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Bolivia, la selección más débil de la región, se dio el lujo de enfrentar a dos potencias mundiales con equipos improvisados. Partiendo de ahí, no tiene sentido analizar los partidos que disputó ante Brasil y Argentina.

Es tanta la diferencia que existe que no hay razón de entrar en detalles de lo que pasó. Además, ¿para qué hablar de tácticas y estrategias, si lo que se ve en la cancha tiene su origen fuera de ella?

La Selección está abandonada a su suerte y expuesta a los peores papelones como pocas veces lo estuvo en su historia. De ser el equipo de todos pasó a ser el equipo de nadie por culpa de la mezquindad que abunda en el fútbol doméstico. 

La dejaron expuesta a una derrota humillante y a una caída desilusionante, actuando con indiferencia en unos casos y con saña otros.
Aprovechar este momento para negarle jugadores y realizar una denuncia en el ámbito internacional, sin importar que se ensucia mucho más al fútbol nacional, por el simple hecho de atacar al entrenador, es de lo más bajo que se tenga conocimiento.

También le hacen daño quienes son incapaces de resolver los graves problemas del fútbol nacional por defender intereses particulares.
César Farías podrá haber armado mal el equipo y elegido mal la estrategia ante Brasil, y también puede que haya errado en las variantes contra Argentina, sin embargo, no se puede desconocer que ha sido saboteado en su trabajo por quienes disputan el poder en el fútbol y por aquellos que lo quieren fuera del cargo.