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Cada 1 de mayo se recuerda una manifestación obrera en Estados Unidos que marcó un antes y un después para los trabajadores de todo el mundo. El reclamo era claro: recudir la jornada laboral a 8 horas, cuando lo "normal" era trabajar entre 12 y 16 horas.

La magnitud del movimiento, que fue calificado como “indignante, irrespetuoso y poco patriotas”, causó preocupación al gobierno y al sector empresarial, que creyeron ver en las manifestaciones y huelgas el inicio de una revolución anarquista.

En 1886, ante la presión de los obreros, el presidente de Estados Unidos, Andrew Johnson, estableció la jornada de 8 horas de trabajo diario por ley.

Momentos claves del movimiento

Una vez establecidas las ocho horas laborales, los trabajadores de la fábrica McCormick de Chicago reivindicaron el nuevo acuerdo en la puerta de la fábrica que no reconocía la victoria de los trabajadores. Era el 1 de mayo de 1886 y la policía disparó contra los manifestantes desatando una nueva ola de protestas. 

En los días siguientes murieron más trabajadores y una bomba estalló contra las fuerzas policiales en lo que actualmente se conoce como “el atentado de Haymarket”.

El 21 de junio de 1886 comenzó un juicio a 31 obreros acusados de haber sido los autores del conflicto. Pese a que su culpabilidad nunca fue probada, todos fueron condenados: dos de ellos a cadena perpetua, uno a 15 años de trabajos forzados y cinco a la muerte en la horca.  

En la actualidad, muchos países –entre ellos Bolivia- celebran el 1 mayo como el origen de las conquistas laborales del movimiento obrero y es una fecha propicia para reflexionar sobre los desafíos que quedan pendientes.