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Cuando los poderes del Estado están ausentes, entonces irremediablemente las cárceles del mundo se convierten en carnicerías donde se delinque, se tortura, se mata, se desprecia la vida del ser humano.

Eso es Palmasola, reino carcelario, un espejo donde reflejamos nuestras miserias humanas. Es el título de la segunda novela de Osmar Gonzalo Sánchez Sagardia, una historia que nos introduce en un submundo desconocido por muchos e ignorado por otros tantos.

Sus personajes, sus muros, su silencio inspiraron este relato apegado a una realidad que supera abrumadoramente la ficción. Fuera de los muros de Palmasola, existe un enorme pánico por la verdad.

La editorial Dunken comercializa el libro en físico para Buenos Aires y en ebook. El libro electrónico lo está comercializando Mercado Libre solo para Argentina, mientras que para Bolivia y el mundo está disponible en Amazon.

El autor anunció que, luego de la cuarentena, estará presente en nueve librerías del eje central.

-¿Por qué escribir una novela sobre Palmasola?

Busqué la caridad como valor en acción: escuchar, acompañar, entender y animar a los reos (sean culpables o no) sobre su cruel realidad. Mi formación (Comunicador Social), me condujo por el terreno de la investigación como pasión. Palmasola, reino carcelario fue una dura investigación que me permitió asimilar la humanidad y el sufrimiento ajeno. Mi segunda novela es una suerte de continuidad de mi primera novela: Lupe, artesana de quimeras. Allí la protagonista trabajó incansablemente para lograr el indulto de los presos que habían cumplido condena, de aquellos que estaban encerrados injustamente o simplemente eran víctimas de la dictadura de los años 70. En ambas obras intento llamar a la conciencia de los indiferentes para reparar un sistema carcelario indignante.


Se dice que el mayor problema de Palmasola no ocurre dentro de sus muros, sino afuera, en los pasillos del poder judicial. ¿Coincides con eso?

Coincido totalmente. Convengamos que los escenarios son más amplios y siniestros, que se entrelazan indisimuladamente. El poder judicial pretende ser una isla, pero naufraga si se suelta de las “manos” del poder político y del poder corporativo. Los tres poderes corruptos buscan satisfacer irremediablemente su voraz apetito por el “dinero sucio”. Este cáncer no es exclusividad de Bolivia, es una mala copia que se emula y en algunos casos se superan las atrocidades que se ejercitan en varios países vecinos de la región, del norte de Sudamérica y casi en la totalidad de las naciones centroamericanas. Palmasola, reino carcelario es una radiografía de lo que sucede dentro y fuera de sus muros.

Después de la intervención de las autoridades en marzo de 2018 y la salida de los reos peligrosos y cabecillas, como Oti, que luego murió, el panorama de esa Palmasola sin ley cambió de alguna manera. Pero se teme que retorne con nuevos protagonistas. ¿Qué podría pasar?

No existen cambios sustanciales. A los grupos de poder corruptos no les interesa en lo más mínimo que la situación cambie dentro de Palmasola. Es un mal necesario para sus mezquinos intereses económicos. La corrupción  no solo pasa por los escenarios políticos, judiciales o corporativos, pasa también por la trata de blancas, el tráfico de órganos, narcotráfico, secuestros, robos por encargo, terrorismo y un abrumador etcétera. La paz o tranquilidad por la muerte o traslado de un reo no pasa por ahí, son apenas circunstancias referenciales. El pésimo sistema judicial y un famélico sistema carcelario siguen ahí. Palmasola no es un penal, ni una cárcel, mucho menos un centro de rehabilitación. Palmasola es un centro de confinamiento sin pronóstico favorable. Para muestra un botón, ningún candidato político en octubre de 2019, o en sus propuestas para las elecciones de mayo de 2020 (suspendidas), ni por casualidad ejercitaron una propuesta para rediseñar el sistema penitenciario nacional a partir de una reingeniería del sistema judicial. No les interesa. Es una papa candente.

El hacinamiento es uno de los aspectos más críticos en la cárcel. La situación preocupa a los reclusos por el riesgo de que con esta pandemia se vuelva incontrolable, por ello han solicitado la aceleración de los casos sin sentencia y la salida de los adultos mayores, embarazadas y discapacitados.  ¿Qué más se debe hacer?

Ser más creativo en las iniciativas. Bien pudo haberse instalado dentro de Palmasola un campamento sanitario en una de las canchas polifuncionales. Armar de tal manera que no se tenga que evacuar a los contagiados o los enfermos más severos. Incluso pedir a una de las fuerzas armadas que “presten” espacios temporales para implementar centros de salud ambulantes y de emergencia. Todo con la idea de no colapsar los hospitales o clínicas públicas o privadas y cuando llegue el pico de contagios no nos encuentre con un sistema de salud caótico. Lamentablemente la realidad es otra. Si para el ciudadano en general no le podemos dar las mínimas condiciones de auxilio o prestar la atención de emergencia, muy mal podemos pensar en auxiliar a los internos de Palmasola. Es una lástima y una lágrima el escenario que nos brindan las autoridades de turno. Urge una definición sobre la política carcelaria en Bolivia, un rediseño para que las mal llamadas cárceles sean auténticos centros de rehabilitación. El rediseño debe ser a cortísimo plazo.


¿Por qué decidiste escribir una historia que mezcla la ficción y la realidad?

La realidad es mucho más cruel que la ficción. La ficción usada en la novela depende del porcentaje que le asigne el lector. Para unos será el 1%, para otros discurrirá por el 90%. Todo depende con el lente que veamos y aceptemos una realidad insoslayable. El grado de ficción usada en mi quinta entrega invita al lector a acercarse a una realidad cruda de una manera más amena sin perder de vista la realidad. No es una simple frase “la realidad supera la ficción”. La realidad nos evidencia el tipo de sociedad en la que nos convertimos: intolerantes, indiferentes y de hábitos superfluos. Buena parte de los compatriotas viven en una burbuja ficticia, que cuando asoman las narices se asustan de la realidad que nos rodea. Es comprensible que ello suceda porque el ser humano en general tiene miedo a lo desconocido, tiene pánico por la verdad y evita lo que está fuera de su control. Con este formato literario cuidamos a mucha gente, principalmente a los presos.


¿Cómo esperas que los lectores reciban la novela?

Con madurez y sin miedo. Que tengamos la capacidad de autocrítica. Que lo descrito en las más de doscientas páginas le sean útiles para saber tomar sanas decisiones. Pretendo que los lectores se humanicen con la realidad. Que los reos más allá de su figura legal son personas que merecen rehabilitarse. Entender que los presos transitan sobre una delgada línea antes, durante y después de su condena. Que esa línea tenga un inicio y un fin, pero no se convierta en un círculo vicioso que siga beneficiando a los poderes antes mencionados.

Anhelo que los lectores reciban la novela con expectativas positivas y con la mente abierta para vislumbrar la realidad que les describo.