Escucha esta nota aquí

Producción: Pedrinho Rojas

Wendy lleva la letra inicial de su tierra, Warnes. Ahí nació hace 24 años, pero creció en la calle Ballivián de Santa Cruz de la Sierra. En la ‘calle de la locura carnavalera’, la pequeña niña jugaba al aire libre con hartísimas muñecas. Tenía tantas, que era difícil contarlas.

Se crió en ese mundo de la diversión y el espectáculo. Y le siguió los pasos a su hermana, Angy, que se convirtió en reina de Warnes. Esta se alejó de los reinados cuando Wendy se animó a incursionar en ellos. Hasta la fecha tiene seis títulos, entre ellos el de srta. Warnes 2018 y chica Calendario EL DEBER 2019.

La primera sesión sensual de su carrera fue precisamente con la banda que le entregó el suplemento Sociales del Grupo Multimedia. A partir de ahí no se detuvo. El modelaje publicitario la sedujo, le dio popularidad y ‘jugosos’ ingresos, pero también muchas críticas en Facebook e Instagram. No es fácil. 

No se trata de quitarse la ropa y ponerse un biquini nomás. Para Wendy es un trabajo que requiere mucha producción antes, durante y después de la publicación de las fotografías, condimentado con profesionalismo, experiencia, disciplina y bastante seriedad.

“Es ‘normal’ posar así (mostrando piel). En otros lados las modelos hacen trabajos sensuales para grandes marcas, los muestran en sus redes sociales y ¡no pasa nada! Sus países las apoyan. A Bolivia le cuesta digerir esto. Aquí, todavía hay gente que se escandaliza”, detalla.

No todo lo que se ve en el resultado final es lo que sucedió en la realidad. Una vez, la chica de los rizos alborotados posó con un biquini diminuto para una firma reconocida en el país, pero lo que se vio fue un desnudo. Ella jamás se quitó la ropa completamente. “Me desnudaría para la revista Playboy, pero no lo haría en Bolivia”, dice. Y hasta lo toma en son de broma.

Un desnudo no es lo mismo que posar en malla. Ella sabe las diferencias y es por eso que, cuando le toca posar de esa manera, no tiene reparos. “Es ‘normal’”, insiste. Aunque sabe que para muchos, no lo es.



La tentación

Es una locura. Al día, recibe al menos 50 mensajes en su buzón privado tanto de Facebook como de Instagram -donde la siguen miles de personas- y también le escriben públicamente en los muros. Hay de ‘todo’. Algunos la han insultado por sus fotos sugerentes. Otros pasaron la línea de lo permitido y se atrevieron a preguntarle si aceptaba dinero por un encuentro.

Una vez, un extranjero le lanzó: “Te invito a comer, pero vos elegís el país”. En otra ocasión otro hombre desconocido llegó a perseguirla todo el día y la ‘devoraba’ con la mirada. Al comienzo, la joven, de piel trigueña, se ‘estrellaba’ contra sus detractores.

Luego, se deprimía, lloraba, se entristecía y eso la golpeaba emocionalmente. Entendió que eran sacrificios que tenía que pagar por ser una mujer popular en el mundo del modelaje publicitario. “No me interesa esa plata. El mejor dinero es el que te cuesta”, dice de frente y así contiene las propuestas indecentes. “La gente dice cosas sin pensar y ni siquiera te conocen. Aprendo de las críticas constructivas y desecho las que son cizañosas. No le podés gustar a todos”, completa.

Se explaya: “Las mujeres deberíamos apoyarnos entre nosotras y combatir la envidia y el machismo en Bolivia. Creo en el empoderamiento de la mujer. El acoso no solo se da mediante palabras, sino también con una mirada o con un
piropo. Cualquier acoso o abuso debería ser denunciado. Primero está tu dignidad, tu esencia de mujer...”.


La satisfacción

Para este trabajo, Wendy se prepara todos los días en el gimnasio, también trota y 'bicicletea'. Eso sí, no se cuida a la hora de comer. Gracias a su genética posee un cuerpo escultural. Cuando estuvo en Egipto (para el Miss Eco Internacional), la gente creía que era africana. En aquella oportunidad, le fue tan bien que logró ubicarse como quinta finalista entre 50 chicas.

Se hizo amiga de la miss India y aprovechó ese viaje para conocer Dubái y Abu Dabi; paseó por los centros comerciales, pero se limitó a la hora de comprar. La otra vez tuvo que ahorrar plata durante seis meses para conocer Turquía. Fue imagen de grandes marcas y posó tantas veces con poca ropa, que ya no se acuerda cuántas fueron. Cierra: “Disfruto lo que hago. Si ser rica es todo lo que estoy pasando, entonces lo soy”.

Comentarios