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Recién llegado a México el año 1971, Coco Manto y otros bolivianos que salieron al exilio fueron alojados en un hotel de la capital de ese país. La presencia de ese grupo de asilados políticos le generaba desconfianza al entonces presidente Luis Echeverría. 

Cualquier motivo era pretexto para que la Policía los molestara. Por esos días ocurrió un asalto armado a un banco y el alojamiento de los bolivianos fue uno de los primeros en ser allanados. 

A punta de golpes y vociferando los policías ingresaron al cuarto donde se encontraba, todavía adormilado, el periodista potosino exigiendo que diga dónde estaban las armas. Sin dudarlo, Coco Manto señaló un bulto que había sobre la mesa. Los policías se apresuraron a destaparlo y lo que encontraron fue una máquina de escribir. Su breve respuesta fue: “Con eso mato yo”.

El relato que cuenta Antonio Paredes Candia en su libro "Penúltimas Anécdotas Bolivianas" refleja, aseguran los que lo conocieron, la personalidad de Coco Manto, que era dueño de un humor sarcástico y una gran habilidad para el juego de palabras, los que sumados a su inteligencia le permitía sortear ese tipo de situaciones difíciles. 

Jorge Mansilla Torres (“seudónimo de Coco Manto”, como a él le gustaba bromear) falleció ayer a la edad de 81 años en la ciudad de Cochabamba víctima de una enfermedad cardiovascular que debilitó su salud los últimos años y que lo mantuvo en silla de ruedas, pero que nunca mermó su lucidez mental. 

Mansilla nació en Uncía (Potosí), el 23 de abril de 1940. Fue locutor en las radios Pio XII, Vanguardia, Altiplano e Illimani. Se desempeñó como columnista y reportero del Semanario Aquí junto a Luis Espinal en La Paz, en periódicos peruanos y más tarde redactor, editorialista y editor en Excelsior, de México.

 En ese país, donde vivió más de 40 años, obtuvo el Premio Nacional de Literatura Efraín Huerta (1982) y el Premio Nacional de Periodismo (1992). 

Fue designado embajador de Bolivia en México en 2006 por el primer gobierno de Evo Morales .

 
Recuerdos
En 2019 ganó el Premio Nacional de Cultura y una de las impulsoras de ese reconocimiento fue la cantante Zulma Yugar
“Hicimos un movimiento muy grande a nivel nacional y hasta internacional para obtener ese reconocimiento”, recordó Yugar , que conoció a Coco Manto cuando trabajaba en la radio minera Pio XII y lo volvió a encontrar cuando radicaba en México. 

“Todavía no era embajador, pero era considerado embajador de buena voluntad, porque nos recibía en México y siempre estaba abierto para orientarnos, ofrecernos su hospitalidad y apoyarnos. Fue un digno representante del pueblo a nivel intelectual, pero más que todo un luchador y comprometido con su gente. Ese ha sido y es el recuerdo que vamos a guardar de él”, comentó Yugar.

El compositor orureño César Espada contó que compartió muchos años de amistad con Coco Manto en México y que unían esfuerzos cada vez que se trataba de ayudar a un boliviano en dicho país. “Era una excelente persona. Siempre con una broma o un toque de humor al conversar. Tenía una chispa especial y jugaba mucho con las palabras para hacernos reír”, comentó Espada. 

La editorial 3600 publicó en 2016 el libro"Mantología Poética",
una antología personal realizada por el escritor
y uno de sus últimos libros. El editor de esa publicación, Marcel Ramírez, también destacó la figura de Mansilla. 

“Era un hombre comprometido con su ideal, con el país y con la lucha social. Yo no compartía con él su visión política, pero sí lo respetaba, porque sufrió exilios, persecuciones políticas y en su momento se la jugó. Además era un placer hablar con él, porque tenía un sentido del humor que se percibe en su obra literaria”, comentó Ramírez.

Le sobreviven su esposa y dos hijos. 

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