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En la tranquilidad de su hogar, ya retirada de la vida institucional, Aida McKenney Velasco acaba de leer la biografía de Gladys Moreno y empieza con Mujeres de la historia cruceña, de Carlos Dabdoub Arrien. Está un poco delicada de salud, pero sigue realizando algunas actividades, como la lectura de libros y periódicos, que siempre le ha gustado.

Hoy es un día muy especial para ella, para su familia y para la cultura cruceña. Y es que hace nueve décadas esta impulsora de la cultura y las artes nació en Santa Cruz de la Sierra para estampar su nombre en la historia.

Visionaria

Recuerda que cuando era una niña la ciudad era muy chica, con calles de tierra, sin servicios básicos y unos 50.000 habitantes. Sin embargo, en ese entonces la gente era muy amable y alegre, dice que no cambiaría aquellos tiempos, con sus carencias, por nada del mundo.

En ese ambiente creció, hasta que tuvo la oportunidad de visitar EEUU y varios países de Europa, donde abrió su visión y se dio cuenta de que Santa Cruz necesitaba desarrollar actividades artísticas para conservar los rasgos culturales populares, pero también conocer las manifestaciones universales.

Siempre le gustó la música, sobre todo la clásica, y sabe mucho de ella. El gestor cultural Marcelo Araúz cuenta que Aida organizaba jornadas musicales en su casa para compartir todo lo que sabía y tenía. Asegura que mucha gente llegaba para escuchar temas clásicos.



Una carrera imparable

En 1961, en Santa Cruz de la Sierra, se realizó el Congreso Eucarístico Nacional, y para esa ocasión McKenney y otras personas fundaron el coro Santa Cecilia.

Poco después y preocupada por la formación artística de los cruceños, nació una de sus obras más emblemáticas, el Instituto Integral de Bellas Artes, del que fue directora por 30 años.

En 1968, junto a otros apasionados de las artes, se unió al equipo que le da forma a la Casa de la Cultura, que después recibe el nombre de Raúl Otero Reiche y que ella dirigió por 12 años.

Existen pocas personas para amar la música como ella. Por ello es que, en la misma época, junto a su amiga Ana María Weise formaron el Círculo pro Música con el propósito de seguir fomentando el gusto por esta expresión artística.

Por su compromiso con Santa Cruz, su trayectoria, esfuerzo y perseverancia, es que en 2016 el Senado Nacional le confirió la Condecoración Especial Franz Tamayo.

En familia

McKenney tiene tres hijos, Anaí, Claudio y Teresa Holzmann, que le han dado seis nietos y cuatro bisnietos.

Juliette Betram Holzmann agrega que su abuela es una mujer querendona de su tierra y su gente y que siempre sintió la necesidad de compartir lo que sabe y transmitir sus conocimientos para que la ciudad se desarrolle.

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