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OPINIÓN

El bien mayor: la estabilidad financiera

Gonzalo Chávez 17/1/2021 08:46

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La crisis económica en Bolivia se concentra en el sector real. Vivimos una recesión. Empresas paradas, negocios que funcionan a medias, tierras sin trabajar, personas sin empleo. En el 2020, el producto interno bruto (PIB), toda la riqueza generada por un país en un año, se contraerá en -8 %. El desempleo podría estar en torno del 10 %. Los circuitos que hacen circular productos y servicios han sido interrumpidos. Uno de los desafíos más complejo de política pública es evitar que estos desafíos económicos se conviertan en crisis financiera. Es decir, que en la economía, también pare de circular dinero, en forma de ahorro, préstamos u otros activos. Es decir, falte liquidez en bancos, empresas de seguros y bancos de inversión. Se interrumpen los circuitos de sangre financiera.
 
En el mundo y Bolivia, el contagio generalizado del COVID-19 obligó a las autoridades a imponer una cuarentena. Este fue un shock de oferta. Se obligó, aproximadamente al 60 % de las empresas y trabajadores, a quedarse en casa. Este fue el origen de la crisis económica. Para aliviar la vida de los actores económicos, que dejaron de tener recursos para pagar a los bancos, se decretó el diferimiento de créditos por nueve meses. Según los bancos, estos dejaron de recibir 3,800 millones de dólares. Y ahora debido a la presión de ciertos grupos sociales, encabezados por los transportistas, se anuncia un periodo de gracia de seis meses adicionales de no pago de intereses ni capital. Desde el punto de vista del flujo financiero, diferimiento y periodo de gracia, en la práctica, tienen el mismo efecto. En este nuevo periodo, los bancos dejarían de recibir 1,800 millones de dólares.
 
Se aduce que no obstante que la economía volvió a la normalidad parcial a partir de agosto del 2019, diversos sectores económicos y empresariales todavía no estarían en capacidad de pagar sus obligaciones crediticias.
 
Desafortunadamente, el tema se politizó y el debate se vulgarizó. Se ha convertido en un juego bilateral, un tira y afloja entre transportistas y otros grupos y el gobierno, y entre este y los banqueros. Se ha convertido en una disputa de grupos de poder.
 
Para entender el impacto de esta medida, y los desafíos de la recuperación económica se hace imprescindible entender cómo funciona el sistema financiero con sus diferentes actores: ahorristas, prestatarios y bancos y ver en qué tipo de mercados interactúan.
 
Los ahorristas, individuales e institucionales (AFP), son un pilar fundamental de nuestro sistema financiero. En la actualidad existen aproximadamente 11 millones de cuentas en los bancos. A rigor cada boliviano tiene una caja de ahorro, depósitos a plazo fijo y otro tipo de inversión en los bancos y espera cierta rentabilidad. Las AFP reciben mensualmente la contribución de los trabajadores asalariados. Estos ahorros, que son la jubilación futura que parte de la población boliviana, alcanzan a los 19.600 millones de dólares. De estos, el 70 % están en los bancos. A ambos ahorristas, los bancos pagan tasas de interés pasivas.
 

Del otro lado del mostrador están los prestatarios, Miles de empresas, personas e instituciones que han recibido un crédito de los bancos para comprar bienes, construir casas, iniciar negocios, obtener capital de giro y muchas otras actividades más.
 
En general, la mayoría de los ciudadanos, tenemos una doble identidad financiera somos: ahorristas y queremos que ese dinero sea bien cuidado por los bancos y asimismo, deseamos que otorguen créditos buenos para que nos paguen mejores tasas de interés. Por el otro, tenemos créditos. Las carteras de préstamos de los bancos son muy diversas: pequeñas, medianas y grandes empresas, asalariados, comerciantes y profesionales. Todos estos actores pagan diversas tasas de interés activas.
 
Las entidades de intermediación financiera (EIF) son como las venas del cuerpo económico que permiten el flujo de sangre. Conectan los recursos de personas y empresas que desean ahorrar, con las necesidades de los actores económicos que quieren tomar créditos para consumir y/o invertir. Generalmente captan fondos a corto plazo (a través de cuentas corrientes, o de ahorro ) y otorgan créditos a largo plazo (concesión de préstamos, compra de acciones, etcétera). Por el servicio de conectar el ahorro y con la inversión, las EIF cobran una comisión (spread). Las EIF pueden ser bancos (múltiple/PYME), mutuales, cooperativas, instituciones financieras de desarrollo (IFD) y otras. Los objetivos centrales de este sistema son: la estabilidad financiera, en cristiano la mantención del valor de nuestro dinero, y el desarrollo económico a través del impulso a la inversión y la creación de empleo.
 
Los mercados financieros presentan muchas fallas. Las principales anomalías son la asimetría de información (¿Usted sabe cómo está la calidad de la cartera del banco donde pone sus ahorros de toda una vida? No. ¿El banco conoce a cabalidad la viabilidad del proyecto que financia? Tampoco), y el riesgo moral (¿El banco, una vez que tiene tu mosca, puede invertirla de mala manera? Si. ¿A su vez, el prestamista, una vez que embolsó el crédito puede hacer lo que le dé la gana con la marmaja? Si). Otra falla del mercado financiero es la existencia de conductas monopólicas que afectan al consumidor. Los problemas señalados implican grandes riesgos, por lo que se requiere de la acción reguladora y supervisora del Estado. En Bolivia, ésta es la función principal de la ASFI.
 
Es en este contexto institucional que se debe evaluar las medidas, como el diferimiento de créditos o el periodo de gracia, que son medidas extraordinarias. Son acciones excepcionales.
 
En suma, el sistema financiero es un complejo circuito de equilibrios entre diferentes tipos de intereses: los ahorristas. los prestatarios, los bancos y el Estado. La liquidez, el retorno adecuado para los ahorristas, la salud financiera de las entidades financieras y la regulación gubernamental adecuada son fundamentales para la estabilidad financiera y el crecimiento. Por eso las decisiones que se toman sobre el sistema financiero no deben surgir al calor político o para favorecer algún grupo, por muy legítimo y justo que sea su pedido. Se debe considerar todas las aristas y actores del sistema. Preservar el bien mayor de la estabilidad financiera es fundamental. En casos de desajustes el Estado debe brindar los recursos para salvar empresas y personas y así ayudar a los ahorristas y los bancos.

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