Opinión

CARA A CARA

2 de marzo de 2022, 4:00 AM
2 de marzo de 2022, 4:00 AM

_Ha tocado a su fin en Bolivia el primer Carnaval ‘pospandemia’. Fue una celebración a media fuerza porque se dejaron sentir los efectos de una economía en crisis y el temor al contagio del virus maldito. Las imágenes y testimonios desgarradores de la brutal invasión rusa a Ucrania y el padecer de su heroica población civil, contuvieron en cierta medida el espíritu festivo. Un conflicto planetario sobre el que oficialistas comparseros ‘opinaron’, dicho sea de paso, sin aportar ni para un bando carnavalero. A boca cerrada, no entran las moscas…

_Es de esperar que los reportes de salud no se refieran a un incremento o propagación del virus después de un festejo prolongado y bien regado. La resaca abre paso también a los informes de la Policía y Tránsito sobre hechos de violencia y accidentes viales, entre otros. Aunque, de momento, el registro de mayor gravedad tiene que ver con el atropello y muerte de nueve personas y numerosos heridos en Independencia, comunidad cercana a Cochabamba. El hecho fue atribuido, para variar, a un conductor en estado de ebriedad.

_En Santa Cruz de la Sierra, pandilleros y otros grupos irregulares les dieron más trabajo a las fuerzas del orden que carnavaleros en estado inconveniente. La presencia de esos malvivientes que se descuelgan en crecido número desde zonas periféricas, se ha vuelto recurrente durante los días del dios Momo. Incluso en pleno centro de la ciudad cometen daños al ornato y atacan a desprevenidos festejantes que no perciben el peligro que les acecha. La cochinera y la violencia empañan la ‘fiesta grande’ de los cruceños.