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Yembosingaro Guasu. El Gran Fumar. Literatura sagrada y profana guaraní fue publicado en cuatro tomos y en versión bilingüe guaraní-español en 1998 por el antropólogo alemán Jürgen Riester. Contiene relatos y testimonios de miembros de las comunidades isoseñas-guaraníes. El tercer tomo aborda el mundo ritual y mítico, enfocándose en las figuras del paye y del mbaekua (términos que pueden traducirse como chamán y brujo), puesto que para Riester el modo en que cada cultura concibe lo sagrado determina las prácticas cotidianas, al establecer valores sociales fundamentales.

Ese tercer tomo ahora se ha convertido en un cómic, adaptado libremente por Maximiliano Barrientos (guion) y Pablo Miño (ilustración). Se presentará este jueves en la Feria del Libro de Santa Cruz, a las 20:00, en el stand Pascana Cultural de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. El libro forma parte de la colección de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia.

Autores

El escritor Maximiliano Barrientos fue el autor del guion del cómic, y señaló que el reto al momento de construirlo consistió en que si la adaptación debía de ser literal. “Si me basaba en la fidelidad que requiere la no ficción, hubiera resultado un trabajo con serios problemas narrativos”, explicó Barrientos. En ese aspecto, señaló que la Biblioteca del Bicentenario le dio libertades creativas y realizó una adaptación libre en la que respetó el mundo que había en esas crónicas. 

“Pero lo llevé a mi terreno y conté una historia en la que se coquetea con el género del terror pero que expresa la cosmovisión que está latente en los testimonios recopilados por Jürgen Riester. Creo que el desafío de toda adaptación, ya sea cinematográfica o de comic, es aceptar el hecho de que se tratan de dos lenguajes distintos, por lo tanto una fidelidad radical al texto en el fondo es una traición estética”, expuso Barrientos, quien agregó que desde hace tiempo quería trabajar con Miño, y cuando le hicieron la propuesta de la Biblioteca del Bicentenario pensó que era la ocasión perfecta para eso.

Cuando leyó el libro, lo que más le llamó la atención a Barrientos fue el binarismo que impera en su lógica, la encontró muy similar al que impera en la así llamada lógica occidental. “Me pregunto si se debe a que esos testimonios son consecuencia de un choque cultural, ya que en varios había alusiones al cristianismo”, mencionó el autor de la novela Miles de ojos.

Por su parte, Pablo Miño, quien realizó las ilustraciones del cómic, recordó que la idea de hacer una “adaptación” en el sentido más estricto de la palabra fue abandonada bastante rápido. “El texto original, por su naturaleza casi documental y periodística, se hacía esquivo al formato de una narrativa lineal; más bien, cuando Maximiliano me entregó el guion me encontré con una historia de suspenso, casi de horror. Contrastándolo con el libro original me di cuenta de que no estábamos adaptando, sino apropiándonos un poco del imaginario para llevarlo a algún lugar en el que pudiésemos contar algo que nos gustara y que sepamos hacer bien”, dijo Miño.

Influencias

En el cómic El Gran Fumar, Miño tuvo la ayuda de otros artistas, que le dieron la mano cuando el trabajo se le hizo más difícil de lo que esperaba. “Simulamos el modelo de trabajo más del manga, en donde el proceso gráfico se va compartiendo entre personas que toman distintas labores. En el caso de El Gran Fumar yo me enfoqué sobre todo en el aspecto narrativo, el layout o boceto de cada página y el diseño y look general del libro; Houry Hou estuvo a cargo del entintado y Miro Bazoalto del trabajo de color y rotulación. También colaboró Mauro Gianetto con el acabado final de la ilustración de tapa”, indicó Miño.

Entre las influencias para construir y diseñar el cómic, el artista y músico cruceño pensó en varios referentes del terror en el cómic. “Cuando revisé el guion, lo primero que pensé fue que esta era una historia de suspenso y terror. Esos géneros que en historieta están completamente supeditados a la narración, al lay out de las páginas, que es como la elección de planos y edición en el cine; en ese sentido, sí tuve algunas de mis obras favoritas de siempre a mi lado: Hellboy, de Mike Mignola, y Domu, de Katsuhiro Otomo. Pero también pensaba mucho en el lenguaje de las películas, en cosas como The Witch de Eggers o Kairo de Kurosawa”.




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