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Fanuel Hanán Díaz es venezolano y además de escritor ha desa­rrollado su actividad como teórico e inves­tigador en literatura infantil. Es autor de importan­tes libros académicos acerca del tema y es un convencido de que fomentar su lectura contribuye a formar niños más empáticos y capaces de generar cambios en su sociedad. El especialista fue uno de los invitados de el Encuentro Internacional de Li­teratura Infantil y Juvenil, que se realizó en el marco de la Feria del Libro de Santa Cruz 2022

-Con tanta oferta de libros para niños ¿Cómo se puede elegir los adecuados?

 Siento que se producen muchos libros malos. Hay abundancia de libros y en ese bosque de tantos libros no reconocemos aquellos que son excepcionales. Cuando tú fomentas la lectura con libros que son de calidad ya tienes el 50% del camino abonado, por­que son libros que te tocan el co­razón de una manera especial.

 Creo que hay muchas fórmulas y una de ellas es ser un buen lector, porque cuando tú lees mucho tie­nes la capacidad de reconocer la calidad de los libros. Además de eso es bueno buscar orientación. En América Latina y en todo el mundo existen instituciones que hacen reseñas de libros y ponen en evidencia cuáles son mejores que otros. Creo que también no hay que dejarse seducir por los envoltorios. No todos los libros que tienen bonitas ilustraciones necesariamente tienen buenos textos. Es decir, el libro es un conjunto que debe tener buena calidad gráfica, debe ser un ob­jeto estético y bello y que tenga calidad literaria.

¿Cómo pueden contribuir los padres, de una forma efec­tiva, al gusto por la lectura en sus hijos?

 Los padres son también modelos lectores. Los niños aman a sus pa­dres al punto de que quieren ser como ellos. En ellos tienen a sus primeros modelos; son sus héroes y si ellos ven que leen en momen­tos de ocio y que no están pegados al celular o al televisor se van acer­car a los libros por imitación o por curiosidad. No es que quiera de­monizar a la TV o al móvil, pero es que actualmente hay padres que no abren ni siquiera el periódico o una revista delante de sus hijos, porque no todo tiene que ser la lectura literaria. 

También es im­portante que ellos tengan libros a disposición en la casa. Otro aspecto importante, es que los padres se interesen por lo que leen sus hijos, que pidan que les cuenten acerca de lo que están leyendo. Son cosas muy sencillas, pero no se hacen, como el visitar una librería juntos para que el niño elija los libros que él quiera y no que el padre sea el que los escoja. Hay muchos comporta­mientos que pueden ayudar enor­memente para que se conviertan en esos promotores de lectura.

 -¿Cómo incentivar la lectu­ra en un hogar donde hay des­interés por ella?

 Muchos padres prefieren com­prarle un celular o dárselos a sus hijos y no quieren invertir cinco minutos de su vida para leerles un cuento al final de la noche. Es decir, yo creo que no es una cuestión tan difícil, es muy sen­cillo tomar un libro y leerlo to­dos los días con tu hijo 5 o 10 minutos, que es lo que se tarda en leer un libro muy ilustrado y con poco texto. Entonces, no que­remos darle tiempo de calidad a nuestros hijos, porque a veces, claro, decimos: es que no tengo tiempo, pero sí tengo tiempo para, de repente, irme a tomar unas cervezas con los amigos, si tengo tiempo para ir a la pelu­quería, para una reunión social o para muchas otras cosas. 

Yo creo que se ha perdido el foco y a veces esgrimimos una gran cantidad de pretextos y lo que realmente hay que reconocer es que no nos in­teresa la lectura, no nos interesa leer, nos parece un objeto extraño y no lo amamos. Entonces, creo que hay que re­cuperar esa relación afectiva con el libro. No estoy diciendo que no sea el único. Estamos en un mun­do lleno de dispositivos, pero puedes dedicarle cinco minutos a la lectura y 2 horas al celular o la tv si quieres, pero ese tiempo que le dediques a compartir la lectura debe ser de calidad y no cuesta mucho.

 -¿Existe una edad aconse­jable para iniciar a un niño en la lectura?

 Desde que está en el vientre de la madre. Lo puedes estimular contándole en voz alta textos de la tradición oral, retahílas, poe­mas, adivinanzas, trabalenguas, etc. Desde que es bebé se le pue­de dar un libro para que lo tenga en sus manos, ponérselo en las piernas, abrazarlo mientras está pasando las páginas de un libro y te pregunta ¿Qué es esto? Hay muchas pequeñas cosas y ritua­les. La vida está llena de rituales y leer un libro es un ritual hermoso que los padres no están haciendo y tendrían que recuperar.

¿Los libros para niños no deben tocar temas tristes y po­lémicos?

 La TV, los videojuegos, los carte­les publicitarios constantemente te están dando muchos estímu­los de la realidad, de muerte y de violencia, pero hay el prejuicio de que si están en un libro para niños de inmediato no se admite. Sin embargo, los libros tienen la facultad de trabajar esos temas con elegancia, porque la litera­tura tiene recursos maravillosos como la metáfora, la poesía, la capacidad del asombro y las elip­sis. Todos estos recursos ayudan a ofrecerle al niño temas muy duros de una manera suave, por así decirlo. Puedes tocar desde te­mas como el hambre o el abuso intrafamiliar de una manera que no sea vulgar y directa. 

La literatu­ra es un instrumento potente para formar conciencia, para darles el mundo en todo su esplendor y con sus sombras también. Es mentira eso de que los niños son completamente inocentes. Todo niño, desde pequeña edad, sabe del mundo, de la sexualidad. Creo que incluso hay una cierta vergüenza del adulto de contarle al niño cómo es el mundo, por­que hay una responsabilidad allí también. Yo siento que a veces es necesario hablarles de la rea­lidad con todas sus aristas, de una manera adecuada y los libros de calidad así lo hacen.

-Uno de sus libros es acerca de la censura y el tabú en la li­teratura infantil ¿Cuál es su vi­sión acerca de este tema?

El libro es un estudio acerca de cómo se hacen las censuras y los libros que tocan temas que se consideran tabú. En muchas ca­sas hay abusos no solo sexuales, sino castigos físicos desmedidos o maltrato verbal. Cuando lo vemos en un libro lo queremos sepultar. Es una sociedad que no quiere reconocer su sombra y los libros ayudan a reconocerla y convertirla en algo más sano, por­que los niños vienen repitiendo una cadena de situaciones. Un niño que es abandonado, que no es amado, que es golpeado va a repetir ese modelo, entonces necesitamos romper ese círculo vicioso y es necesario hablar so­bre eso, darle poder al niño para que sepa decir esto es la muerte, esto es la guerra, esto es la violen­cia, esto pasa en mi casa y yo lo voy a cambiar.

 -¿La literatura infantil ac­tual es diferente a la de años atrás?

Sí claro, ha cambiado enorme­mente, la literatura infantil tiene otros temas. Años atrás cuando hablábamos de temas tabúes nos referíamos a el divorcio, el mie­do a la noche, pero hoy los temas tabúes son la sexualidad, las fami­lias homoparentales, la eutana­sia o sea los temas han cambia­do y han cambiado los formatos, ahora aparecen nuevos géneros o nuevos tipos de libros como la novela gráfica, el libro álbum, los seriales, antes no habían tantos seriales.

 Ahora la literatura es saga, se impuso la fantasía épica por un momento, luego vinieron los vampiros, las niñas protago­nistas Entonces la literatura in­fantil es mucho más abundante, tiene más derivaciones con los medios visuales y audiovisuales. Es también, lo que se llama lite­ratura transmedia, porque cruza distintos medios. Hoy se habla de la ‘flash fiction’, porque es una literatura muy muy corta, porque se dice que los niños no tienen la capacidad para mante­ner la atención en un tema por mucho tiempo. 

Es un mundo que está cambiando en todos sus esquemas y la literatura para niños también está cambiando, ahora es más visual, antes no había tantos libros ilustrados e incluso sin textos, lo que se llama el libro silente. En ese panorama los padres, los bibliotecarios y los docentes son tres actores funda­mentales para hacer mediación lectora entre el niño y el libro. No es necesario ser un experto solo tener sensibilidad, ser buen lec­tor y más nada.

-¿Cómo cree que se debe abordar la literatura infantil desde el aula?

 Creo que lo primero es entender que la literatura infantil es muy distinta al libro de texto. El libro de texto sirve para hacer test de comprensión, para reconocer las palabras agudas, esdrújulas y todo eso. Instalar la literatura infantil en el aula implica traba­jar otras esferas del ser, como la conversación, la lectura en voz alta, la lectura de imágenes, la escritura creativa. Es decir, el au­la debe transformarse para darle abrigo a la literatura infantil. No sé si es más importante que el chico sepa, por ejemplo, la mor­fología de las palabras o pueda reconocer que existen distintos mundos posibles. Dicen que el que lee libros vive mil vidas y el que no lee libro vive solo su vida, creo que por ahí deben estar las reflexiones.

 Los padres también tienen una responsabilidad que no pueden eludir y que no se la pueden endilgar a la escuela. Por tanto, es importante que los padres se comprometan en los caminos lectores de sus hijos.

-¿Por qué cree que la litera­tura infantil es un espacio para la empatía?

La empatía, no es solo un pro­ceso cognitivo para entender las posturas de las distintas personas frente a un fenómeno, sino tam­bién es un proceso emocional, afectivo y eso se logra muchísimo cuando logramos que los niños entren en la ficción sin pasaporte, de una manera fluida, natural y bajo una experiencia significativa que haga que también sea una ex­periencia inmersiva. Es decir, que realmente entren en esa ficción y logren, a través de este ejercicio, establecer identificación con mu­chos personajes de ficción. Esto lo hace la literatura, hace posible que el lector construya una em­patía desde la literatura que le va a servir para la vida. Por eso es que yo sí creo que los libros para niños pueden trans­formar el mundo, porque los acercan a una serie de temas y problemas que ellos no conocen y que les da palabra para nom­brar cosas.

 Destacada trayectoria 

Es licenciado en Letras por la Universidad Católica Andrés Bello. Es un reconocido teórico e investigador en literatura in­fantil. Autor de relatos y libros académicos y ha sido jurado del prestigioso premio Hans Chris­tian Andersen.


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