Escucha esta nota aquí

Chelsea, Manchester City, pero también Leeds o Everton, los clubes ingleses continuaron gastando de forma pantagruélica esta pretemporada. La crisis del Covid-19 ha mantenido o aumentado las diferencias de la Premier con respecto a las ligas del resto del continente.

A finales de julio había quedado una Premier League que terminó su temporada 2019/2020 con problemas para limitar las pérdidas financieras.

Sacrificios salariales habían sido pedidos a los jugadores, a menudo en vano. Algunos clubes habían solicitado incluso ayudas públicas, colocando a una parte de su personal en desempleo parcial. Tottenham y Liverpool acabaron renunciando tras la indignación de sus propios aficionados.

Se esperaba una pretemporada con muchas cesiones, fichajes de jugadores libres, un mercado tranquilo.

Pero la realidad del mercado de fichajes de pretemporada ha hecho saltar en pedazos los sueños de un fútbol más razonable debido a la crisis del Covid-19.

La temporada 2020/2021 comenzará el sábado con espectadores admitidos con cuentagotas, con un protocolo anti-Covid estricto y un virus que se ha vuelto muy activo, dejando planear una amenaza latente sobre el desarrollo completo del campeonato.

La ruptura reciente del muy lucrativo contrato con un difusor chino corre el riesgo de dar un nuevo golpe financiero a la Premier League, que ya había aceptado desembolsar 330 millones de libras (431,1 millones de dólares) a los difusores por no haber terminado la temporada pasada a tiempo.

Reds y Spurs, prudentes

Algunos clubes han tomado en cuenta todo eso, a imagen del campeón Liverpool, que solo ha registrado un fichaje, el defensa griego Konstantinos Tsimikas, comprado al Olympiakos por unos 15 millones de dólares.

Los Reds no quisieron entrar en la puja por el alemán Timo Werner, del Leipzig, al que seguían desde hace tiempo, y negocian con el Bayern Múnich para hacer bajar el precio del español Thiago Alcántara.

Tottenham también ha sido particularmente prudente, prefiriendo fichajes de puestos concretos para corregir sus puntos débiles: el centrocampista recuperador danés Pierre-Emile Hojbjerg ha llegado del Southampton por 19,5 millones de dólares, el defensa irlandés Matt Doherty del Wolverhampton o el veterano guardameta Joe Hart, que ha llegado libre.

Pero estos dos clubes aparecen como una excepción en una Premier League donde han caído varios récords.

Sin muchos fichajes la pasada campaña, Chelsea se ha tomado la revancha en ésta, invirtiendo más de 236 millones de dólares en el marroquí Hakim Ziyech, Ben Chilwell, y los alemanes Timo Werner y Kai Havertz, sucediéndose estos dos últimos con pocas semanas de intervalo en el título de jugador germano más caro de la historia.

Además, los Blues pujan por el guardameta del Rennes francés, Édouard Mendy, por el que su club pide unos 30 millones de dólares.

Los pequeños rompen sus huchas

Manchester United, por ahora, solo ha fichado al holandés Donny van de Beek, procedente del Ajax, pero por 47 millones de dólares.

Los Red Devils, sin embargo, no han renunciado a traer a Jadon Sancho, del Borussia Dortmund, antes del cierre del mercado, el 5 de octubre, una transacción que debería superar la barrera de los 100 millones de euros (118 millones de dólares).

Incluso en escalas inferiores, la liquidez parece no faltar.

Everton, que sueña con un destino europeo desde hace varios años, ha hecho un 'lifting' a su centro del campo, invirtiendo más de 75 millones de euros en el brasileño Allan, del Nápoles, el colombiano James Rodríguez, del Real Madrid, y el francés Abdoulaye Doucouré, del Watford.

Leeds, con el delantero español Rodrigo Moreno, por 46 millones de dólares, con bonificaciones incluidas, Wolverhampton, con el joven portugués Fabio Silva (18 años), comprado al Oporto por 47 millones de dólares, o Aston Villa, a punto de pagar 36,5 millones de dólares por Ollie Watkins, un delantero sin ninguna experiencia en la élite, han roto sus huchas.

La UEFA y la Premier League han suavizado las reglas de sus sistemas de fair-play financiero para hacer frente a los efectos de la crisis.

Pero, entre ambiciones, estos gastos en épocas difíciles son también una apuesta arriesgada en tiempos inciertos.