El ritual de los yarituses fue declarado Patrimonio Cultural e Inmaterial del Estado Plurinacional. La festividad se llevará a cabo del 28 de junio al 30 de junio en la puerta de la Misiones Jesuíticas: San Javier

27 de junio de 2022, 22:55 PM
27 de junio de 2022, 22:55 PM

La danza que rememora la adoración al dios Piyo y la devoción a los dos personajes claves en la evangelización cristiana se fusionan en una sola celebración, en la más importante del calendario litúrgico de San Javier, primera misión jesuítica ubicada a casi 230 kilómetros de la capital cruceña, que desde este martes 28 de junio hasta el jueves 30 celebran a San Pedro y San Pablo.

Esa auténtica muestra de sincretismo religioso se pone de manifiesto durante la procesión dedicada a los santos, encabezada por los yarituses, los personajes que testimonian una tradición ancestral que continúa hasta nuestros días.

La danza de los yarituses forma parte de esas tradiciones que ponen en práctica el pedir y el agradecer como virtud de una cultura.

En las tres jornadas

Parte de las actividades para la ocasión incluyen una feria productiva turística y artesanal, venta de comidas típicas, actividades culturales y concurso de elaboración de máscaras en la plaza principal.

“El ritual de los yarituses representa el ayer indígena y la posterior cristianización a través de los jesuitas, que hacen que este ritual sea único en Bolivia y tal vez uno de los pocos que quedan en el mundo”, explica Magno Cornelio, responsable de la unidad de Turismo y Cultura de San Javier.


Un rito que lleva siglos

Todos los años, unos 500 danzantes, entre yarituses y abuelos llegados de distintos barrios y comunidades de San Javier, además de algunos de la capital cruceña y otras localidades, danzan y cantan al son de la tamborita, haciendo un recorrido por los cuatro puntos de este municipio para concentrarse en su majestuoso templo misional.

Luego se inicia la procesión de San Pedro y San Pablo por las calles de la ciudad javiereña.

No hay una fecha exacta del inicio de esta tradición, pero se presume que cientos de años antes de la llegada de los conquistadores españoles. El ritual lo realizaban a finales de junio.

Como indumentaria llevan los paichachís o sonajeros, que eran utilizados (según las creencias) para espantar a los malos espíritus. Los panacús que cargan en la espalda son para llevar los frutos de la cosecha, cacería y pesca.