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Lionel Messi fue demasiado para Bolivia en la fría noche de Buenos Aires. El astro argentino se encargó de liquidar al seleccionado boliviano con su genialidad. 

El astro de los rioplatenses recurrió a un viejo argumento futbolístico, demostrando que sigue vigente, para acabar con cualquier aspiración de la Verde en el estadio Monumental: la pared.

Buscó y encontró sociedad en Di María primero, y Lautaro Martínez después, para construir dos enormes jugadas que desbarataron la estrategia defensiva boliviana.

A los 14 minutos del primer tiempo, enfiló desde la derecha hacia el centro, armó la pared con su compañero del Paris Saint Germain, le hizo el túnel a Haquín y sacó un zurdazo potente, junto al palo derecho de Lampe.

Después, en la segunda parte, volvió a aparecer, aunque siempre fue gravitante cuando tenía la pelota en los pies. A los 64' aplacó el entusiasmo del seleccionado boliviano que intentó reaccionar con un poco de ambición ofensiva, definiendo de derecha, en el área chica, tras un encuentro en espacios reducidos con Martínez.

Sobre el final, a dos minutos del cumplimiento del tiempo reglamentario, aprovechó un rebote que dio Lampe, tras un potente disparo desde el borde del área grande de Paredes, para lograr el tercero con un zurdazo a quemarropa.

El argentino fue el verdugo boliviano, el culpable de que el cuadro dirigido por el venezolano César Farías haya quedado nuevamente lejos de Catar, con media Eliminatoria en juego todavía.

Bolivia intentó frenar el potencial ofensivo de los albicelestes con cinco zagueros, sin embargo, le fue mejor cuando salió de su refugio defensivo y se animó a cruzar la media cancha para instalarse en campo contrario.

Quedó demostrado una vez más que lo peor que puede hacer el equipo nacional es salir a defenderse, agruparse cerca al semicírculo del área grande, porque no lo sabe hacer, ni reúne las condiciones para ello. Es superado fácilmente. Le resulta mejor jugando lejos de su arco.


 



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