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Con Robert Blanco Méndez nos vinculó un idéntico sentimiento apasionado: Destroyers y el fútbol. Durante 7 años, entre 2010 y 2017, fue vicepresidente en la gestión a mi cargo y junto a otros destacados y destacadas dirigentes ‘cuchuquis’, constituimos un equipo de trabajo que fue clave para impulsar el fortalecimiento institucional del viejo y querido club y el retorno del equipo a la División Profesional del fútbol boliviano, después de más de una década de ausencia.

Tras conocerse al promediar la tarde del domingo la noticia infausta de su muerte, llamó mi atención que la FBF fuera una de las primeras entidades en manifestar su pesar cuando la ‘rosca’ allí armada decidió la suspensión definitiva de Robert como dirigente y el descenso digitado escandalosamente de Destroyers.

Cuando fungía como delegado ante la ACF y desde antes de las gestiones de Salinas y Costas en la Federación, Robert Blanco estaba convencido y empeñado en la necesidad de implementar cambios estructurales para la reconducción real y efectiva del fútbol nacional, una asignatura todavía pendiente.

Como todo ser humano, es posible que en el afán de hacer cosas, hubiese cometido errores. Pero está fuera de toda duda la buena fe que Robert le imprimió a sus actos como dirigente. No es menos cierto que de esa buena fe suya se aprovecharon y abusaron sujetos inescrupulosos y genuflexos que lucran de ese espacio de poder que representa el fútbol, buscando satisfacer sus apetencias personales.

Mi relación prolongada con Robert tuvo un matiz especial por su particular manera de ser y porque su acompañamiento fue una constante. En Destroyers no hubo plan o emprendimiento impulsado sin su presencia. Alguna vez, en una charla para motivar a los jugadores y en la que él participó, afirmé que ‘Robert está siempre’ como ejemplo de su actitud proactiva y su compromiso permanente con Destroyers, la gestión y sus necesidades. De ese momento recuerdo su gesto de sorpresa y el brillo emocionado de sus ojos.

Ahora que ya no nos acompaña físicamente, Robert Blanco está en el corazón y en la memoria de su familia y de cuantos lo conocimos. Y porque está inscrito, su nombre perdurará en la sencilla pero límpida historia destroyista y entre los colores que amó y siguió devotamente.

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