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POR: CHINO TAPIA

Hombre de fútbol por excelencia, de carácter fuerte, de decisiones firmes y muchas veces incomprensibles. Fue campeón en Argentina con Independiente, llegó a la selección que ganó el Mundial de México en 1986 junto a Diego Armando Maradona. Luego tuvo la posibilidad de ser director técnico y no la desaprovechó; sigue dirigiendo hasta hoy. Llegó hace años y no piensa irse de Santa Cruz. Es Néstor Rolando Clausen.

Tiene recuerdos muy gratos de su época de niñez y juventud. Es de los que está convencido que no sólo de los triunfos se aprende, sino también de las derrotas, pero que saber salir de esos momentos es lo que fortalece a la persona y, finalmente, es lo que cuenta.

De “pibe” era hincha de Newell´s Old Boys, pero ese fanatismo lo comenzó a perder cuando inició su etapa de profesional. “Soy hincha de donde estoy laburando, me pasó de jugador y ahora de director técnico”, resume su forma de ser y pensar.

Lo que pasó como jugador en Independiente es sencillamente inolvidable, no por nada es considerado en Argentina un prócer del rojo de Avellaneda. 

Claro, Néstor fue titular en ese gran Independiente que estuvo dos veces en la final del torneo argentino, del que finalmente fue campeón en 1983, fue clave de ese mismo equipo que ganó por última vez en su historia la Copa Libertadores de América en 1984 y conquistó la Copa Intercontinental ganándole 1–0 a Liverpool de Inglaterra. ¡Casi nada!

El campeón del mundo

Pero estos grandes logros a nivel de equipo era apenas la previa de lo que se venía: la selección argentina, ese equipo que maravilló a propios y extraños conquistando la Copa del Mundo de México en 1986 con su capitán Diego Armando Maradona brillando en su máximo esplendor. 

Ese seleccionado que en la fase de grupos fue primero por sobre Italia (el último campeón), Bulgaria y Corea del Sur; que dejó en el camino a Uruguay, Inglaterra y Bélgica para coronar en la final venciendo nada menos que a Alemania 3-2. Una campaña extraordinaria.

Clausen hace una pausa en su relato y reflexiona: “La selección es lo máximo para un jugador, es tan difícil llegar pero querés llegar por las metas que uno se pone. Tenés que ser el mejor del país y de los que juegan afuera para que seas titular. Yo me preparé para ser el mejor en mi puesto y lo logré”, recuerda mientras reconoce que al hablar de ese seleccionado se le pone la piel de gallina. Sus ojos casi vidriosos acompañan el momento.

“Vos ni pensás en el dinero que vas a ganar, pensás en el orgullo que significa estar ahí y que todo un país está pendiente y que del resultado de uno o varios partidos depende el estado de ánimo de la gente, la alegría o la frustración del pueblo. Escuchar el himno nacional en un Mundial es incomparable”, sigue relatando.

Pero el “Negro”, como le dicen en su país y también en Bolivia, no deja de mencionar que en esa época el pueblo argentino no lo quería al director técnico, Carlos Salvador Bilardo.

Una anécdota al respecto. “El esfuerzo que hacíamos en la selección muchas veces no era reconocido porque la gente tenía metido en la cabeza insultar al entrenador Carlos Bilardo. Recuerdo que contra Venezuela yo hice el tercer gol (el único que hice en la selección) y salí eufórico para gritarlo con la gente, pero me sorprendí porque de la tribuna bajaba el cántico “Bilardo hijo de p…”. Entonces yo dije “P…madre, qué suerte la mía, mi gol no fue festejado con la euforia que es normal”.

Por eso, dos meses antes del Mundial de México salieron de su país, se fueron de gira para abandonar ese ambiente adverso que existía contra el entrenador, pero que terminaba repercutiendo en el plantel de jugadores.

Considera que era un grupo en el que dominaba la humildad, pero todos sabían que tenían al mejor del mundo: Diego Armando Maradona.

Maradona, el compañero

¿Y cómo era Diego con el grupo?, fue la pregunta, a lo que el hoy técnico responde: “Era todo un personaje, exigente al máximo pero que mantenía al plantel con un ánimo excepcional. Era muy alegre y eso nos transmitía a todos”.

Lo retrata diciendo que simplemente era todo un líder hablando y su presencia la marcaba de manera nítida con ese liderazgo. En todo momento te obligaba a estar concentrado; reclamaba de nosotros decisiones que él tomaba –por ejemplo- durante cada partido y esas decisiones eran perfectas. Tener al mejor del mundo era una motivación enorme.

Dice que verlo con el tobillo muy inflamado y pedirle al médico que lo infiltre para poder jugar los próximos encuentros -incluso amistosos- era el ejemplo a seguir. “Verlo viajar interminables horas en clase turista con el resto del grupo, como uno más, sabiendo que era el mejor del mundo, claro que nos motivaba”, continúa diciendo.

Está convencido que lo que Diego transmitía no era presión, era motivación para que cada quien crea en sí mismo, que se podía llegar muy lejos. 

“A los que lo rodeábamos nos daba una gran tranquilidad saber que estábamos siendo capitaneados por alguien a quien el planeta futbolístico y no futbolístico consideraba el mejor de todos los tiempos. Había que salir a llevarse por delante al rival y Diego era el primero en hacerlo, lo que el resto hacía no era más que seguirlo".

Y luego le hacemos la pregunta que muchos se formulan: ¿Maradona o Messi? “Muchos empiezan a comparar, pero no todas las personas son iguales. Messi ha tenido resultados más que Maradona a nivel club. Maradona estuvo en Barcelona, pero no logró hacer lo que Messi hizo en Barcelona, aunque a Messi siempre le van a reprochar que no es campeón del mundo con Argentina”, dijo.

Pero no se quedó en eso. “Yo comparo la presencia de Maradona con la selección argentina y la presencia de Messi con la camiseta argentina y hay una diferencia abismal como líderes. Hasta para cantar el himno, Messi por ahí ni lo canta porque está mirando el piso y, sin embargo, Maradona está mostrando el pecho. Son pequeños detalles que te van mostrando el tipo de líder. Messi es un líder jugando, Maradona era un líder hablando, jugando, ya con su presencia era algo diferente. Creo que hasta para el rival la presencia de Maradona significaba algo especial, como que vendía más”.

A vuelta de hoja, la duda era su presencia en Bolivia, cómo un personaje que se codeó con la gloria máxima del futbol mundial decide de pronto venir a dirigir a Bolivia, salir a otros países también como entrenador y retornar a nuestro país.

Explica que siendo coordinador general en Independiente de Argentina, en el año 2002, Enzo Trossero era director técnico del primer plantel, le fue mal y se tuvo que ir, entonces los dirigentes del club le pidieron a Clausen que se haga cargo del equipo. Dirigió cinco meses y luego dijo basta.

Esa primera experiencia le gustó, por eso cuando un amigo le planteó venir a Bolivia a dirigir a Oriente Petrolero no lo pensó dos veces y terminaron logrando el subcampeonato. Culminado ese ciclo volvió a Argentina, luego otra vez le proponen venir, pero esta vez a dirigir The Strongest, saliendo bicampeones después de una sequía de 10 años de títulos del Tigre. El resto es historia, dirigiendo a Bolívar, Blooming, Wilstermann, Sport Boys, San José y ahora Real Santa Cruz. En el exterior estuvo en nueve países.

“De Bolivia me voy, pero siempre vuelvo. Desde el 2012 que estoy viviendo acá de corrido, me enamoré y no me fui más, tengo un hijo y mi señora trabaja en Blooming, donde la conocí cuando vine el 2012. He salido a Ecuador y Perú y siempre estoy con la expectativa de dirigir afuera pero el país que he elegido para terminar mis días es Bolivia. Muchas veces me dicen ´gaucho pirata´, pero ahora voy a hacer los papeles para nacionalizarme a ver si me dicen ´bolita pirata’ (risas)”.

Está tan cómodo y acostumbrado a nuestro país que su decisión es radicar definitivamente en Bolivia, seguir dirigiendo en cualquier equipo nacional o en el extranjero, pero siempre volver a Santa Cruz. Ha tomado la decisión de adoptar la ciudadanía boliviana y quedarse hasta el final de sus días.

Sigue involucrado en el mundo del fútbol, como panelista en un programa de televisión y como entrenador de Real Santa Cruz. Feliz de la vida.




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