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OPINIÓN

Cara a cara

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roberto.dotti@grupoeldeber.com

Democracia cero. Tolerancia cero. Diálogo cero. Días y noches de turbación. ¿La fecha de las elecciones es el verdadero motivo que lo descompuso todo? ¿O hay algo más? Hay otros hilos quizás donde se tejen otras historias, nuevos destinos. Lo que hay es lo que vemos y lo que vemos es atroz. La convulsión vuelve a generar desasosiego, dolor y muerte. Ya ni respirar se puede, ya está prohibido pensar en mañana. ¿Qué está pasando y qué nos pasa como seres humanos? Hemos superado el pretil del asombro y vamos en caída libre hacia un sinnúmero de malas noticias. Se roba el alimento de los camiones bloqueados, se impide el paso de las medicinas y del oxígeno, en plena pandemia y cuando el pico más alto de contagios golpea a la ciudadanía. Bolivia ha superado a China en número de personas contagiadas de coronavirus. No se respeta ni siquiera el derecho a nacer. Las fuerzas del orden amenazan, pero también calculan sus fuerzas. ¿Podrán? En las próximas horas se sabrá hasta dónde nos ponemos nuestros propios límites, porque otra vez la historia nos enseña que hemos llegado al borde del abismo.

 
La semana tuvo curiosidades. El Congreso de Perú le negó la investidura al Gabinete Ministerial de Pedro Cateriano en la madrugada del martes 4 de agosto, un hecho sin precedentes. Con apenas 20 días en el cargo, Cateriano se convirtió en el primer ministro que menos tiempo duró en el cargo, durante los últimos 40 años. En Argentina el FMI felicitó al ministro de economía, Martín Guzmán, por el acuerdo logrado y reconoció que no debieron haber dado tanto dinero al gobierno anterior sabiendo que iba a ser imposible su devolución. Otros intereses corrían en sus calendarios. En la mesa no siempre se ganan las apuestas. La semana tuvo más curiosidades. En Bolivia, el 6 de agosto, día de la Patria y antes del discurso presidencial todo se volvió confusión, como un presagio de los días subsiguientes. La trasmisión del informe a la Asamblea Legislativa Plurinacional de la presidenta de la cámara de Senadores, Eva Copa, se vio interrumpido por “mala señal” de origen al que calificaron de boicot. Entre permisos, licencias, demoras y protocolos se impidió a la presidenta dar el informe en la propia Asamblea Legislativa. Se vivieron momentos de tensión e incertidumbre. La presidenta Jeanine Áñez debió leer su discurso en el hall de Palacio Quemado.