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Nació el 22 de junio de 1931, cuando Santa Cruz de la Sierra era una pequeña población con menos de 50 mil habitantes. Sus calles eran de tierra, no había agua potable ni luz eléctrica y los carretones jalados por bueyes eran el principal medio de transporte. Irma Velasco cuenta que así eran felices, que la vida era sana y muy diferente a la de ahora. Dice que casi al mismo tiempo que empezó a hablar también cantó. Es que desde niña le encanta la música y siempre estuvo ligada a esta expresión artística que su familia fomentaba en ella.

Cada vez que podía, cuando su familia se reunía en su casa, la hacían cantar para disfrutar de un bonito espectáculo musical. Y así transcurría el tiempo, al lado del piano y de la guitarra, que acompañaban sus interpretaciones.

En 1960, el sacerdote cruceño Luis Rojas, que durante muchos años fue el párroco de la iglesia San Andrés, regresó de España, donde había realizado un doctorado en Filosofía y cursos de dirección de coros, que puso en práctica ni bien estuvo en tierra cruceña.



Convocó a quienes creían tener cualidades musicales para el canto, para formar un grupo de interpretación coral. Su llamado tuvo éxito, niños, jóvenes y adultos respondieron y fue así que se formó el Coro Santa Cecilia, que con el paso del tiempo se convirtió no solo en el más importante de Santa Cruz sino también en uno de los mejores de Bolivia.

Irma Velasco fue una de las fundadoras y una de las primeras integrantes de la agrupación musical. No se perdía las clases del padre Rojas, un hombre estricto y exigente con sus alumnos. 

Llegaba a su casa a seguir ensayando. Ponía en práctica las técnicas vocales y de interpretación, cantaba una y otra vez, hasta que las notas salían como las habían ensayado. Su amor por la música, por el coro, la llevó a dedicarse casi a tiempo completo a dicha actividad.

1961 fue un año muy importante para Santa Cruz de la Sierra. Fue sede del IV Congreso Eucarístico Nacional, puso en el mapa boliviano a esta ciudad, mostrando su desarrollo. Se inauguró el monumento a El Cristo y empezó a transformarse en al ámbito urbanístico.



Para acompañar el Congreso Eucarístico se reforzó el Coro Santa Cecilia, siempre bajo la batuta del padre Rojas. Se consiguió que lo integren 120 personas, que habían ensayado con varios meses de anticipación. Las presentaciones fueron exitosas, causaron grata impresión entre quienes vinieron del interior y del exterior del país.

Velasco no solo cantaba, también daba apoyo logístico al coro y se convirtió en una de sus principales figuras. En 1965 participaron en un concurso en Viña del Mar (Chile), en el que de entre 160 grupos participantes, ocuparon el cuarto lugar. Luego visitaron Paraguay a invitación del cónsul de dicho país en Santa Cruz.

El entusiasmo aumentaba y preparaban más repertorios, con los que realizaron una gira nacional con Cantata para una semilla, que en 1985 los llevó a participar en el XI Festival Interamericano de Coros, en Guayaquil (Ecuador).

Velasco cuenta que después del padre Rojas como director vinieron otras grandes maestros de la música, como Julio Barragán, con quien el coro se consolidó. Tuvieron el apoyo de la Casa de la Cultura y participaron en varios eventos y presentaciones unitarias.

Ahora esta nonagenaria cruceña está retirada de las actividades musicales, pero no pierde su gusto por el arte, sigue escuchando canciones en la tranquilidad de su hogar, recordando las buenas épocas del Santa Cecilia y viendo como esta pequeña población se convirtió en una gran ciudad.

La pandemia ha obligado a su familia a reducir la celebración de su 90 aniversario natal. Será agasajada en su casa, en un encuentro pequeño, pues no sale a la calle para nada, recibe muy pocas visitas y sigue estrictamente las normas de bioseguridad para evitar la posibilidad de contagio.

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