Opinión

cara a cara

5 de noviembre de 2019, 3:00 AM
5 de noviembre de 2019, 3:00 AM

Cada día que pasa nos hundimos un poco más en esta crisis nacional sin precedentes. Cunde la incertidumbre, sufre la economía de las personas y de las empresas, y las exigencias de los diferentes sectores se vuelven cada vez más arbitrarias y beligerantes. 

Más allá de las posibles salidas de esta crisis, la pacificación del país depende mayormente de una sola persona: Evo Morales. Un gesto de desprendimiento de su parte se hace imprescindible en esta etapa de transición, cuando el rechazo de la población se hace sentir en cada rincón de la geografía nacional. 

Eso, o gobernar como Nicolás Maduro son sus dos opciones. El problema es que Morales nunca ha sido capaz de concebir un país sin él por delante. Ojalá se dé cuenta de la necesidad de concertar. Otro elemento pacificador sería la renuncia de los miembros del TSE; hace tiempo que perdieron la autoridad moral hasta para llevar adelante una rifa de barrio.

En mis épocas de estudiante de secundaria, sobrevino una seguidilla de golpes de Estado que tuvieron un peculiar efecto en las aulas: “Todos pasan de curso por decreto”, era la instructiva de las autoridades golpistas, para regocijo de varios estudiantes que iban directo al desquite y de otros que no les daba el promedio ni con redesquite (me abstendré de hacer bromas sarcásticas sobre esta manipulación de datos). Ahora, creo que ya no existe el aplazo, pero los escolares se están perdiendo el tramo final de las clases, para regocijo de los más perezosos. “Están aprendiendo a defender la democracia”, dirán algunos. Personalmente, preferiría las matemáticas.



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