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En el momento en el que a Roberto Valcárcel le proponen realizar una exposición en homenaje a su carrera artística, lo primero que se le viene a la mente es que lo van a hacer trabajar.

Ocurrió en 2016, durante una reunión de los coordinadores de Manzana 1 Espacio de Arte, junto con funcionarios del Museo de Arte Contemporáneo con el fin de coordinar las actividades de la XX Bienal Internacional de Artes Visuales de Santa Cruz de la Sierra.

“Te prometo que no te vamos a hacer trabajar”, le asegura Ejti Stih al artista, que opinaba que, a esas alturas, un homenaje era como un pelo más en el gato, sin embargo, decidió aceptar el reconocimiento, que, a la postre, se convirtió en un honor.

El día de la inauguración, el escepticismo de Valcárcel se fue trasformando en total aceptación a medida que constataba cómo fue armada la muestra, la cual estaba compuesta por una selección de los trabajos más representativos de esa mirada aguda, desprejuiciada y singular de uno de los artistas más importantes del arte boliviano contemporáneo.

“Cuando vi la ‘expo’ montada y tomé conciencia de que la gente de tan buena gana prestó obras, comencé a darme cuenta de que, en verdad, era un gran honor. Me emocionó mucho, además, ver a mis hijas, mis obras, que se habían desperdigado por todas partes”, mencionaba el homenajeado.

La emoción fue compartida por los primeros visitantes, que no podían quedar ajenos a una serie de ataúdes multicolores alineados de forma paralela en el piso, al timbre que sirve para llamar a Dios, a la imagen de Mickey Mouse sin pantalones (ni ropa interior), al enorme letrero que denuncia: “maldita coima” o al estante con recipientes de plástico que están llenos de “nefastas cualidades que nos impiden pertenecer al primer mundo”.

La presencia de Norah Claros la noche de la apertura redondeó la felicidad del artista. La directora de galería Emusa y codirectora de galería Nota en La Paz ha sido una persona esencial en la vida de Roberto Valcárcel, pues fue quien lo recibió a mediados de los años 70 cuando el entonces flamante arquitecto llegó proveniente de Alemania, donde abrazó el arte contemporáneo, influenciado por algunos de sus exponentes más representativos.

“Norah Claros fue la persona que me permitió ser quien soy en el arte. Su apoyo fue incondicional.  Literalmente, podía hacer lo que me daba la gana, corriendo el riesgo de que fuera criticado, vapuleado y calificado de falso. Ella siempre estuvo de mi lado corriendo el riesgo de quedar mal”, afirmaba el artista que nació en La Paz en 1951 y que falleció este domingo en Santa Cruz de la Sierra, ciudad en la que decidió radicar desde los años 90.   

Vocación

De padre arquitecto y madre traductora y secretaria trilingue, y en la casa familiar de La Paz, en la que había piano, violín, arpa, acordeón, una sala llena de cuadros, Roberto Valcárcel Möller-Hergtaun estando en el colegio ganó su primer premio, el Salón Pedro Domingo Murillo juvenil. Cuando tuvo que elegir su profesión, que era Arte, pero no había beca para eso, por lo que optó por la asignatura afín, la Arquitectura.

En el transcurso de su formación eligió materias como dibujo, pintura, escultura, historia del arte, sicología… “Todo lo que me interesaba y me convenía”, afirmaba Roberto. Estudió fotografía durante cuatro años. Sus primeras presentaciones como artista fueron como fotógrafo y una constante en su producción creativa es la fotografía.

Empuje

Durante ocho años, vivió en Darmstadt, ciudad situada en el centro de Alemania (en el estado federado de Hesse), adonde fue a estudiar becado por el Servicio de Intercambio Académico Alemán.

En la población alemana conoció a Joseph Beuys, el principal referente de Roberto Valcárcel. En 1972 lo escuchó disertar en la feria documenta, de Kassel, evento que registra la modernidad y la vanguardia. Años después recibió de él una carta, de recomendación para cursar la beca Guggenheim.

Valcárcel describía que Beuys revolucionó el arte en Europa y en el mundo, que se convirtió en ícono de la modernidad e indicador de hacia dónde iba el arte del Siglo XXI. Lo cataloga un precursor increíble.

“Rompió todo. Hizo obras y acciones con mantequilla o grasa, con fieltro muy grueso, similar a la tela de sombreros, que usan los soldados en invierno, ruda, muy cálida, anticongelamiento y preservadora de vida. Debido a eso era mediático y, como buen artista, era provocativo y tenía respuestas y lemas muy interesantes”, expresaba.


Retorno

Ya profesional, a un año de su regreso a Bolivia, Roberto Valcárcel recibió una beca de refrescamiento. Solicitó que le permitan visitar todas las academias de arte de Alemania para hacer una investigación de cómo se enseñaba la especialidad. Le dieron tres meses en los que recorrió el país.

“La beca me permitió holgura e independencia económica de mis padres. Eso sí, te obligaba a volver a trabajar a tu país, una vez concluyeras tus estudios”, señalaba Valcárcel al momento de explicar las razones por las que retornó a Bolivia. “Debo decir, en honor a la verdad, que en esa época no estaba muy sano, sicológicamente hablando, así que la idea de regresar a La Paz era una especie de salvavidas”, complementaba.   

Valcárcel ponía énfasis en lo importante que fue recibir respaldo a su propuesta en una época en la que el arte boliviano estaba enmarcado en ideas y temas tradicionales, que se reflejaban en las recurrentes muestras que ofrecían los museos y las galerías del circuito artístico paceño. 

“Si tu pintabas acuarelitas cochabambinas o hacías realismo socialista, no era ningún problema. Simplemente, casi por una cuestión de turno, te tocaba mostrar tu trabajo. Te daban la Casa de la Cultura, el salón Guzmán de Rojas y el Museo Nacional de Arte. El tema era que yo llegué como un marciano, como un bicho raro, que de pronto se apareció y se las dio de artista con unas ínfulas tremendas. Eso se resumía, simplemente, en que quería hacer lo que me diera la gana, pero para los demás era un arte alienado, extranjerizante y desubicado, un importador cultural”, recordaba.


Obra

Roberto Valcárcel participó en varias oportunidades en las más afamadas exposiciones (Bienales) internacionales de arte, entre las que sobresalen las de en San Pablo, La Habana, Porto Alegre (Bienal de Mercosur), Trujillo, Lima y Cuenca, y también en ferias internacionales como la New York Art Fair, la feria de ArteBA en Buenos Aires y ARCO en Madrid.

El artista boliviano se presentó en decenas de exposiciones individuales en importantes instituciones culturales del país, entre las que destacan el Museo Nacional de Arte de La Paz, la Fundación BHN, galería Emusa, galería Esart, Arte Único, el salón Cecilio Guzmán de Rojas en La Paz y la Casa Municipal de Cultura de Santa Cruz de la Sierra.

Ha expuesto en galerías y museos de muchos países, incluyendo el centro IMF en Washington DC, la Casa de América en Madrid, las Mall Galleries en Londres, el Dresdner Bank en Hamburgo, el Museo de Arte Moderno de Cali, Colombia, el Museo de Bellas Artes en Santiago de Chile y el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).

Ha obtenido numerosos premios por sus dibujos, pinturas y trabajos en medios no tradicionales como montajes, objetos e instalaciones. Su obra abarca desde dibujos fotorrealistas sobre soportes no convencionales hasta intervenciones conceptuales. Esta diversidad es característica del trabajo de Valcárcel, que como artista se consideraba “radicalmente ecléctico”.


Final

A las 11:00 del domingo 25 de julio se apagó la vida del artista, a los 69 años, tras una larga batalla contra el coronavirus y complicaciones de la enfermedad que fueron apagando su salud.

Este año había ganado el premio Obra de una vida, que entrega la Alcaldía de la ciudad de La Paz, mediante la Dirección de Cultura.

También este año, el Senado rechazó, mediante votación simple, la propuesta de un homenaje a Valcárcel, distinción que se brinda a personalidades e instituciones que han aportado al desarrollo nacional, desde diferentes ámbitos.

En la última entrevista que concedió a EL DEBER, mientras intentaba recuperarse de las secuelas de la enfermedad, el artista señaló su deseo de escribir un nuevo libro dedicado al arte y la fantasía.

“Pongámonos a pensar, a dibujar o a diseñar qué puede ser lo fantástico, lo más fantástico que se haya pensado. ¿Y para qué? Para que progrese el arte, el diseño y también la medicina. Eso nos permitirá curar esta pandemia en todo el mundo, gracias a la fantasía humana y a la capacidad de la imaginación la curaremos”, expresaba Roberto Valcárcel.


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