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Gestionar a nivel sicológico la situación de cuarentena que estamos atravesando puede ser muy difícil. Estamos en una situación de peligro y nuestra mente se activa para mantenernos alerta. Es posible que estas sensaciones no nos gusten y no las queramos sentir.

Cada día que la pandemia continúa presente en nuestras vidas, los analistas de la conducta humana hablan de los problemas mentales que generará el confinamiento y que afectará a la actual generación, una especie de generación pandemia, que ya está sintiendo los efectos sicológicos y sociales del coronavirus.

Pero, ¿cuáles son los problemas de orden sicológico característicos del momento que estamos viviendo? Tres expertas nos explican algunos de los más comunes.

Además, señalan cuáles pueden ser los principales efectos de la pospandemia en la salud mental.

Ana Carola Rojo asegura que, desde que comenzó la cuarentena, hemos ido pasando por diferentes momentos emocionales, ansiedades y preocupaciones. Dentro del manejo del tiempo que llevamos encerrados, la profesional afirma que cada grupo generacional lo ha vivido distinto.

“Los padres se enfrentan al miedo de conservar el patrimonio, a perder el trabajo; los jóvenes, al miedo de perder un tiempo que ya no va a volver; los niños, al miedo o la angustia de no tener los espacios donde jugar, el parque, el colegio, su arenero. Entonces, evidentemente, los desafíos a escala sicológica se van moviendo y van cambiando semana a semana”, menciona.

Rojo dice que, en este momento, existe la ansiedad de poder tener la libertad de moverse, junto al miedo de salir a la calle, “es ese pensamiento de que ya no podemos seguir aguantando sin trabajar y sin atender nuestros asuntos. En paralelo, existe ese temor al contagio en el momento en el que peor se está manifestando la curva ascendente del virus”.

La sicóloga clínica explica que esta paradoja emocional ocurre porque no se puede separar la ansiedad del miedo. “La ansiedad se origina a partir del pensamiento anticipatorio y predictivo. Si me sucede tal cosa, me llegaré a sentir muy mal. Es el origen de la ansiedad. Por eso van de la mano”.

Vulnerables

Ansiedad es un estado por el que también han pasado los policías y el personal de salud de los hospitales. Ambos tipos de trabajadores vienen siendo atendidos por un grupo de sicólogos voluntarios y capacitados, que tiene como objetivo apoyar profesionalmente a la población que se encuentra en mayor riesgo con el Covid-19.

Respira Bolivia trabaja desde hace más de un mes en esta área, una de las más vulnerables y latentes de la primera línea en la lucha contra la pandemia. Son 43 sicólogos y siete siquiatras, que atienden por WhatsApp, llamadas y/o video llamadas a los interesados en recibir apoyo sicológico.

Lo que realizan los profesionales de Respira Bolivia es contención, no es una terapia. Es como atender una emergencia sicológica, en la que se contiene, se realiza un diagnóstico y se deriva a otras instancias.

“Se asesora a las personas emocionalmente a que encuentren sus vínculos más cercanos que los puedan ayudar, contener y hacer que trabajen con el problema”, indica Fabiola Guachalla, coordinadora del proyecto.

En un principio, el personal médico estaba más temeroso de contagiarse y contagiar a su familia, mientras que en los policías creció un poco más el temor a la muerte. “Las personas que trabajan en el sector salud saben del riesgo al que están expuestos, en cambio, los policías no tienen la opción de decidir, porque trabajan bajo una orden jerárquica y tienen que cumplir”, señala Guachalla.

“Como no se puede hacer real ese miedo, no se lo puede procesar, ver, tocar, porque es un virus, entonces, se crea toda esa sensación de inseguridad. Cuando ya ese miedo se hace constante se crean síntomas de ansiedad, palpitaciones, falta de aire, sudoraciones. Esto ha llegado a angustiar más a la gente, porque llega a confundirlo con los síntomas del Covid-19”, añade.

Sensaciones similares

Celia Roca comenta que los niños y jóvenes están experimentando una saturación mental similar a la de los adultos, porque cada uno está sumergido en sus propias actividades.

“Están saturados de actividades escolares. Están cada vez más conectados, pasando clases. Entonces eso los estresa, les genera sueño y poca predisposición a hacer otras tareas, especialmente las laborales del hogar”, menciona la sicóloga infantil y juvenil, que califica el estrés que experimentan niños y adolescentes como del mismo nivel del que sufren los padres por la carga de trabajo desde la casa, conocida como teletrabajo o home office.

Roca cuenta que, durante la pandemia, se están dando casos de histeria familiar, producto de la falta de control sobre las emociones y los impulsos, que se manifiestan en actitudes de negación y comportamientos agresivos.

Al respecto, mencionó que los dos centros de salud mental de Santa Cruz de la Sierra, Benito Menni y Blanca Áñez de Lozada, han aumentado en la cantidad de pacientes. Llama la atención que una mayoría de los recién llegados sean jóvenes con crisis en estado límite.

Establecer el apoyo terapéutico en momentos críticos para la salud mental de la población se convierte en un desafío para los profesionales. “Tenemos que adecuarnos a las necesidades actuales. Y hay que empezar por hacer terapia desde los medios virtuales”, añade Roca.

Ana Carola Rojo resalta que, si bien los adultos mayores son más vulnerables al contagio, no se puede establecer que son los más vulnerables a escala emocional.

“En la consulta clínica he tenido mucha demanda de personas de mediana edad, entre los 40 y los 55 años, que están afrontando la vulnerabilidad de su proyecto de vida, además de la responsabilidad de atender a la familia”, menciona.

Rojo señala las tres principales causas de la ansiedad generada por la pandemia. La primera es la incertidumbre del futuro, “el no saber hasta cuándo y cómo vamos a volver a una vida funcional”.

La segunda es el cambio de rutina, que, según la experta, funciona como una guía para llevar el día a día. “Eso se ha trastocado y, si bien, con el tiempo que llevamos nos hemos acostumbrado a esta rutina, ahora hay que volverse a armar una nueva, la de salir. Y se trata de hacerlo con las condiciones para ello, porque ya sabemos que serán distintas”.

La tercera condición es la sensación de pérdida de control, “el no saber cómo controlar el no contagiarme, porque a pesar de seguir las normas de bioseguridad, muchas personas igual se han contagiado”. De acuerdo con Rojo, esto tiene que ver también con el miedo a la muerte, “ese sentimiento de pérdida de control”.