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La consagración de Independiente de Sucre, un equipo armado con pocos recursos y recién llegado del ascenso, pone sobre la mesa un tema de discusión: ¿Cómo se arma un campeón?

¿Tirando la casa por la ventana y contratando un montón? ¿Gastando hasta lo que no se tiene? ¿Con mucho sentido común? ¿Con buen gusto y criterio a la hora de elegir el plantel? ¿O es cuestión de suerte?

Por ejemplo, Independiente se habría consagrado campeón por primera vez con poco más del diez por ciento de lo que tiene presupuestado Bolívar.

El albirrojo chuquisaqueño tiene un presupuesto de poco más de 1 millón de dólares (85 mil mensuales) anuales contra los aproximadamente 8 millones de la Academia paceña, que acabó cuarto en la tabla de posiciones.

Asimismo, el flamante campeón gastaría la cuarta parte de lo que gastaron Always Ready y The Strongest, que acabaron segundo y tercero en el campeonato.

Independiente conservó una base del ascenso y se reforzó con varios jugadores que al empezar la temporada parecían estar más cerca del retiro (Gomes 40 años, Díaz 39, Alejandro Bejarano 37, Prost 33 años) que de la consagración. Sin embargo, fueron claves para aportar serenidad en los momentos decisivos, tanto para no caerse como para no marearse con la posibilidad de ser campeones.

Bolívar contrata al que quiere, se refuerza y debilita al resto, apoyado en el mecenazgo de Marcelo Claure, y es la base de la selección nacional, pero aún así le costó clasificar a la Copa Libertadores.

Always Ready y The Strongest cuentan con un presupuesto un tanto menor que Bolívar, pero superior al de Independiente, sin embargo, al igual que el Celeste, fueron víctimas de una especie de “soberbia futbolera”, despiden entrenadores al menor traspié, incluso estando en la cima de la tabla, generando inestabilidad.

De esa forma, el Tigre dilapidó 11 puntos de ventaja.

Independiente empezó y acabó con el mismo director técnico, Marcelo Robledo. Esa estabilidad se transmitió al equipo.

Dólares más, dólares menos, al parecer, la clave está en un sentido que no abunda, el “sentido común”.


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