El actor y presentador argentino Julián Weich llegó a Bolivia como parte de su labor como Embajador de buena voluntad de Unicef. Visitó las provincias cruceñas

24 de junio de 2022, 4:00 AM
24 de junio de 2022, 4:00 AM

Por tercer año consecutivo, Unicef pone en marcha la campaña Tiempo de actuar, cuyo evento principal, el teletón, se realizará el 26 de junio. Para acompañar y difundir esta campaña, llegó el popular actor y presentador argentino Julián Weich, que desde 1994 es Embajador de buena voluntad de Unicef en su país.

¿Qué significa ser embajador de Unicef en casi 30 años?

Es una responsabilidad muy grande y un orgullo defender los derechos del niño en donde sea necesario. Unicef lo viene haciendo desde hace 75 años en más de 190 países. Yo trato de difundir sus derechos y apoyar todo lo que sea para mejorar la calidad de vida de los chicos. Los niños no votan, no tienen a donde ir a quejarse y me parece que organizaciones como Unicef puede ser las voces de los chicos.

¿Qué te dice la frase ‘Tiempo de actuar’?

Me dice que la infancia en el mundo está comprometida. Para poner un ejemplo que todos puedan entender, el conflicto de Ucrania y Rusia está dejando millones de niños huérfanos, desarraigados de su escuela, de su casa, de su cultura, de su país. Y eso no se arregla de un día para otro. Por más que mañana se termine la guerra, esa realidad no va a volver atrás, por eso digo que es tiempo de actuar.

 _Actualmente, los dramas sociales y familiares en los países como Bolivia involucran cada vez más a los niños. En 2021, la fiscalía general del Estado reportó 46 infanticidios en el país. Ante esta realidad, ¿cuál es papel de Unicef?

Se trabaja desde que el niño es lactante, se trabaja por sus derechos. El niño tiene derecho a alimentarse, a educarse, pero también a jugar en lugar de trabajar. Sin duda, los niños hoy están viviendo la violencia intrafamiliar de una manera terrible. La pandemia hizo que muchos niños, por estar encerrados, tengan que vivir abusos y vivencias de todo tipo. La estadística nos da cifras, pero también hay hechos que no se pueden medir y que existen. Es mucho más grande lo que no se ve que lo que se ve. Entonces, Unicef trabaja en hacer visible la realidad en esos campos.

 _¿Qué avances se han logrado en la disminución del trabajo infantil?

En algunos aspectos, el trabajo de Unicef es frustrante, porque nunca se termina. Por más que se logran grandes avances en la erradicación del trabajo infantil, igual sigue creciendo. Después de la pandemia se registró una alta ausencia escolar porque muchos niños se quedaron trabajando con su familia, debido a que los padres decían ‘prefiero que esté trabajado conmigo a que esté estudiando’. Aunque no tengo los datos precisos, te puedo decir que al éxito en el trabajo de Unicef lo acompaña el fracaso, porque nunca se llega a la meta. Lo que sí se pueden disminuir son los conflictos y hacer visibles las necesidades de los niños para que toda la sociedad los vea.

 _Durante la pandemia, gran parte de los esfuerzos del sector salud se enfocaron en combatir la enfermedad. ¿Cuáles fueron las principales necesidades de los niños que se observaron en este periodo?

Una de las mayores necesidades de los niños tiene que ver con la falta de acceso al agua potable, esto produce muchas enfermedades. Hoy en día, en el mundo, una gran cantidad de niños muere de diarrea y el origen del problema es mucho más básico de lo que uno se imagina. Muchas muertes se pueden evitar si uno se enfoca en esta problemática.

_Es la primera vez que llegás a Bolivia. ¿Qué destacás de la realidad que encontraste?

Visité una escuela en Montero, donde se enseñaba a los alumnos salud menstrual, y fue algo que me impactó, porque en Argentina no se habla de eso. Estuve presente en una clase en la que un facilitador habla a unos 40 chicos sobre la menstruación y cómo se debe comportar el hombre y la mujer. De que no es una enfermedad, de que se puede bañar, de que es la cosa más normal. Entonces vi que, de esa forma, se rompen los tabúes y mitos que la sociedad ha creado. Así, el niño aprende que no tiene que hacerle bullying a la niña que está menstruando y debe saber que es lo más natural del mundo. La verdad que esa clase fue algo que me impresionó.

También visité un centro de primera infancia, donde los menores de cuatro años se quedan al cuidado de gente capacitada, mientras los padres trabajan y pueden estar tranquilos porque saben que los chicos están en buenas manos.