Impreso

Cara a Cara

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Como dice el poeta, la niñez es aquel momento de la vida donde éramos felices y todos estaban vivos. Hoy nos toca correr detrás de algo que no alcanzamos y cada día despedimos, sorprendidos, a algún conocido, amigo, familiar y ser querido. ¿Tan mal lo habremos hecho para merecer esto? Y detrás de un “es lo que hay” viene un mañana mejor, que seguro, lo habrá. Ojalá llegue pronto porque de lo contrario para otras navidades el hombre de boina roja es probable que se haya ido de viaje. Tan vacunados estamos de tantos sustos y otras maldades que ya no duelen las huelgas de hambre. Varios virus andan sueltos, sin antídoto ni prescripción médica. El calendario, sin enterarnos, nos vuelve a jugar otra treta. Se va enero sin darnos el vuelto, sin mirarnos a la cara, se va y se fue como cambiando de marcha, en un año al que habíamos apostado, en el que habíamos anhelado esperanzas, para que no se parezca al que se fue, pero nos vuelve a hacer lero lero.

Mientras las cepas nuevas de coronavirus ya están haciendo estragos en decenas de países en América Latina, la lucha geopolítica por las vacunas plantea dilemas éticos de grave intensidad con quienes acaparan millones de dosis anticovid en desmedro de la mayoría de los habitantes del planeta. El sálvese quien pueda se instala en el nuevo escenario mundial dejando atrás la mano solidaria e inteligente que no entiende que es un problema global y que nadie se salva solo. Y que, de seguir así, el desmadre será más largo y letal. Y, por si fuera poco, ante la ausencia de carnavales, este calvario transformado en pandemónium, nos sacude con un México que trepa al tercer puesto en el mundo con más muertes (155.145), por detrás de Brasil (221.547) y Estados Unidos (433.206). El continente americano estremecido, de norte a sur.

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