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Si de algo hay que sacar pecho en esta fecha es de la creatividad de los bolivianos. En tiempos de crisis o para ganar unos pesos extra para llegar a fin de mes, la gente se ingenia formas curiosas de trabajo como cantar para los muertos en el Día de los Difuntos o manejar un auto ajeno cuando el conductor se pasó en copas.

Aunque no todas son exclusivas de Bolivia (como el pajarito de la suerte) hay otras que  bien podrían ser una postal característica del país.

Te mostramos algunos de estos oficios.

Vendedor de vinagre y bicarbonato en gasificaciones.

Este oficio se popularizó durante los conflictos de octubre y noviembre el año pasado en la sede de Gobierno. Durante las gasificaciones que había en La Paz y El Alto, surgieron vendedores de barbijos con bicarbonato, a Bs 1, para mitigar el efecto de los gases lacrimógenos. También vendían bolsitas de vinagre que se empapaba en un pañuelo para perder el efecto del gas en la nariz y boca. 

Los vendedores de estos productos son personas que viven de trabajos circunstanciales y son artistas de la transformación: si llueve venden ponchillos de plástico, si juega la selección venden banderas y, como se vio a finales del año pasado, si hay gasificación venden los antídotos.

Taxis en las cárceles.

Los centros penitenciarios de Bolivia parecen pequeñas ciudades desordenadas y superpobladas, donde encontrar a una persona puede demorar varias horas si no hay un punto de encuentro previamente establecido. Y en medio de ese caos surgió una idea: hacer de taxi.

Cuando uno llega a cárceles como San Pedro en La Paz o Palmasola en Santa Cruz, los presos que hacen de ‘taxi’ abordan a los visitantes y empiezan a ofrecer su servicio. “¿A quién busca? ¿la acompaño?”, son las preguntas que hacen y su trabajo consiste en hacer que el reo y su visitante se encuentren. El servicio, al menos en la cárcel de Palmasola, cuesta cinco bolivianos y los ‘taxis’ están identificados con un chaleco. “Soy un móvil de confianza”, dijo un taxista en una visita que hizo este medio en 2016.

Cantar para los muertos.

El Día de los Difuntos es una celebración en Bolivia porque se recuerda con amor y esmero a los que se han ido. Entre los afanes de ese día, que incluye llevar diferentes platos comida y arreglar coloridamente los nichos, está el acompañar la celebración con la música que le gustaba al ser querido y recordar su paso por la vida con oraciones. 

En algunos cementerios es usual ver personas que se ofrecen para llevar una serenata a los difuntos. Hay desde guitarristas hasta mariachis pasando por niños que simplemente cantan a capela o se ofrecen para hacer una oración frente a una tumba. Un pasillo concurrido puede aturdir con la diversidad de sonidos y estilos musicales que se mezclan.



Chalequeros de teléfono.

Oficio prácticamente extinguido. Cuando tener celular era todavía un lujo en Bolivia, surgieron en algunas ciudades los “chalequeros”: personas que se vestían con un chaleco dentro del cual tenían uno o varios celulares encadenados a su cuerpo y ofrecían llamadas que se cobraban por minuto. El oficio se popularizó en varias ciudades alrededor del año 2002 y duró algo más de un lustro.

Con el tiempo, el celular se fue democratizando y los chalequeros desapareciendo. 

Afilador de cuchillos

Montados en sus bicicletas o con un carrito improvisado, suelen recorrer mercados y calles comerciales afilando cuchillos y tijeras. Normalmente llevan con ellos un silbato que los anuncia, y vendedoras y amos de casa, salen a darles encuentro  con sus utensilios para afilar.


Cuidadores de autos

Es por demás habitual encontrar gente dispuesta a cuidar el auto cuando el dueño lo parquea en la calle para entrar a algún negocio o restaurante. Sucede en Bolivia y en otros países lationamericanos.

Aunque no hay un precio definido por este servicio, que suele ser un aporte voluntario, en lugares donde hay aglomeración de personas y mucho tráfico, los cuidadores suelen fijar una tarifa no siempre respetada. Uno de los casos donde surgen más trabajadores de este oficio es en la Feria Expocruz, al punto que Diprove (Dirección de Prevención e Investigación de Robo de Vehículos) ha decidido registrarlas y entregarles una credencial para que los visitantes tengan más seguridad.

Pajaritos de la suerte

No es un oficio exclusivo de Bolivia pero es usual en ferias y lugares concurridos. Son personas que llevan pajaritos en jaulas a los que liberan temporalmente para que saquen con el pico un papel que tiene escrito un mensaje de aliento o premonición: “una suerte”, como se dice normalmente. Esta tradición llama mucho la atención de niños.

Esperar por otro.

A pesar de que existe la tecnología para sacar turnos por teléfono o por internet, en Bolivia todavía se tiene que hacer interminables filas para acceder algunos servicios, como ser atendido en un centro  médico, inscribir a los hijos en el colegio o registrarse en el padrón electoral.

Conductor designado.

Irse de fiesta pero asegurarse de volver a salvo, parece ser la máxima de quienes contratan el servicio de los conductores designados. Son hombres o mujeres que esperan fuera de las discotecas a que alguien que haya bebido más de la cuenta les pague por manejar su auto y llevarlos seguros a sus casas.

Por lo general los conductores son taxistas que hacen el trabajo entre dos: uno deja su taxi parqueado para manejar el del cliente y otro taxista los sigue para llevar al conductor designado de vuelta a su lugar de trabajo. Un servicio que se paga caro pero que vale la pena para evitar accidentes.



Fotos: Fuad Landívar, María Silvia Trigo, Archivo El Deber, APG, Amaru Villanueva/Bolivian Express y Sol de Lima.


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