lapso, daba rienda suelta a su enojo.

Después, uno a uno de los jugadores se fue metiendo a los vestuarios. Los últimos en hacerlo fueron el delantero Marcos Riquelme y el director técnico César Vigevani que estuvieron en cancha atendiendo a los medios. Una vez el DT estuvo con toda la plantilla empezó la gran celebración.

La euforia no paró. Aproximadamente a las 23:00 salió Vigevani para brindar oficialmente su conferencia. Contagiado por el entusiasmo, el entrenador repitió varias veces a los periodistas que este título era el más importante de su carrera y ponderó a sus dirigidos, al apoyo de la directiva y al aliento de la hinchada.

En plena conferencia de prensa, varios minutos después de que empezara a hablar Vigevani, los jugadores dejaron el camarín, la mayoría con el torso desnudo, para rodear al comandante del cuerpo técnico y continuar en la pequeña sala de prensa con la fiesta, cuyo hecho inesperado fueron los baldazos de agua fría para los presentes. A todos salpicó, incluidas esposas e hijos de los futbolistas que esperaban a sus héroes, que en esta jornada fueron protagonistas de un logro importante en la historia del club, que con esta nueva corona acrecienta su leyenda siendo el más ganador de Bolivia.