Escucha esta nota aquí

Camina en silencio entre la gente, pero muchos lo reconocen y lo saludan. Es Porfirio Jiménez. El popular Tamayá. El futbolista que se convirtió en un personaje nacional con sus goles, en aquella eliminatoria del Mundial Argentina 1978.

El muchacho que había llegado del Chaco en silencio, sin hacer ruido, a su estilo, a Real Santa Cruz. Aquel que irrumpió en el equipo albo como un brioso alazán chaqueño, que no se detuvo hasta alcanzar el éxito.

¿Cómo surgió el apodo? Porfirio cuenta la historia. “Un día estábamos en el estadio por entrenar y les digo a mis compañeros, vamos de una vez porque va a llover, pero nadie creía porque no estaba muy nublado. Al rato se largó una tormenta que nos tuvo un buen rato resguardándonos. Ahí se le ocurrió a Melgar, uno del equipo, “este es adivino, es Tamayá”, y me empezaron a llamar por el apodo”. El verdadero, era un brujo y agorero de la novela “Infierno Verde”, que emitía una emisora local.

Al comienzo no le interesaba jugar al fútbol. Después le agarró el gusto y llegó rápido a Primera. Es un producto del barrio El Trompillo, donde vivió al llegar de su Palmar Chico natal, siendo un muchachito, porque quedaba cerca del trabajo de su papá, en YPFB.

“De este barrio salieron muchos jugadores”, dice Porfirio, conversando bajo la sombra del frondoso Cupesí, en el estacionamiento del mercado El Trompillo, rodeado por muchos amigos que celebran sus innumerables anécdotas y ocurrencias.

Tamayá irrumpió en el campeonato nacional 1975 con la camiseta de Real Santa Cruz, haciendo dupla con otro atacante fenomenal de la época, Jesús Reynaldo, en un equipo en el que también jugaban el golero Cora Cuéllar, Bernardino Vargas, Tufiño, Algarañaz, García y Delfín Barba, y una delantera de lujo que formaban el hoy pastor Melitón Rosales, Ponce, Tamayá, Reynaldo y Saúl Paredes.

Lo pretendían La Bélgica, Wilstermann y Bolívar, que ofrecía 20.000 dólares y un partido a disputarse en Santa Cruz, pero Guabirá se quedó con él pagando 400.000 Pesos bolivianos.

Era el atacante que destruía defensas a pura potencia y velocidad, y se consagró campeón con los Diablos Rojos en 1975; con aquel equipo dirigido por Waltercillo Rodríguez “Coutinho”, que tenía en el plantel a Tito Saavedra, Manga, Pizarro, Pinini, Pedrozo, el “Indio” Félix Chávez, Justiniano, Rocabado, Cerrizuela, LLadó, Quevedo, Santiago García, Germán Parada, Ponce y Awad.

“En Guabirá fue mi mejor época como jugador”, sostiene, recordando los cuatro títulos obtenidos con el azucarero, entre torneos pretemporada, torneo oficial de la ACF y el campeonato nacional “Sesquicentenario”, de 1975. Época en la que participó en la Copa Simón Bolívar que se disputaba en Venezuela con los campeones de la región norte del continente. Fue goleador del certamen y era pretendido por varios equipos sudamericanos. “Entrené un mes en el Deportivo Cali, pero no se llegó a un acuerdo; después fui a Olimpia y tampoco se dio la transferencia. Pedían 80.000 dólares por mi pase”, cuenta el oriundo de Palmar Chico.

Guabirá empezó cayendo ante el anfitrión Portuguesa (0-1); venció al América de Cali (3-2), con tantos suyos y de Santiago García, y después le ganó (1-0) con otro gol del chaqueño al poderoso Alianza Lima, que era la base de la selección peruana que luego asistiría al Mundial 78, eliminando a Bolivia, y se quedó con el torneo organizado por la Federación Venezolana de Fútbol.

Después pasó a integrar la famosa delantera de Oriente Petrolero en 1977, compuesta por integrantes de la selección nacional, conformada por Saucedo Landa, René Domingo Taritolay, Chichi Romero y Miguel Aguilar, que fue parte del onceno base del repechaje con Hungría, después del desastre de Cali.

Estuvo año y medio en Oriente, al que llegó a cambio de 650.000 Pesos bolivianos (50.000 dólares). Con el albiverde estuvo cerca de ser campeón otra vez.

Tamayá tiene un recuerdo poco grato de su paso por el refinero por la final perdida ante The Strongest (1-3), en Cochabamba, en el primer torneo de la naciente Liga del Fútbol Profesional, en 1978. “El técnico Jorge Maldonado me dejó en el banco de suplentes. Tenía una rabia.Faltando cinco minutos para que acabe el partido, perdíamos 3 a 1, me dijo que me aliste para ingresar, le respondí que no, que no iba a entrar. Había algunos dirigentes en el banco y me apoyaron. Estaba en un buen momento de mi carrera”, recuerda con resignación.

Ya era el popular Tamayá, figura de la selección boliviana en las eliminatorias para el Mundial de Argentina 1978. El del famoso “tamayazo” a Uruguay, en aquella victoria ante Uruguay por 1-0, en el estadio Simón Bolívar de Tembladerani. El gol que lo definía como atacante; pelotazo de Ovidio Messa al vacío, entre líneas, y la aparición fantasmal del delantero, pura potencia, para sacar el derechazo cruzado, letal, al ras del piso, que se metió junto al palo derecho del arco de Rodolfo Rodríguez.

“Todos se acuerdan de ese gol, pero también le había anotado a Venezuela de visitante y de local. Fue un momento glorioso”, sostiene a tiempo de lamentar lo que vino después, la gran desilusión vivida en la Liguilla de Cali. “Nadie nos dijo que teníamos que enfrentar a Brasil y Perú. Nosotros seguíamos festejando y ellos, que tenían equipazos, se estaban preparando”, indica haciendo referencia a las goleadas recibidas por Bolivia, 0-8 ante Brasil y 0-5 ante Perú.

El desastre tuvo entre sus víctimas al propio Porfirio Jiménez, quien fue uno de los desafectados de la selección nacional para disputar los partidos del repechaje frente a Hungría. El alemán Edward Virba, a quien recuerda como uno de sus mejores entrenadores, optó por un equipo con muchos extranjeros naturalizados y no lo convocó.

Dejó Santa cruz para jugar en Bolívar, en 1978, a cambio de 600.000 bolivianos, formando parte de otra media selección como equipo, entre ellos Arturo Galarza, Carlos Conrado Jiménez, Carlos Aragonés, Pablo Baldivieso, Borja, Góngora y Ramiro Vargas; donde se reencontró con Reynaldo.

Con la academia paceña se reencontró con los éxitos, pero no pudo volver nunca más a la selección boliviana por una rebelde lesión en la rodilla.

Chaco Petrolero lo contrató en 1982, donde se encontró con Daniel Castro, Rimazza, Deleva, Rougcher, Oscar Sanz, Pacho Góngora, entre otros. Después se retiraría en Aurora.

Hoy, a los 68 años, Tamayá disfruta de los recuerdos y comparte los días con sus amigos. ¿A qué se dedica? “Soy un turista”, dice con una sonrisa.

Sigue siendo popular, pero ya no se apura como lo hacía en la cancha, camina tranquilo, y se detiene donde hay algún conocido para compartir anécdotas.

Es Tamayá, un personaje de novela.

Comentarios