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Una Bolivia de pocas palabras y muchas interrogantes, casi misteriosa, pero comprometida con su causa, se apresta a salir en escena en las clasificatorias al Mundial de Catar 2022.

El entrenador César Farías se abocó, en más de un mes, a tratar de conseguir una selección fuerte en lo futbolístico, lo táctico, lo técnico, lo físico y lo anímico, para arrancar de la mejor manera la eliminatoria ante Brasil y Argentina.

Pero sobre todo armar un grupo fuerte en el aspecto mental, invulnerable para agentes externos y ajeno a los problemas del fútbol boliviano que abundan a su alrededor, convertidos de pronto en un inesperado adversario.

Así como Xabier Azkargorta impuso el lema “no excusas” en su exitosa campaña que llevó a Bolivia al Mundial de Estados Unidos 1994, César Farías parecía adoptar como suyo el “no problemas” en el intento de preservar un ambiente favorable, totalmente distinto al que se vive afuera.

Por eso nadie habló, ni opinó, y evitaron el contacto con los medios, limitándose a brindar informaciones inocuas o entrevistas del departamento de prensa con respuestas de futbolistas que se referían a lo entusiasmados que estaban y lo bien que entrenaban.

El entrenador había logrado encapsular a los jugadores en todo sentido, haciendo valer su fuerte personalidad, su capacidad de convencimiento y su riguroso plan de entrenamiento sin pausas, donde el tiempo de ocio es lo que menos existe.

De tanto en tanto se escuchaba que los jugadores “vuelan” por la buena tarea física, y que el cuerpo técnico estaba “convencido” de que la selección estaba mucho mejor que lo que mostraron los representantes bolivianos en la Copa Libertadores.

Silencio total en un ambiente casi de claustro. Hasta que explotó una bomba adentro detonada desde afuera. El plantel completo convocó a una conferencia de prensa virtual para protestar contra aquellos clubes que obligaban a sus jugadores a abandonar la concentración a raíz del conflicto en la presidencia de la FBF.

Tuvieron el cuidado hasta de elegir a quienes estuvieron en la cabecera, veteranos y jóvenes, para protestar, quejarse y lamentar lo que hacen los dirigentes del fútbol boliviano, y por el manoseo al que son sometidos.

Fue un acto de rebeldía y una catarsis a la vez. Un desahogo. Una liberación de cosas guardadas que no se decían por ese compromiso de no distraerse con problemas que parecían ajenos, aunque los rozaban.

La situación generó una crisis que puede ser beneficiosa por el grado de compromiso que asumieron los jugadores con la selección nacional al rebelarse a sus clubes, al decidir quedarse a riesgo de que los sancionen.

De todas maneras, es una nueva incógnita se plantea en el equipo de Farías, además de aquella relacionada con la formación del equipo.

Farías le había dado un énfasis especial al aspecto sicológico, para tener un grupo fuerte y mentalizado, preparado emocionalmente y capaz de sacar el orgullo a flote. Por eso recurrió al Haka, la danza maorí que hizo famosa la selección de rugby de Nueva Zelanda, los All Blacks, al ponerla en práctica antes de cada juego como parte de su estrategia para intimidar a los adversarios.

En esa línea iba el discurso del entrenador cuando hablaba de “comerle el hígado” a los rivales y de meterles miedo en la altura, dejando de lado el “lamento boliviano” que sólo debilita la confianza.

Brasil espera el próximo viernes en el Neo Química Arena del Corinthians de San Pablo. Ahí se conocerá el verdadero rostro de esta misteriosa Bolivia, que quedó expuesta al peor de los papelones.

Dos empates que ayudan a recordar que un buen resultado es posible

Bolivia va a visitar por novena vez a Brasil en el marco de las eliminatorias de la Copa del Mundo. No ganó nunca y perdió seis partidos, anotó apenas tres goles y le convirtieron 31.

Pero no todas fueron jornadas tristes para el equipo nacional, en dos oportunidades logró reconfortantes empates.

La primera vez fue en 1985, por las eliminatorias del Mundial México 1986. La Bolivia de Chichi Romero, Juan Carlos Sánchez y Luis Galarza, empató 1-1 contra el Brasil de Zico y Sócrates, en el estadio Morumbí, de San Pablo.

Antonio de Oliveira, conocido como Careca, abrió la cuenta a los 18 minutos, mientras que el argentino-boliviano Sánchez puso el empate en el minuto 73.

La segunda, el 10 de septiembre de 2008, en el estadio Joao Havelange, de Río de Janeiro, por la novena fecha de las eliminatorias al Mundial Sudáfrica 2010. El partido terminó sin goles.

En el equipo boliviano, dirigido en ese entonces por Erwin Sánchez, alineó un jugador que esta vez puede ser parte del onceno titular nacional, Marcelo Martins que milita en el Cruzeiro.

Un equipo joven y corajudo para ir a meterse en la boca del lobo

Bolivia es un incógnita en cuanto a equipo. Lo era cuando todo estaba normal y más ahora que ya no cuenta con jugadores de algunos clubes, obligados a abandonar la concentración a diez días del partido con Brasil.

César Farías no sólo se preocupó de aislar al plantel de los medios, también evitó que se conocieran detalles de la preparación del equipo en cuanto a cuestiones tácticas, pensando, quizá, en el factor sorpresa.

Por esto nadie tiene la menor idea de la formación que presentará ante Brasil el próximo viernes, en el Neo Química Arena del Corinthians, de San Pablo. Farías armó dos planteles, uno sólo con jugadores de Bolívar y Wilstermann, con los que no entrenó, y otro con el resto de los equipos de la División Profesional, con los cuales realizó trabajos de campo desde mediados de agosto.

Esas listas incluían veteranos como Carlos Saucedo (41 años), Juan Carlos Arce (35) y Luis Gutiérrez (35), y juveniles como Leonardo Zabala (18), Jairo Quinteros (19), Wálter Antelo (19), y Jaume Cuéllar (19).

También a los repatriados: Cuéllar, delantero del SPAL de Italia; Boris Céspedes, mediocampista del Servette de Suiza; Leonardo Zabala, zaguero de la sub-20 del Palmeiras brasileño; más los conocidos Marcelo Martins y Alejandro Chumacero.

De los legionarios, Martins lucha por volver a su mejor rendimiento en Cruzeiro, Chumacero juega poco en México. Céspedes es una incógnita, Cuéllar espera oportunidades y Zabala es un juvenil que no debutó en primera división.

Entonces, ¿qué equipo se perfila? La versión más firme es que en la cabeza del entrenador rondaría la idea de presentar la base del seleccionado Preolímpico Sub-23, más un par de veteranos, entre ellos, el arquero Lampe. Farías tiene unos días más para despejar dudas, si es que en realidad las tiene.

Tité no cambia la base del equipo brasileño

Brasil tendrá la baja de Gabriel Jesús, el atacante del Manchester City, este viernes ante Bolivia. Entre las novedades brasileñas está el retorno del delantero Rodrygo, de 19 años, jugador del Real Madrid.

El entrenador Tité tiene menos de una semana para entrenar con los 23 jugadores convocados, aunque cuenta con la ventaja de que su base es la misma de los últimos años y que los jugadores han estado en plena actividad desde hace un par de meses.

La base brasileña la integran Alisson, Thiago Silva, Marquinhos, Casemiro, Coutinho y Neymar.