La banda argentina se presentó varias veces en Bolivia. En Santa Cruz de la Sierra lo hizo desde 1988, la última fue en 2017. Recordamos esos momentos y la última entrevista con el músico, que falleció este jueves, a los 62 años

8 de septiembre de 2022, 21:40 PM
8 de septiembre de 2022, 21:40 PM

Marciano Cantero es una de las voces más identificables con el rock en español, que en las dos últimas décadas del siglo XX sonó por todos los rincones del continente, gracias al trabajo que llevó junto con Felipe Staiti y Daniel Piccolo en la mayor parte del tiempo que duró la formación principal de los Enanitos Verdes, la banda argentina con más de 40 años de trayectoria y éxitos indiscutibles, como La muralla verde, Cartas sin marcar, Te vi en un tren, Igual que ayer, Por el resto, Amigos y Lamento boliviano.

A partir de ahora, esas canciones empiezan a escucharse con mayor fuerza y permanecerán en la mente de los que las conocieron, porque la voz de Cantero se apagó para siempre. El músico mendocino falleció luego de un problema de salud que se complicó en los últimos días.


El artista había ingresado días atrás a una clínica de Mendoza por un dolor abdominal, que lo obligó a una internación. Los médicos le detectaron una “afección renal”. Su cuadro de salud se agravó el miércoles 7 de septiembre, tal como indicaron familiares. Previamente se había sometido a una compleja intervención quirúrgica donde le extirparon un riñón y parte del bazo y permanecía en terapia intensiva. Finalmente, murió este jueves 8 de septiembre.

Junto a los Enanitos Verdes, Cantero se convirtió en un referente obligado de toda una generación que amó la música en su idioma.


Cantero, Staiti y Piccolo, la formación clásica de los Enanitos Verdes

En Bolivia

Los Enanitos Verdes actuaron en Bolivia en varias ocasiones desde la década de los 80.

Santa Cruz de la Sierra fue una de las ciudades que más visitaron desde aquél primer show de 1988 en el coliseo del colegio La Salle. Luego, volvieron en 1993 para presentar el disco Igual que ayer y en 1995 actuaron en el estadio Tahuichi Aguilera cuando todavía sonaban las canciones de Big Bang, que incluye la archifamosa Lamento boliviano.

El sábado 16 de septiembre de 2006 actuaron en Sonilum en el Urban Fest, en una memorable noche para el rock en la que compartieron escenario con Rata Blanca.

La última vez que se presentaron en suelo cruceño fue el 4 de noviembre de 2017, en el Festival Cosquín Rock. En esa oportunidad, el histórico baterista, Daniel Piccolo, se había retirado del trío y en su lugar ingresó Jota Morelli.


Cantero, Staiti y Jota Morelli

La entrevista

EL DEBER pudo conversar en días previos al festival con Cantero. A continuación, reproducimos parte de esa entrevista:

A pocos días del Cosquín Rock Bolivia, Marciano Cantero, la voz, el bajo y el hombre detrás de 38 años de historia de los Enanitos Verdes conversó con Escenas.

_Son cuatro décadas las que llevan tocando, ¿qué es lo más curioso de tantos escenarios juntos?

Es algo inexplicable, es esa cosa que hace que se te erice la piel cada vez que subís a un escenario. Solo la música puede lograr eso. Afortunadamente, nuestras canciones siempre han tenido un carácter de sinceridad, de decir lo que uno estaba sintiendo frente a distintas situaciones de la vida. Fueron canciones muy honestas, muy genuinas, las cuales se transformaron en clásicos.

_¿En qué se parece a lo que querían hacer hace 38 años?

Yo creo que el sentimiento, la emoción y las ganas de hacer música no han cambiado en lo más mínimo, así como el hecho de subir a tocar y que de pronto suceda la magia. Es como cuando la uva se convierte en vino. Es un acto único. Así estamos ahora. Con el tiempo uno aprende a hacer mejor su trabajo, pero la emoción es la misma.

_¿Por qué decidiste radicar en México?

Tuvo que ver con un montón de cosas, especialmente con una afinidad que sentía hacia ellos, con haber conocido su gente y con haberme dejado llevar por ese espíritu intrépido y aventurero que me hizo recorrer varios países de Latinoamérica, conocer sus riquezas y apreciar sus bellezas. En nuestro continente siempre me sentí atraído por la cultura incaica y en México, por supuesto, por la azteca. Una vez fui a Sonora por una gira del grupo y me terminé quedando a vivir por 14 años. Ahora estoy de nuevo en Argentina, pero lo que viví en tierra mexicana fue inolvidable.

_¿Qué fue lo que aprendiste a querer de las culturas del continente?

De todo, principalmente, los alimentos. Me he convertido en un redescubridor de los productos alimenticios, últimamente consumo mucha quinua y chía. Además, el té de matico me ha acompañado durante muchos años. Me gusta mucho investigar sobre las propiedades de las plantas. Nuestros antepasados lo tenían claro y, ahora, nosotros lo estamos apreciando.

_El grupo formó parte de ese boom del rock argentino que, junto con artistas como Soda Stereo, Miguel Mateos y Andrés Calamaro, a mediados de los años 80, tomaron el mercado mexicano del rock, hasta entonces casi incipiente…

Fuimos súper afortunados de haber aparecido en un momento clave de la historia, de haber sido parte de ese movimiento que sacó al rock de su nivel clandestino y se gestó algo muy genuino que pegó en México y en toda Latinoamérica. Para nosotros, que éramos como los hijos de la primera generación el rock argentino, fue todo un orgullo lo que logramos. Y en realidad no fue que inventamos algo, sino que le dimos un toque distinto a lo que se había hecho hasta entonces.

_Ese aspecto está muy presente en el segundo disco del grupo, Contrarreloj (1986), producido por Andrés Calamaro, en el que se nota la mano de El Salmón, y que marcó a fuego el nombre de los Enanitos con el éxito La muralla verde…

Sin duda, la mano de Andrés tuvo mucho que ver, pero también las cosas que escuchábamos en esa época. Sin darnos cuenta, tal vez, hasta David Bowie influyó bastante y es una muestra de que ese movimiento de los años 80 fue algo testimonial. Tuvimos la suerte de que aparecimos en el momento adecuado, con la canción adecuada y con la actitud adecuada.

_¿Qué representó la salida de Daniel Piccolo, baterista de la banda por casi 26 años, y la entrada de Jota Morelli?

Daniel hizo un trabajo maravilloso. No tengo nada que reprocharle. En un momento dado supongo que él se cansó de esta vida, de estar todo el tiempo viajando, de no volver a tu casa en cuatro meses. Se quiso bajar. Pero, por suerte, apareció Jota, que, para mí, es uno de los 50 mejores bateristas del mundo, que ha tocado con Al Jarreau, recorrió el mundo completo con el cantante de jazz, además tocó con Spinetta, Fito Páez, Diego Torres, ¿qué más? Ahora está con nosotros (risas). 

_¿Qué implica tocar en un trío?

De alguna manera tiene su lado complicado. Es como una mesa de tres patas. Pero, al mismo tiempo, es fantástico, me encanta que haya esa exigencia, además que con Felipe llevamos 38 años tocando y ya nos entendemos, digamos, casi telepáticamente. Tocar en un trío es sacar lo mejor de un mismo. Para mí, como bajista y cantante, es algo muy intenso. En esa intensidad radica el secreto. Es algo irrepetible.

_En 1995 presentan el álbum Big Bang en el estadio Tahuichi Aguilera de Santa Cruz de la Sierra, en la época en que sonaba la famosa Lamento boliviano (canción original del grupo mendocino Alcohol etílico). En aquella oportunidad tuvieron que explicar al público que la intención del grupo nunca fue herir susceptibilidades. ¿Seguís creyendo necesario explicar la canción?

Lamento boliviano fue una canción que tenía su gracia y su swing, que la tocábamos durante años en las pruebas de sonido. Un buen día que estábamos grabando Big Band nos faltaba un tema para completar el disco. Decidimos poner este tema y en esa primera toma la escuchamos y dijimos ¡guau!, sobre todo después de escuchar el solo de Felipe, que lo grabamos en Los Ángeles, con un equipo de guitarra Stratocaster que venía de la casa de ¡Jeff Beck! Esas son las cosas que hacen especial una canción. Lamento boliviano me gustó desde un principio, porque forma parte de esos tributos a nuestras culturas, a nuestros antepasados, es  descubrir nuestra Latinoamérica, algo de lo que te hablaba en un principio. El tema representa ese sentir.