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En el corazón de la ciudad de Tarija, sobre la calle Colón y a media cuadra de la plazuela Sucre una puerta abre un mundo. Detrás de ella, el visitante descubre en cada rincón imágenes, objetos y recuerdos que van hilando la vida y la trayectoria de una de las artistas emblemáticas del folclore boliviano y una voz que identifica la música del sur del país. Ella, Enriqueta Ulloa, forma parte de lo que se considera la santísima trinidad de las voces femeninas más populares de la música nacional, junto a Gladys Moreno y Zulma Yugar. 

Retirada hace algunos años de los escenarios, la intérprete de Chapaco soy, transformó, una antigua casona de sus padres en un hotel boutique, que ha bautizado como La Casa de Enriqueta Ulloa y donde ha condensado 40 años de vida artística que se cuenta por todos lados. Por ejemplo, las habitaciones para los huéspedes, que no superan la decena, tienen, en lugar de números, nombres de las canciones que hizo populares. 

El patio central, que como es tradicional en Tarija, cuenta con una parra de uva que le da sombra, tiene un mural con personajes y festividades tradicionales del sur y en el que la cantante está retratada con el traje típico de la mujer chapaca, como era habitual verla en sus actuaciones. Pero quizás lo más llamativo del lugar es la sala principal de la casa que ha sido convertido en un pequeño museo, donde se encuentran los trajes y mantas, discos y reconocimientos que a lo largo de su trayectoria recibió la que fuera considerada ‘Reina de la canción boliviana’ en los festivales Lauro de la Canción en los años 80. 

Sin embargo, lo más notable de la visita a La Casa de Enriqueta Ulloa es que es la propia artista la que se encarga de guiar a los visitantes por su pequeño museo, detallando a cada paso la importancia que han tenido esos objetos; desde las fotografías de su vida, que van desde que era niña, su encuentro con otras personalidades de la vida cultural y política del país e incluso los de su participación en la película Amargo Mar, de Antonio Eguino de la que fue protagonista. 

‘Queta’, como la llaman sus allegados, matiza el recorrido con anécdotas de personajes y momentos de su vida y hace más cálido el paseo interpretando a capela algunos temas, que provocan muchas emociones entre los ocasionales asistentes.

 “Con este intercambio que tengo con la gente me he encontrado con emociones muy fuertes, porque hay personas, sobre todo cuando me escuchan cantar, que algunas se ponen a llorar y obviamente a mí me quiebra y eso alimenta mi espíritu, porque comprendo que en algún momento de sus vidas yo he podido entrar en lo que considero lo más importante, que son los sentimientos. Mis canciones a veces les remiten a un momento especial o les recuerdan a un ser querido”, cuenta la cantautora. 

A poco de cumplir 70 años, (14 de julio) Enriqueta Ulloa se muestra vital y activa. Desde hace casi ocho años volvió a Tarija, luego de pasar más de 30 radicando en La Paz, donde además de difundir su música, fundó la Asociación Boliviana de Artistas, Intérpretes y Ejecutantes de Música (Abayem), estuvo al frente de la Sociedad Boliviana de Autores y Compositores de Música (Sobodaycom) e incursionó en la política con cargo en la gobernación y la Alcaldía de La Paz. Vive a las afueras de la ciudad, ya que la casona es solo para huéspedes. Sin embargo, todos los días atiende todos los detalles para que funcione de forma adecuada. 

“Son casi 8 años que he vuelto a vivir a Tarija, los primeros cuatro años estuve viajando, porque todavía no había dejado los escenarios y era más complicado desde Tarija, pero he cumplido el objetivo mayor que era estar con mis padres hasta sus últimos días junto a ellos”, comenta y agrega que la música sigue siendo vital en su vida “Si bien he dejado los escenarios, sigo componiendo y quiero seguir grabando, quizás sacar de cuatro en cuatro temitas porque ahora sacar un disco no tiene sentido, primero que te cuesta mucha plata, segundo que te lo van a piratear al día siguiente”.

 En La Casa de Enriqueta Ulloa,la artista ha invertido tiempo, esfuerzo y sus ahorros, incluso vendió su casa en La Paz para financiar la remodelación de este espacio, que más que fines comerciales, dice tiene como objetivo se convierta en un espacio cultural y turístico. Si bien abrió sus puertas el 27 de febrero de 2020, la pandemia por el covid-19 provocó que permanezca abierta de forma intermitente hasta este 2022, que ya empieza a funcionar de manera regular. Sin embargo y pese a ser un gran atractivo turístico de la capital tarijeña, Enriqueta indica que no ha tenido el apoyo de las autoridades ni siquiera para la promoción del lugar, lo que a veces la hace dudar de continuar con el proyecto.

 “Sería muy duro y triste, porque le he puesto mucho amor a este proyecto, pero a veces resulta costoso mantener un espacio así. Mucha gente no conoce la casa. Aquí las autoridades de Tarija, no se si por desidia o no les interesa, pero ni desde las áreas de cultura ni de turismo de la Gobernación ni de la Alcaldía le han dado importancia y desconocen la casa. Los que llegan hasta aquí en su mayoría es gente del interior del país o extranjeros traídos por operadoras de turismo”, cuenta decepcionada la artista, que todavía sueña con que el amplio patio de esa vieja casona se realicen guitarreadas en la que artistas nacionales y visitantes compartan y celebren la vida.

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